octubre 5, 2022

¡Gracias Fidel! Sabemos que hacer…

por: Cecilia Fernández Benavente

La muerte de un hombre como la del comandante Fidel Castro nos pone a reflexionar respecto del punto de inflexión en la historia que el paso de su vida ha marcado, el legado que nos deja. Sus ideales seguirán revolucionando y transformando a diario el mundo, cambiando la vida de mucha gente.

Un principio determinante del triunfo de las ideas revolucionarias se fundamenta en la convicción personal, en la firmeza, la voluntad para mantener esa ideología y el ímpetu para superar cualquier evento, el poder que tiene la convicción de lo bueno y lo malo, de lo justo y lo injusto, nos da la suficiente fuerza para luchar y sobrepasar cualquier limite en la defensa de lo que creemos que es lo correcto. La convicción que tuvo Fidel de que el camino tomado era el camino correcto lo mantuvo firme, transmitiendo esa fuerza a su pueblo, transmitiéndola también a los revolucionarios del mundo, enfrentándose a todos los poderosos detractores de la revolución y dejando huella en la historia.

Sin embargo para no perder de vista los objetivos revolucionarios es necesario mantener una curiosidad infinita y una pasión inquebrantable por aprender la pasión por el conocimiento nos permite reinterpretar constantemente la realidad y reafirmar o construir nuevos conceptos para poder combinar la acción y pensamiento en la justa medida en el momento preciso. La inteligencia de Fidel y esta pasión por el conocimiento le permitió combinar la acción y el pensamiento permanentemente y esto lo demuestra el proceso de consolidación de la revolución cubana, a pesar de los cambios de coyuntura mundiales, a pesar de todas las dificultades y a pesar del implacable paso del tiempo. Hoy por hoy Cuba se mantiene como un ideal de justicia social.

Fidel nos dirá que dirigir pueblos en tiempos de crisis es un inmenso desafío; consolidar principios de soberanía, solidaridad y espíritu revolucionario en tiempos de crisis requiere de un gran rigor personal, mucha disciplina, cualidad intrínseca de un estadista y de un revolucionario. La disciplina, personal no permitirá que se quebrante nuestra convicción y nuestra acción ante cualquier circunstancia. “Ni un paso atrás, ni para tomar impulso” nos lo recordará el comandante y es así que la auto exigencia en la consolidación de valores revolucionarios debe ser una constante de vida. Debemos recordar que toda nuestra acción debe estar enmarcada en el simple sentido de hacer lo correcto, por el simple hecho de hacerlo, muy al margen de la retribución que esta acción podría traernos.

Nos enseñó también que la verdadera revolución es aquella que siembra valores en su pueblo, la ética como razón de estado que permite que cualquier cambio sea estructural, porque lo que en realidad se está cambiando es el pensamiento humano. El desafío esta en consolidar en cada ser humano valores y principios de solidaridad, valores revolucionarios y la lucha constante contra el egoísmo y la indiferencia. Solo así una revolución trasciende, solo así una revolución es verdadera y se mantiene al margen de las personas y más allá de las fronteras, pues cada revolucionario, constante y persistentemente construye un mundo mejor en el tiempo y a lo largo de su paso por la vida.

“Endurecerse sin perder jamás la ternura” nos lo dirá el comandante Guevara y lo demostrará Fidel. A pesar del paso de los años y la vivencia diaria, un verdadero revolucionario no debe perder jamás la capacidad de sentir en lo más profundo cualquier injusticia cometida ante cualquier ser, manteniendo también la capacidad de actuar con firmeza y rigurosidad ante esta injusticia. La cotidianidad poco a poco intenta volvernos insensibles y eso es lo que busca el capitalismo: hacer que cada vez más seres humanos dejen de sentir el dolor ajeno, aletargarnos ante lo incorrecto, y volvernos indiferentes. Pero en el corazón de un revolucionario la indiferencia no tiene lugar, por eso es nuestro deber y nuestra lucha interna mantener esa sensibilidad que la cotidianidad intenta quitarnos.

La ultima enseñanza que nos dejó el Comandante Fidel y que resume su paso por esta vida es que es posible revolucionar el mundo, es posible lograr la tan anhelada justicia social y que eso no es una utopía, que es posible construir el ser humano nuevo del que nos hablaba el Che. Nos enseñó que tenemos la obligación de mantener firmes nuestras convicciones y hacer un mundo más equitativo, que ese es el camino y que es posible si todo nuestro actuar revolucionario se mantiene coherente, día a día a lo largo de nuestra vida, si mantenemos coherencia entre nuestros actos y nuestras ideas. La dificultad que representa esta coherencia como una forma de vida, es quizás un desafío para muchos y la causa principal de que algunos denominados “revolucionarios” queden en el camino.

Fidel dijo una vez “A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas” y es esa claridad que debemos mantener los revolucionarios, la misión de dejar consolidadas esas ideas que sigan haciendo revolución al margen de nuestra presencia física. Fidel lo sabía y cumplió su misión, esto lo recordarán todos los que lloran y todos los que ríen hoy por su partida …Gracias comandante! descansa en paz porque has cumplido tu misión, porque has hecho historia, porque los revolucionarios sabemos que hacer… tu lucha y tus ideas seguirán transformando el mundo.


* Economista.

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