septiembre 28, 2022

Continuidades de Guerra Fría y antiimperialismo: los WikiLeaks de Bolivia

por: Silvina M. Romano

Comentario del libro Bolivia Leaks. La injerencia política de Estados Unidos contra el proceso de Cambio (2006-2010). Juan Ramón Quintana Taborga (Coord.), La Paz, Estado Plurinacional de Bolivia, Ministerio de la Presidencia-Centro de Investigaciones Sociales, 2016.

La obra coordinada por Juan Ramón Quintana Taborga sobre los wikileaks de Bolivia, da cuenta con meticulosidad de la injerencia del gobierno de Estados Unidos en diferentes sectores de la comunidad política y económica boliviana, dejando entrever la impunidad y la naturalidad con la cual los miembros dela embajada y otros organismos del gobierno estadounidense interfieren en la soberanía de Bolivia. Sin dudas, las prácticas injerencistas datan de varias décadas atrás, lo que se encuentra en los documentos da cuenta de la persistencia de tácticas típicas de la Guerra Fría, en particular todo tipo de práctica relativa a la guerra psicológica [1], que también puede ser rastreada en los documentos desclasificados “oficialmente” del Departamento de Estado estadounidense [2].

Los 1299 cables filtrados por wikileaks contienen los comunicados de personal de jerarquía diplomática en Bolivia enviados a Washington en el período 2005-2010. No todos los datos son “verdaderos”, ni se puede hacer una relación directa entre las líneas de estos documentos y la toma de decisión. Es imprescindible, como con toda documentación, hacer una triangulación con otras fuentes que puedan contribuir a definir el grado de “aproximación a la realidad” de los documentos. Considerando estas limitaciones, sin embargo, es innegable el gran valor que tienen los cables y comunicados para dar cuenta del modus operandi de la embajada estadounidense en un país periférico, considerado como “débil” en el esquema internacional y continental.

La introducción es redactada por Juan Ramón Quintana Taborga (Ministerio de la Presidencia), que aborda el proceso de injerencia estadounidense en la soberanía boliviana como una práctica permanente en los sucesivos gobiernos bolivianos, casi un “atributo de estatidad” del Estado Boliviano, considerando que buena parte de la ciudadanía lo asume como algo natural y por lo tanto incuestionable. Para contextualizar los documentos, Quintana Taborga desarrolla el proceso de dependencia y ocupación económica y política por parte del gobierno y sector privado estadounidense que culmina en la presencia de sus organismos (como la CIA y el Grupo Militar) y funcionarios en las propias oficinas del gobierno nacional.

Esta dependencia se traduce en la pérdida de soberanía y de dignidad frente a una exitosa ideología hegemónica que promueve que los países débiles no tienen otra alternativa que subsumirse al hegemón. Una “psicología del desprecio y la negación” (p. 21) aceitada por programas de cooperación, intercambio académico y estudiantil, propaganda en prensa local y diversos tipos de “eventos culturales”. En síntesis, la implementación de todas las herramientas de poder blando disponibles y necesarias para primero evitar el cambio de rumbo en Bolivia, y luego, cuando ello se mostró inevitable por su legitimidad, de abortarlos por diferentes vías incluida la de secesión e incluso el asesinato del presidente Evo Morales. Pero todo esto no es posible sin el apoyo de aliados estratégicos locales como los partidos conservadores, líderes de opinión opositores al gobierno nacional, representantes de iglesias, especialistas, funcionarios intermedios y diversos informantes clave (p.39). A esto se suma la búsqueda de aliados en otros gobiernos como el chileno, el mexicano y el colombiano, alineados a la política de seguridad hemisférica estadounidense (p. 45).

Las mencionadas líneas de injerencia son abordadas en profundidad en los diferentes capítulos. El escrito de Torres Gorena da cuenta del modo en que opera la diplomacia de la “zanahoria y el palo” según las prácticas estadounidenses en Bolivia. Se brindan datos clave sobre el modo en que la asistencia “para el desarrollo” es utilizada como mecanismo de presión e incluso extorsión al gobierno boliviano. Se enumeran las agencias de cooperación para el desarrollo (Banco Interamericano de Desarrollo (BID), USAID, la Cuenta del Desafío del Milenio, etc.) sumadas a las agencias de adoctrinamiento en democracia y gobernabilidad como la Oficinas de Iniciativas para la Transición (OTI), el Instituto Nacional Democrático para Asuntos Internacionales (NDI), el Instituto Republicano Internacional, la National Endowment for Democracy. Queda igualmente explícito en los wikileaks el vínculo entre Estados Unidos y las Instituciones Financieras Internacionales (IFIs). En uno de los cables, se lee la siguiente recomendación a Evo Morales “cuando piense en el BID debe pensar en EE.UU.” (p. 76). De modo que recibir financiamiento y asistencia implica plegarse a las directrices de las IFIs. En otro de los cables se advertía al presidente que no girase “hacia un modelo de planificación estatal que había fracasado en cualquier parte del mundo donde había sido experimentado” (p. 76).

Lo que no suele notarse, y que queda claro en estas páginas, es que toda estrategia de “asistencia para el desarrollo” está atada a determinados lineamientos de seguridad, de modo que se trata de un “combo” que se espera que los gobiernos acepten en conjunto. En caso de negarse, como lo hizo el gobierno de Morales al modelo de guerra antinarcóticos, inmediatamente se amenazó con cortar el flujo de la asistencia económica (p. 78).

Esta manera de utilizar la asistencia como herramienta de presión remite a los documentos desclasificados del Departamento de Estado referentes al golpe de Estado contra el presidente Joao Goulart en Brasil (1964). La embajada estadounidense se preguntaba: “¿Debemos abandonar, enfriar o modificar la estrategia de la negociación de la deuda para evitar reforzar el prestigio de Goulart? ¿Debemos retener la aprobación o el anuncio de aprobación de los préstamos de la AID? ¿Existe otra medida no militar deseable para polarizar la situación para desfavorecer a Goulart?” [3].

También en 1964, para evitar que Salvador Allende llegara a la presidencia en Chile, el gobierno estadounidense procuró implementar rápidamente el PL480 para favorecer la obtención más barata de recursos alimenticios, con el objetivo de evitar un escenario de inestabilidad económica que pudiera dar razones para un giro a la izquierda. También se recomendaba “alentar a que el gobierno de Chile y el FMI no desecharan el arreglo stand–by para la estabilización, pues de quebrarse podría tener consecuencias financieras y psicológicas” [4]. Lo cierto es que en 1970 Allende logró llegar a la presidencia y el gobierno estadounidense clausuró todo tipo de asistencia al gobierno de la Unión Popular.

En otro de los capítulos se aborda la democracia y la lucha contra el narcotráfico como discursos/prácticas legitimadoras de las acciones en contra de los gobiernos progresistas. Aquí, Suárez Mamani expone el modo en que el gobierno estadounidense se ha apropiado de la única definición de democracia legítima, que a la vez se articula con su visión de seguridad hemisférica y de asistencia para el desarrollo. Para promoverla puede constatarse en los documentos filtrados la existencia una red de instituciones que van desde organismos del gobierno estadounidense, hasta fundaciones y ONGs locales. Desde estas instituciones se critica al gobierno de turno, basándose en discursos que lo asocian al autoritarismo y al “populismo” como sinónimo de antidemocrático, tal como se expone en los documentos filtrados. A esto se agrega la presión que se busca ejercer desde gobiernos y organismos de países alineados a la política de seguridad hemisférica de EE.UU. como Colombia, Chile o México. Todo esto suma para generar un escenario (real o potencial) de inestabilidad que justifique la intervención para la pacificación. Para ello se requiere de un plan de seguridad acorde, y allí es donde los lineamientos del Comando Sur se conjugan con la noción de democracia estadounidense, para implementar la guerra contra el narcotráfico y promover la democracia de libre mercado.

El capítulo de Tellería Escobar es revelador en cuanto a las relaciones del personal diplomático estadounidense y las Fuerzas Armadas bolivianas, lo que da cuenta de las profundas raíces de la dependencia, así como del giro histórico dado por el gobierno de Morales en la apuesta por modernizar las FFAA y orientarlas hacia una posición nacionalistas y antiimperialista, materializado en la reciente apertura de la Escuela de Comando Antiimperialista. Sin embargo, los cables dan cuenta con claridad del doble discurso institucional, en el que los altos mandos de las FFAA mostraban públicamente su apoyo al proceso de cambio, mientras que los mismos militares operaban como informantes de la Embajada, tal como el comandante en jefe de las FFAA Wilfredo Vargas y el comandante en jefe del Ejército, Freddy Bersatti. Esta “doble pertenencia” se ve claramente en los documentos, en momentos de alta conflictividad como durante las tensiones con los Estados de la media luna 2007-2008.

El último capítulo, redactado por Mérida Aguilar, aborda con detenimiento y meticulosidad la trayectoria y acciones del embajador estadounidense en Bolivia Philip Goldberg, expulsado por el gobierno boliviano en el 2008. Para dar cuenta del proceso de injerencia, Mérida Aguilar ordena la información de los documentos filtrados tomando como punto de partida las principales prácticas postuladas por la “diplomacia pública” (189). También en este caso se enumeran procedimientos típicos de la guerra psicológica, muy corrientes durante la Guerra Fría y que hoy se condensan en el denominado poder blando: mecanismos para cooptar líderes de opinión locales, contacto permanente con la prensa, relación con organismos que puedan tener influencia en la vida política, promoción de intercambios y becas para jóvenes. Estas actividades implican tener conocimiento y cierto control sobre la red que articula instituciones, individuos y trayectorias que de modo directo o indirecto confluyen en la oposición al gobierno de turno (o son guiados hacia esa postura).

Por otra parte –y haciendo un paréntesis a la luz de los conflictos a finales de agosto de 2016 con el sector de cooperativas mineras, que culminó en el asesinato de dos mineros y del Viceministro de Régimen Interior– encontramos un indicio esclarecedor en un documento secreto seleccionado por Mérida Aguilar donde puede leerse que durante una reunión del 23 de abril del 2007, el Vice-Presidente de la Federación de Cooperativistas Mineros, Felipe Flores, se quejó ante Goldberg “del plan del gobierno de elevar los impuestos mineros y nacionalizar la industria minera” y aclaró que habría una reunión en la que se discutirían las reformas mineras “pero que si el gobierno toma cualquier acción no convenida por los mineros cooperativistas, entonces correrá sangre por las calles” (pp. 206-207).

En síntesis, los datos y el análisis pormenorizado de los wikileaks presentes en este libro son una prueba contundente de la presencia estadounidense en procesos de desestabilización en ese país y de las profundas raíces que tiene la dependencia en Bolivia y en otros países de la región. Podemos inscribir esta obra en la larga tradición de escritos que diseccionan y analizan desde perspectivas teóricas sólidas y con documentación seria el imperialismo estadounidense en la región, entre los que destacan los aportes de Gregorio Selser, Vivian Trías, Luis Suárez Salazar, John Saxe Fernández, Atilio Borón, Ana Esther Ceceña, Gilberto López y Rivas.

Para concluir, es importante señalar que la historia del imperialismo en la región y lo que muestran los wikileaks no es una conspiración, sino el modo “normal” en que “funcionan las cosas” en continuidad con la reproducción de la ideología hegemónica, a menos que los pueblos exijan autodeterminación, soberanía y dignidad, como lo vienen haciendo valientemente el pueblo y el gobierno boliviano.


* Dra. en Ciencia Política, Investigadora de CONICET en el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe, Universidad de Buenos Aires.

1 Definida en aquel momento como una lucha por “los corazones y las mentes”, se trató del epicentro de la reproducción ideológica del Modo de Vida Americano, valiéndose de instituciones y prácticas destinadas directa e indirectamente a expandir y consolidar los intereses y valores estadounidenses, por medio del poder blando combinado con fuerza militar (Ver, por ejemplo: United States Department of State. Foreign Relations of the United States, Psychological and Political Warfare, Doc 288 Memorandum of Meeting Washington, May 28, 1948. Memorandum on a meeting held in Mr. Forrestal’s office on Friday, 28 May, 1948 to consider NSC-10).

2 Estos documentos han sido desclasificados según lo establecido por la Freedom of Information Act. Agrupan las conversaciones y memorandos que circulaban al interior de las diferentes reparticiones del gobierno, incluidos comunicados entre funcionarios del Departamento de Estado y el Departamento de Defensa, el Consejo de Seguridad Nacional, la Agencia Central de Inteligencia, la Agencia para el Desarrollo Internacional y otras oficinas vinculadas a relaciones exteriores, así como documentación privada de sujetos involucrados indirectamente en la formulación de política exterior. Están disponibles en la Oficina del Historiador del Departamento de Estado de Estados Unidos.

3 United States Department of State. Foreign Relations 1964-1968, Vol XXXI. Doc.190. Telegram From the Department of State to the Ambassador to Brazil.

4 United States Department of State. Foreign Relations, 1964-1968, Vol. XXXI Doc. 253. Memorandum From the Assistant Secretary of State for Inter-American Affairs (Mann) to Secretary of State Rusk.

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