septiembre 28, 2022

El pensamiento marxista hoy

por: Cecilia Ma. Fernández Benavente

Marx no solo hablara del trabajo, sino también de la tierra como otro elemento que da vida al capitalismo. Es así que menciona que en ésta relación de progreso de la agricultura en el capitalismo, no solo se trata de despojar al obrero sino también al suelo de un posible valor.

La actualidad mundial nos obliga a reflexionar respecto al rumbo histórico de nuestras sociedades. A primera vista la perspectiva es cada vez menos alentadora. ¿Qué tanto valor puede agregar a nuestra reflexión un pensamiento que surgió en medio de la sociedad europea capitalista allá por el siglo XIX? ¿No han cambiado mucho las cosas desde entonces? Valga la oportunidad y el contexto de turbulentas transformaciones en el sistema mundo capitalista para recordar el pensamiento marxista no solo como un conjunto de ideas; sino como una forma de vida, con nuevos valores y conductas.

La vigencia de las tesis planteadas por Marx ha sido en algunos casos cuestionada y, también, reflexionada críticamente por generaciones, cuando no de forma mecánica y memorística. Sorprendentemente hoy en el siglo XXI su pensamiento está presente para seguidores y detractores, ya sea para refutarlo o reforzarlo.

Me propongo repasar las tesis más importantes del pensamiento marxista partiendo de la muy mencionada naturaleza depredadora del capitalismo, la mercantilización avasallante de toda forma de producción, la lucha de clases y conceptos como el valor de uso y el valor de cambio, que además de confirmarse, se han extendido a lo largo del mundo: Aún hoy en día Marx alerta permanentemente a los revolucionarios socialistas de todo el mundo sobre los problemas a enfrentar, dejándonos a nosotros la búsqueda de alternativas y soluciones.

Marx nos hablará de la naturaleza depredadora del capitalismo y la expansión ilimitada del capital. El capital es un producto colectivo que se moviliza por la actividad conjunta de miembros de la sociedad. El mundo se va modelando en su conjunto para su dominio, todo termina supeditándose al capital y esta tendencia inacabada tiene como fuente de vida no otra cosa que el trabajo.

Marx no solo hablara del trabajo, sino también de la tierra como otro elemento que da vida al capitalismo. Es así que menciona que en ésta relación de progreso de la agricultura en el capitalismo, no solo se trata de despojar al obrero sino también al suelo de un posible valor. Se trata de un aspecto muchas veces olvidado por aquellos preocupados por el factor tierra como principal catalizador de revoluciones.

Todo avance o progreso científico y técnico implica también un avance en el agotamiento de las fuentes de ese progreso, de esa fertilidad. El sistema capitalista ha desarrollado hasta el momento técnicas efectivas para reponer este agotamiento, sino que socava permanentemente estas fuentes de riqueza. Una y otra vez: la tierra y el trabajo. Cambio climático, calentamiento global, hambruna generalizada en algunas regiones… todos fenómenos que parten de esta inquietante naturaleza del capitalismo. Avance que socaba las bases de su propio avance.

Esta dinámica tiene como efecto la enajenación de todas las formas de relación humana. Paradójicamente el capitalismo, con su naturaleza globalizante y avasalladora, ha terminado en muchos casos volviendo contra el hombre sus propias conquistas, enajenando a los seres humanos de sus propios logros, en un círculo vicioso de eterno retorno.

No solo ha volcado el sistema en contra de los oprimidos sino en contra de la humanidad en su totalidad. Cada día somos testigos de cómo el ser humano pierde su “humanidad” y nos sorprende ver hermanadas a la injusticia y la indiferencia. Vivimos el luto por la pérdida generalizada del sentido común y de valores como la justicia y la solidaridad, somos testigos de toda la carencia de valores que ha dejado este sistema en los seres humanos. El capitalismo depreda y está extinguiendo la “naturaleza humana”, junto con todo otro tipo de naturaleza.

Marx escribirá también sobre la mercantilización avasallante de toda forma de producción material y espiritual, convirtiéndose la fuerza de trabajo en una mercancía más. Hoy los “proletarios” no están solo en las fábricas, están ahí en la construcción, en la minería, la producción de servicios, los vendedores al detalle como operarios de los grandes comerciantes, toda la cadena de distribución de las grandes empresas, etc., son todos aquellos que solo cuentan con su fuerza de trabajo pues el sistema capitalista intenta convertir a todos en fuerza de trabajo que valoriza el capital.

El trabajo del proletario ya no busca satisfacer sus propias necesidades sino que debe satisfacer requerimientos del capitalismo, cuyo límite es inexistente: la eterna acumulación de capital con el objetivo de acumular más y más capital. Existe un límite, sin embargo. El límite está en las necesidades del mundo, que se amplían sin cesar añadiendo nuevas presiones a aquellos que preveen su fuerza de trabajo en servicios o producción. Su trabajo debe ser útil para otros distintos, es una de las condiciones del capital, nos dirá Marx. “Los obreros, obligados a venderse al detalle, son una mercancía como cualquier otro artículo comercial”.

El trabajo como mercancía intercambiable en el mercado y por supuesto subordinado a las reglas existentes para este intercambio, no es el ser corpóreo laboral sino la capacidad laboral medida en tiempo, es decir el trabajador tiene que entregar sus horas de vida a cambio de un monto de valor. Esta será la única manera en la que puede volver útil su trabajo y así reproducirlo, corriendo siempre el riesgo de quedar “descartado” por la tecnología, quedando como evidencia una vez más cómo las conquistas humanas se vuelven contra la misma humanidad. Años y años de especialización y dedicación abnegada pueden quedar, en cualquier momento, anulados por un nuevo avance tecnológico.

Estas ideas son útiles para reflexionar y comprender las múltiples formas de proletarización actual, pues la plusvalía como el trabajo no remunerado o excedente que se apropia la burguesía, evidencia las múltiples formas de explotación arraigadas en el sistema, ahondando a un ritmo extremadamente acelerado las brechas sociales y la desigualdad. “La economía de acumulación por desposesión” reflexionará Harvey, cuando describe la economía actual.

Ante esta desigualdad y explotación características del capitalismo debemos recordar que la lucha de clases es la confrontación dialéctica del proletariado y la burguesía, como resultado de la contradicción fundamental del Capitalismo: la masificación del “proletariado” y la concentración de la riqueza en una minoría “burguesa”. Los datos actuales no hacen más que confirmar esta afirmación. Por ejemplo, el 1% de la población mundial concentra el 40% de la riqueza producida en el planeta, de acuerdo a una publicación de Stinglitz, no tan reciente.

Esta desigualdad impone una necesidad, que no es otra quela lucha por liberarse de la explotación intensificada. El único camino es la toma del poder político, por lo tanto donde haya sujetos sociales que se apropien injustamente del trabajo de otros sujetos sociales, estará presente esta lucha que es inmanente a la historia y evolución humana… terminará cuando uno de los sujetos sociales desaparece, aunque no siempre es claro cuál será.

Ante este contexto ¿qué respuestas puede dar la izquierda? Reflexionemos sobre un par de conceptos de los que Marx nos hablará en su obra más conocida: El Capital. Estos conceptos centrales son el valor de uso y el valor de cambio.

El “valor de cambio” es el valor que un objeto tiene en el mercado medido por el dinero. Un bien o un servicio que no se convierte en mercancía, no tiene valor, porque no contribuye a la acumulación del capital y la acumulación del capital es el motor de la economía. En el mercado se definirá el valor de cambio de todas las mercancías y la característica de una economía mercantil es sobreponer el valor de cambio por encima del valor de uso. La oferta y la demanda, dirán los más apegados a la economía clásica, que no es más que la apreciación de la forma de las cosas.

El “valor de uso” de una mercancía, por otro lado, responde directamente al trabajo que lo ha creado como un objeto que tiene utilidad para la vida humana y que es diferente de otra mercancía. El “valor de uso” es la capacidad que tiene un objeto para satisfacer una necesidad humana, sea esta de cualquier tipo. Es el valor de un objeto sin ningún tipo de distorsión. Ahí está la importancia del “valor de uso” para el cambio del paradigma de la economía, pues esto permitirá reconocer el verdadero valor de los bienes sin especulación ni distorsiones del mercado. Sin especulaciones en Wall Street, por ejemplo. El imponer el valor de uso por encima del valor de cambio implicaría cambiar el rol de los mercados para que estos se pongan al servicio de las verdaderas necesidades humanas.

El pensamiento filosófico, social y político de Marx ha transformado a lo largo de la historia conciencias y conductas de hombres, mujeres y sociedades. Los que creemos en el socialismo como la alternativa ante la decadencia humana, creemos firmemente en el aporte teórico y práctico del pensamiento marxista. Con sus transformaciones necesarias y el innegable avance de toda ciencia.

No deja de ser anecdótico recordar que quien más ha ahondado y reflexionado respecto al capital ha vivido en pobreza la mayor parte de su vida. Recordemos también que Marx, con toda su claridad mental, consideró en su teoría lo mejor del pensamiento de su época: la economía inglesa, la filosofía alemana y sociología francesa como bases historias y metodológicas.

Sin embargo jamás debemos caer en el error de “endiosarlo”, forzar y/o mantener estático su pensamiento, descuidando que su fundamento es la dialéctica materialista. Tenemos más bien la obligación de repensar a Marx, re editarlo, re escribirlo, reforzarlo y reflexionar permanentemente y tantas veces como sea necesario, sobre sus aportes para dar respuestas concretas a nuestra realidad.

Tenemos la obligación revolucionaria de analizar y aplicar el pensamiento marxista, teniendo siempre presente que de lo que se trata en realidad no es interpretar el mundo, sino de transformarlo.


* Economista y politóloga.

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