junio 19, 2021

Historia social y procesos culturales: la vestimenta en Chuquiawu Marca (750-1930 d.c.)

La obra inserta el arte de la vestimenta es el estudio de los procesos culturales con un resultado sorprendente por la variedad de estilos y formas que emergen a lo largo de 2.680 años, en un arco temporal de memoria larga.

Mary Money –licenciada en Historia por la UMSA y doctora Ph.D. en Antropología e Historia por la Universidad de Columbia (EEUU), docente titular de la UMSA—sorprendió al Primer Congreso Municipal de La Paz con su ponencia sobre el valle de La Paz, en el que destaca su importancia estratégica: acceso a Yungas para obtener coca, tabaco y yerbas en la época prehispánica; ciudad administrativa y enlace comercial entre Potosí y Lima en la Charcas colonial; y, sede de gobierno en la República. Era el anuncio de su estudio de los procesos culturales de La Paz a través de la vestimenta, tema en el que incursionó con Los obrajes, el traje y el comercio de ropa en la Audiencia de Charcas (1983) y “La vestimenta de los esquimales y de los andinos, los significados en los procesos culturales, desde su origen hasta el siglo XV” (2011). En La vestimenta en Chuquiawu Marca (750-1930 d.c.), estudia los procesos culturales, a partir del periodo prehispánico, en Tiwanaku, origen de las altas culturas andinas, hasta la era del socialismo militar.

La historia social de La Paz a través de la vestimenta

Arnold Hauser, en su Historia Social de la Literatura y el Arte (Madrid, Guadarrama, 1978), analiza los fenómenos artísticos en estrecha relación con su contexto histórico y social y los fenómenos socioeconómicos, rechazando la autonomía de las artes, afirmando que están formadas por factores materiales que son interdependientes. El arte es pues un reflejo de las condiciones materiales, sociales y económicas. La sorprendente visión historiográfica de Mary Money sobre el proceso histórico de La Paz, descubre un mundo invisible –sino invisibilizado—de los habitantes de Chuquiawu Marca. Cada capítulo revela realidades que permanecieron escondidas. Ese enfoque de historia social a través de la vestimenta marca su visión historiográfica en la colonia y la república.

La obra inserta el arte de la vestimenta es el estudio de los procesos culturales con un resultado sorprendente por la variedad de estilos y formas que emergen a lo largo de 2.680 años, un arco temporal de memoria larga, que se inicia en la era de Tiwanaku en la que contingentes mitimaes llegan hasta Chuquiawu, formando un caleidoscopio multinacional, complejo y estratificado de kanches, lupakas, kanas, pakajes, kollas, chinchasuyos y kañaris, que lucen vestimentas que los distinguen a manera de códigos étnicos, desde la nobleza inca hasta los estratos más populares, diferenciando el que emplean hombres y mujeres.

En su estudio de la sociedad paceña colonial (siglos XVI-XVII) contrasta las vestimentas de españoles de élite, con las de mestizos y el atuendo de la nobleza inca, caciques, nativos; esclavos, negras y mulatas, códigos que mutarán en la época de los borbones (siglo XVIII), en la que se conjuga ideas de la ilustración y raciales, que diferencian los vestuarios de la nobleza colonial, criollos de las élites, individuos de “medio pelo” (campesinos pobres migrantes), cholos y mestizos, que marcan el límite con la nobleza indígena, y debajo de ellos esclavos, libertos, zambos, mulatos, lo último en la pirámide social-racial.

La autora ensaya un desafiante análisis y propuesta del proceso rebelde de 1780-1781, con nueva interpretación de los “Dictados Reales” de Túpac Amaru II y los “Preceptos o Leyes Nuevas” de Túpak Katari, que ordenan que “cualquiera que sea o se parezca a los españoles o que a menos esté vestido a imitación de los españoles, sea ejecutado”, lo que devela la existencia de un gobierno autónomo, un Estado Inka dentro del Estado español, con lo que la vieja concepción de “caudillo” que le atribuye la historiografía oficial se desmorona y descubre una revolución social independentista más allá de “rebeliones indigenales” instintivas, es decir la antesala de la debacle del orden colonial.

Analiza las transformaciones de la vestimenta entre 1825 y 1890, en el que se impone la moda del “traje y vestido imperio” de las élites y del “dandi” paceño, que se diferencian del cholo y mestizo (pobre y adinerado); las sorprendentes cholas (“de primera”, “de segunda”) y la chola india; jilakatas, alcaldes e indios del común. Entre 1900 y 1930, surge el hombre “pije”, el estilo “flapper”, la ropa del día, el “vestido fantasía” y el vestuario de novia de la élite. Sin embargo, son minimizados por la exótica variedad de las cholas, como la “filoseda”, la ropa interior, el bombacho, la camisa, el centro o enagua; la pollera con su presilla y cuatro alforzas; la chaquetilla, la blusa matinée, la manta de pecho, manta chalón, manta de abrigo; el sombrero blanco bombín de paja y el borsalino “a la pedrada”; la bota y medias; escarcela, topo falucho y collar (elaboradas en oro o plata). Identifica el traje de los cholos, “individuo de medio pelo”, el traje de novios, vestuarios de la t’ujetera, chivata, chola adinerada y chutita. Muestra el curioso “decreto” sobre la vestimenta indígena de 1904 y de 1920, que expresa el sentimiento de la oligarquía sobre el indio; le sigue el vestuario indígena vinculado con formas de trabajo (artesano, ponguito, expongo, ch’uta o k’acha wayna, waka khariri, khuchi khariri, carnicero, uma putina (aguatero), llauch’ero, aparapita (cargador). Cierra con una especie de capítulo final que nos traslada a una excursión al altiplano boliviano, exponiendo la vestimenta como símbolo del poder andino.

Las fuentes, tan sorprendentes como sus resultados

Reunió un verdadero arsenal de fuentes para respaldar su investigación, ubicadas en cinco archivos –incluyendo el del Archivo General de Indias de Sevilla—a l que se suman 21 fuentes primarias impresas y centenar de fuentes bibliográficas, cuidadosamente revisadas, con las que construyó esta magnífica historia, pocas veces producida por historiadores profesionales. Las fuentes arqueológicas, vitales para reconstruir el vestuario de los mitimaes de Tiwanaku y de los llamados “señoríos aymaras e inkas”, que se expresan en el “señor de los patos”. Las fuentes lingüísticas, que se encuentran en el Vocabulario Aymara de Ludovico Bertonio, le permitieron reconstruir los vestuarios de kollas, lupakas y pakajes, con sus curiosos nombres, símbolos y significados (como el ejemplo del sukullo, el pase de bebé a la infancia). Para la época colonial revisó las Nuevas Leyes de Indias, testamentos y dotes, registros de escrituras públicas, expedientes de causas criminales y los invaluables documentos de la Colección José Rosendo Gutiérrez. Los diarios de Sebastián de Segurola, del Capitán Ledo, el de Arequipa, sirvieron para analizar la época de Túpac Amaru II y Tupak Katari. Las pinturas coloniales, en museos de Bolivia, Ecuador y el Museo del Prado, constituyen piedra fundamental, pues supo identificar en ellos las vestimentas de la época colonial, con todos sus detalles, retratando las diferencias sociales y étnicas. Los grabados del naturalista Alcide d’Orbigny (1830-183), los dibujos de Melchor María Mercado (1841-1861), revelan la vestimenta a principios de la República. Las fotografías fueron de gran utilidad para el arco temporal desde el siglo XIX (1870) al siglo XX (1930), pues revela un mundo inimaginable, al margen del interés primario que motivó los retratos.


* Historiador y archivista. Jefe de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional. Docente titular de la UMSA. Miembro del Comité Regional de América Latina y el Caribe del Programa Memoria del Mundo de la Unesco.

Be the first to comment

Deja un comentario