enero 11, 2022

Lo jodido no es el aborto: Una crítica feminista de la realidad

por: Anahi Alurralde Molina

Mucho se ha hablado sobre los argumentos a favor y en contra de la despenalización del aborto, y valga aclarar que no existe tal, no se está despenalizando nada, se trata de aumento de causales que es totalmente distinto.

Escribir es siempre un reto y más cuando tu relato es de esos que van a incomodar, irritar y por supuesto criticar, pero hace tiempo que se perdió el miedo al juicio social, a ese que sobre todo recae en las mujeres.

Voy a hablar de ese tema que durante medio año ha mantenido a todas y todos en constante polémica, discusión, desencuentro y falsos debates sobre dicotomías que en realidad no existen.

Si, voy a hablar del aborto y lo haré desde una perspectiva alejada de justificaciones y explicaciones porque todas éstas ya las hemos dado, las hemos explicado una y otra vez.

Del ser mujer y sus significados

Todas las mujeres desde pequeñas somos estructuradas como tales, desde el planteamiento de Simone De Beauvoir: No se nace mujer, se llega a serlo, en efecto no nacemos mujeres, pero en breve tiempo aprendemos a serlo. Un conjunto muy complejo de relaciones, de prácticas de vida, de instituciones y de concepciones se articulan para construir el contenido genérico sobre nuestros cuerpos sexuados. Lo primero que aprenden las niñas del ser mujer consiste en ser objeto sexual procreador, mientras que lo que concierne al ser sujeto erótico lo aprendemos de manera tardía y muchas veces en clandestino porque la cultura no reconoce la sexualidad femenina, es más se la ha reprimido y castigado históricamente.

Así, la pasividad que caracteriza esencialmente a la mujer “femenina” es un rasgo que se desarrolla en ella desde los primeros años, sin embargo sería una falacia pretender que se trata de una circunstancia biológica, ya que en realidad se trata de un destino que le ha sido impuesto por sus círculos más cercanos, por su educadores y por la sociedad en su conjunto.

A través de estos discursos dominantes se ha marcado e impuesto la expropiación histórica de nuestros cuerpos y nuestros placeres, y con esto se explica la esquizofrenia conservadora por controlar la sexualidad de las mujeres, por eso gente limitada y funcional al sistema a la hora de satanizar el aborto osan en hablar de las mujeres y sus “vidas sexuales caóticas y desordenadas”. Develando así su verdadera preocupación, no les importa la “vida” de nuevos seres, les importa el control dominante sobre el cuerpo y el placer femenino. Lo jodido no es el aborto, lo que les espanta es que la maternidad ya no sea el fin principal de la sexualidad femenina sino el placer, un placer que puede ser ejercido con autonomía y responsabilidad.

Del falso instinto maternal y sus funciones

Hablar y analizar la falacia del instinto maternal implica citar a una de las autoras más importantes de la teoría y genealogía feminista, Simone de Beavoir. Respecto a la construcción sociocultural de dicho instinto, la autora plantea:

“La niña imita a su madre, se identifica con ella, incluso a veces invierte los papeles y le dice: Cuando yo sea grande y tu pequeña. (…) Entonces la muñeca que le entregan, que es suya, no es solamente su doble, es también su hija. Se confía a su muñeca, la educa, afirma su autoridad soberana sobre ella, a veces, le arranca los brazos, la reprende, es decir a través de ella realiza la experiencia subjetiva y de la alienación”

Y aquí no existe ningún instinto maternal innato y misterioso ¿Por qué, se preguntan?

“La niña comprueba que el cuidado de los hijos corresponde a la madre y así se lo enseñan; los relatos oídos, los libros leídos, toda su pequeña existencia se lo confirma. Se la estimula a extasiarse ante aquellas riquezas futuras, le dan muñecas para que ya adopten un aspecto tangible.”

Todas las mujeres hemos tenido una o más muñecas a nuestro “cuidado”, ahora podemos entender que nuestra “vocación “ nos ha sido dictada impresionantemente.

Por eso afirmo que el instinto maternal es un constructo social y cultural. Se trata de un mito de un supuesto “instinto materno” que se alimenta a través de espacios de adoctrinamiento masivo.

El mito del instinto maternal interviene en el control social de las mujeres, mediante discursos que crean subjetividades para éstas. Y las representaciones sociales en torno a la maternidad se las identifica porque están atravesadas por diferentes instituciones como el Estado, la iglesia, los responsables de salud, los juristas y otros.

Mientras este mito se mantenga intacto y latente, permanecerá también intocable la subordinación de las mujeres, a las que se les niega una identidad por fuera de la función materna.

Como lo dijo ya una autora: El cuerpo de las mujeres es el territorio sobre el cual se ha erigido el patriarcado, si, y esto se comprueba cada día, en cada espacio y en ciertas coyunturas como las de hoy, donde el negarse a ser madre sea cual sea el motivo significa la lapidación social para una mujer.

De la penalización social de una decisión

Alejarse de los mandatos impuestos, aprender a dudar de las verdades establecidas, ser escépticas con los mitos ya mencionados y ser constructoras autónomas de nuestras subjetividades todavía tiene un precio y aunque estamos dispuestas a pagarlo, lo denunciamos.

A lo largo de estos meses he identificado que el código penal y el artículo que penaliza con 3 años de cárcel a la mujer que se practique un aborto sin cumplir las causales estipuladas no es tan enemigo y no es tan peligroso como la penalización social que existe en cuanto a los cuerpos de las mujeres se refiere. Y se preguntarán a qué tipo de penalización social me refiero, pues a aquella que juzga, recrimina, y castiga a las mujeres que rompen con los designios “divinos” y mandados sociales.

Estoy consciente de que la decisión de abortar resulta inentendible para muchas mujeres porque trastoca todo el sistema patriarcal en el que hemos sido definidas y formadas. Nosotras que estamos diseñadas naturalmente para ser madres, es incorrecto y hasta desnaturalizado que no deseemos circunscribirnos en las faenas maternales negando nuestros supuestos instintos.

Lo ideal y lo socialmente aceptado es que toda mujer es una madre en potencia, lo esperado entonces, es que si ha quedado embarazada, cualquiera sea la situación y su contexto ese estado de maternidad es natural en ella y además íntimamente deseado (repetido hasta el cansancio) desde la infancia y lo aceptará tarde o temprano con la naturalidad, la satisfacción y todo el sacrificio que su feminidad aprendida lo demande.

Porque como ya lo advertía De Beauvoir “Es precisamente el hijo el que, según la tradición, debe garantizar a la mujer una autonomía concreta que la dispense de abocarse a ningún otro fin (…) el hijo es su alegría y su justificación. Por él se realiza completamente desde el punto de vista sexual y social…”.

En nuestra sociedad muchas han cumplido el mandato a cabalidad y hoy son “sacrificadas madres-mujeres” y ahí no es donde radica el problema, merece análisis sí, pero amerita otro artículo, quiero hacer énfasis en que el problema y la injustica social es que pretendan que todas las mujeres cumplamos dicho destino sin desearlo.

Criminalizar nuestra decisión no evitará que el aborto siga existiendo, llamarnos asesinas no cambiará la realidad de cientos de mujeres que día a día libran una batalla íntima entre los dogmas morales aprendidos y los deseos propios para tomar la decisión de interrumpir definitivamente un embarazo.

Denuncio esta penalización social que viene de hombres y mujeres porque nadie, únicamente aquella mujer que pasó por ese suceso en su vida sabe lo que significa o significó ese momento de decisión. Ese instante íntimo y único en el que decides tu vida y lo que pasará en tu cuerpo. Por ello, decir “estoy a favor o en contra” con tanta autoridad como ligereza resulta, una agresión, un atrevimiento y una violencia indescriptible.

Denuncio el fanatismo con el que pretenden ser jueces y juezas de vidas ajenas ¿Cómo un hombre, un cuerpo masculino, un otro; o ni aún otra, decidirán sobre mi intimidad?, ¿quién es tan importante u omnipotente para poner decisiones, emociones, proyectos de vida, sueños y frustraciones ajenas en sus manos? Nadie. Porque es un tema de derechos que involucra el poder, la autoridad para decidir quién tiene derecho a tener derechos y a qué derechos.

Por eso apuntamos a que es imprescindible que cada mujer ejerza libremente con toda la información, la prevención y protección del caso, el más fundamental de sus derechos que es el de decidir sobre su cuerpo, en diálogo íntimo con ella misma.

De las cargas morales a lo real

Mucho se ha hablado sobre los argumentos a favor y en contra de la despenalización del aborto, y valga aclarar al lector y lectora que no existe tal, no se está despenalizando nada, se trata de aumento de causales que es totalmente distinto. Sin embargo no voy a entrar a la argumentación explicita porque como lo dije al principio, este no es un artículo de justificación y de dadiva de permisos para que las mujeres podamos acceder a abortos libres y seguros, es un artículo que pretende llamar a la reflexión crítica de las y los ciudadanos para que abandonen mitos, se despojen de prejuicios y renuncien al papel de jueces que a nadie le corresponde.

Quiero decirles a los ciudadanos que me leen que el aborto seguirá existiendo aunque no lo quieran ver. Que su penalización no lo elimina, ni lo reduce, lo clandestiniza y eso trae como consecuencia que al año mueran aproximadamente 500 mujeres bolivianas.

Quiero decirles a todos los que representan ese supuesto 80% que se opone a los derechos de las mujeres, que cargados de moralismos insulsos y particularistas, de discursos misóginos que nos deslegitiman no aportan nada y que su argumento de que son la “mayoría” no nos interesa, porque somos conocedoras de que -los derechos fundamentales no se protegen en función de lo que piensen las mayorías-.

Quiero que mis receptores se pregunten con honestidad si no conocen a mujeres que en algún momento de su vida decidieron optar por un aborto. La conocen, ¿verdad? Ahora piensen en ella o ellas, en su historicidad, en sus luchas, en su vida misma, y pregúntense a ustedes mismos si esa mujer merece ir a la cárcel.

Del opresor que no sería tan fuerte si no tuviera cómplices entre los oprimidos

Voy finalizar este escrito con una premisa que me parece pertinente de analizar: ¿Por qué les molesta las mujeres que desobedecen? Porque les recuerdan que ellas están obedeciendo.

Hago alusión a dicha premisa porque en esta coyuntura no sólo se ha revelado la doble moral de nuestra sociedad a la hora de vilipendiar el aborto sino que se han atrevido a desvalorizar y minimizar la lucha feminista que por supuesto ha estado al frente de las trincheras en esta disputa. Y lo alarmante es que la misoginia se ha vestido de mujer para hacerlo.

Desde los insultos más básicos, hasta artículos vacíos y atiborrados de odio nos han dedicado para deslegitimar una lucha que no es de ahora, sino histórica.

En su fallido intento de provocarnos y ridiculizarnos han reflejado que le hacen juego al sistema patriarcal, sin siquiera cuestionarlo y lo más peligroso, han demostrado cuán funcionales son a un discurso histórico que carga siglos de opresión y sometimiento.

Se ha manifestado su enojo y repudio a que las representemos, compañeras les aclaro que lo que nos ha enseñado justamente el feminismo es a autorepresentarnos, nosotras no las representamos en lo absoluto, en todo caso las convocamos a repensarse y cuestionarse, si así quisieran hacerlo, por supuesto.

A ellas quiero decirles, que considero que se resisten al feminismo porque es una agonía ser totalmente consciente de la brutal misoginia que perpetran la cultura y la sociedad en todas las esferas. Y finalmente necesito precisar: Es cierto que no están obligadas a ser feministas, el feminismo existe justo para que no se les obligue a nada.


*    Feminista y Politóloga

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