abril 11, 2021

Che: la última estrategia

Presentar al comandante Ernesto Guevara, derrotado, frustrado y sin iniciativa en un lugar común entre los oficiales bolivianos y agentes de la CIA que fueron partícipes y cómplices de su asesinato. A estas voces se ha sumado, con el tiempo, algunos autores y autoras. Su objetivo final es descalificar su figura y su proyecto. En rigor de verdad Che, no se rinde ni entrega, cae prisionero, cercado y cuando ya no dispone de posibilidades para resistir y durante las casi 16 horas que permanece preso desarrolla una estrategia, la última a la postre, para sobrevivir y conservar su identidad de combatiente.

Cuando el capitán Gary Prado le pregunta quién es, soy el Che, le contesta secamente. Hablaba orgullosamente, sin bajar la cabeza y no le apartaba los ojos a mi capitán, narra un testigo. Trasladado, bajo custodia, al Puesto de Comando de Prado, pronto da muestra que su pensamiento, pese a las adversas circunstancias, gira en torno al objetivo que lo trajo a América del Sur. Cuando el capitán se informa que uno de sus soldados fallece en el combate, el mensajero espeta que: esto va a acabar, ya cayó este desgraciado que era la cabeza. Presto el Che responde: la revolución no tiene cabeza, compañero. A poco llega sangrante otro herido, Valentín Choque. El Che se ofrece a curarlo. Prado le pregunta si es médico. Soy primero revolucionario, pero entiendo de medicina. Tal es su identidad, y así quiere que lo traten. Los soldados que lo custodian lo recuerdan meditabundo, pero tranquilo, aunque algunos lo zarandean. Cuando puede les habla y les pregunta sobre Bolivia, y les recuerda que estuvo en el país hace años. Fuma tabaco negro y come un poco; sobre todo piensa.

No es una noche tranquila para el Che en La Higuera. Varios oficiales intentan interrogarlo. Nunca obtienen las respuestas que desean, el Che evade dar respuestas que los orienten en su trabajo o les proporcione datos para continuar la persecución, captura y muerte de sus compañeros. Siempre mantiene la calma. Como reconoce un documento secreto elaborado por Richard Helms, Director de la CIA, fechado el 13 de octubre de 1967, que se conserva en la Biblioteca Johnson, en Austin, Texas, “En ningún momento (…) perdió Guevara la compostura”.

Prado asegura, que tuvo tres reuniones con el Che prisionero. De ellas, la más relevante es la segunda. Seguramente no dura mucho tiempo. Lo sustantivo es que el Che revierte un deseo de interrogarlo y la transforma en una conversación donde habla de igual a igual con su captor. El Che no cede y cuestiona al capitán del Ranger, invirtiendo por momentos los papeles. En verdad leyendo la transcripción del debate, es difícil saber quién es el cautivo. En el momento culminante, el Che hace conocer al oficial que no renuncia a la doctrina que lo trajo hasta Bolivia, pese a las vicisitudes y contrastes sufridos.

Tienen que darse cuenta de que estamos todos los latinoamericanos en una lucha que es continental donde hay y donde habrá muchas muertes, que costará mucha sangre, pero la guerra contra el imperialismo ya no puede ser detenida. Tiene sus vértices acá en Bolivia, en Colombia, en Venezuela y ustedes los militares tienen también que decidirse si están con su pueblo o al servicio del imperialismo.

Seguramente antes de la media noche, Prado retorna con el mayor Ayoroa y el teniente coronel Andrés Selich, un conocido adverso de la izquierda. Fracasé, admite el Che. Se acabó, pero a continuación entra en la batalla de las ideas. Elogia el socialismo como el mejor modelo de gobierno, y recibe los reproches del oficial. Este, luego de no obtener ninguna respuesta sobre la situación de la guerrilla, pregunta:

– ¿Qué lo hizo venir a operar en nuestro país?

– ¿No ve el estado en que viven los campesinos? Son casi salvajes, viven en un estado de pobreza que deprime el corazón, tienen un solo cuarto donde dormir y cocinar, nada de ropa, abandonados como animales…

– Lo mismo que en Cuba

– No, eso no es verdad. No niego que en Cuba todavía exista pobreza, pero los campesinos tienen allá la ilusión de progresar mientras que el boliviano vive sin esperanzas. Así como nace, muere sin ver mejorar en su condición humana.

Otras fuentes afirman que el debate sube de tono. Selich vocifera Asesino has matado a mis soldados. La respuesta no se deja esperar: Asesinos son los imperialistas a quienes ustedes defienden.

El sábado 9 Félix Rodríguez, el hombre de la CIA, ingresa a la escuela a ver al Che. Tal, y como ocurre en las otras oportunidades, el comandante se niega a ser interrogado. Solo admite departir brevemente, quizá para forjarse una imagen de su contrincante. El agente traslada a sus superiores y en sus propias palabras los conceptos revolucionarios que oye del comandante. Estos figuran en el informe de Helms.

Con esta captura, el movimiento guerrillero había sufrido un abrumador revés en Bolivia, pero el predijo un resurgimiento para el futuro. Insistió en que, al final sus ideales triunfarían aun cuando se sentía desilusionado por la falta de respuesta de los campesinos bolivianos. El movimiento guerrillero había fracasado parcialmente a causa de la propaganda difundida por el gobierno boliviano que afirmaba que los guerrilleros representaban una invasión extranjera al territorio boliviano. A pesar de la falta de respuesta del campesinado boliviano, él no había planeado una ruta de escabullida de Bolivia en caso que la incursión fracasara. Definitivamente, había decidido caer o triunfar en esta empresa.

En suma, durante las 16 o 17 horas que el Che permanece preso, se comporta como un jefe guerrillero, que mantiene en reserva los innumerables secretos que posee. De sus parcas palabras, sus captores no obtienen nada que les permita continuar con las acciones punitivas contra sus compañeros. Por el contrario, en cuanto puede, les enrostra a sus captores la fragilidad pasajera de su triunfo.


*    Por razones de espacio no se consignan las fuentes documentales. Fragmento de un libro en edición.

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