noviembre 26, 2021

Una victoria estratégica para Venezuela y para América Latina, Balance y desafíos

por: Paula Klachko

La investigadora hace un balance de la importancia que tiene la victoria de Nicolás Maduro el 20 de mayo pasado, para Venezuela y para América Latina.

Así calificó el flamante presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel, a la victoria electoral del domingo 20 de mayo en la que el presidente obrero Nicolás Maduro Moros fue reelegido como presidente de la República Bolivariana de Venezuela con el 68% de los votos. De la misma manera lo había mencionado el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, en un video lanzado en las semanas previas. Y es que en el marco de una disputa geopolítica contra el imperialismo dicha victoria se constituye en punto nodal para nuestros pueblos.

A diferencia de algunas anquilosadas democracias occidentales en las que se disputa quienes van a administrar los intereses de la burguesía a corto y mediano plazo y cómo van a disciplinar al pueblo, en Venezuela las instancias electorales son momentos de movilización revolucionaria en las que se miden fuerzas social – políticas que disputan proyectos de país y de sociedad antagónicos. Y, por supuesto, lo son mucho más las elecciones presidenciales en las que se pone en juego la continuidad o no del proceso comenzado en 1999. Así, los momentos electorales se constituyen también como momentos de enfrentamiento social, que exceden la propia dinámica institucional. La lucha de clases en Venezuela corre por todos los cauces. Es la derecha la que tira por la borda cada vez más seguido la lucha institucional buscando todos los intersticios desde donde desarmar el entramado social y organizativo que en su diversidad constituye el proceso revolucionario. Mientras que éste retoma la iniciativa una y otra vez -siempre apoyado en la unidad cívico-militar- con más y nueva institucionalidad democrática, elecciones y paz.

Las burguesías nostalgiosas de su derroche de privilegios y sentimiento de superioridad herido profundizan la táctica insurreccional o de boicot económico (y bloqueo financiero y comercial internacional) alternadamente. En rigor se podría decir, como señala María Fernanda Barreto, en este periódico la semana pasada, que el pueblo venezolano vive en una fase de “guerra popular prolongada” como respuesta a lo que Stella Calloni denomina golpismo imperialista prolongado.

De esta manera la victoria electoral del 20 de mayo excede a esa realidad local en tanto constituyó una pulseada contra el imperialismo. Y es que el estado mayor conjunto que dirige la táctica y la estrategia de los grupos de oposición que representan a esas fracciones burguesas afectadas por la pérdida del control político del estado desde hace casi 20 años, del aparato de estado y de las FANB, se encuentra en América del Norte: el gobierno de los EE.UU. como expresión del capital más concentrado y trasnacional, su departamento de estado y el pentágono.

Balance con contrastes

Dadas estas condiciones de disputa geopolítica no podemos sino hacer un balance a la luz de otras experiencias. Repasemos los conocidos resultados de estas elecciones realizadas en esta extraña “dictadura” que ya va por su 24 proceso electoral, revisando algunos contrastes con las brillantes “democracias” que las corporaciones mediáticas ponen como ejemplo de civilidad republicana, entre las cuales en menos de dos meses ya han sido destituidos por corruptos los presidentes de Perú y en esta semana el de la que aún se pretende nuestra metrópolis: España.

Frente a 3 derrotas electorales consecutivas de las burguesías y sus expresiones políticas en 2017 (julio: constituyente; octubre: gobernaciones; diciembre: alcaldías), éstas llaman a la táctica de la abstención electoral para deslegitimar unas elecciones que ellos mismos pedían y que saben que de presentarse perderían. En este contexto de asedio y asfixia la participación electoral fue de un 46%. Lo cual muestra que la abstención es mayor que en anteriores elecciones en Venezuela pero es igual o menor que las de aquellas corruptas democracias gobernadas por las derechas que se auto elogian desde sus prensas. Ya es un clásico por estos días mencionarlo: aún sin ninguna fuerza política convocando a la abstención en ninguno de estos casos, en Colombia en 2014 votó el 40% en primera vuelta y el 47% en la segunda, en Chile en la primera vuelta electoral votó el 46,7% del padrón electoral, y en segunda el 49%, solo por mencionar dos de los países que encarnan de manera más dura los ataques a Venezuela. Otros de los datos que se divulgaron desde la prensa alternativa para mostrar la alta legitimidad del reelecto presidente Maduro, es el total de votos de varios presidentes sobre el total del padrón electoral. Mientras que los votos de Macri representaron el 26,8% de ese censo, los de Piñera el 26,5%, de Santos el 23,7%, y de Trump 27,3%, los de Maduro representan el 31,7%, y ello en un contexto de guerra económica, guerra de cuarta generación y un bloqueo financiero y económico que afecta gravemente el desarrollo de la vida cotidiana, el acceso a medicamentos y algunos alimentos indispensables en la mesa venezolana, lo que hace que dicha participación se constituya en heroica.

Es importante resaltar la calma en la que se desarrollaron los comicios como continuidad a las soluciones institucionales pacíficas con las que derrotaron a las violentas guarimbas de 2017 impulsadas por la “pacífica y democrática” oposición, pero además debemos contrastarlas con la inverosímil cantidad de candidato/as muerto/as en México y Colombia. Ya que hubieran asesinado a un solo candidato sería gravísimo y todo un atentado a la posibilidad de ejercer los derechos políticos y la participación popular. ¡Pero hay más de 90 candidato/as muerto/as en México! ¡Imaginen si hubiera tan solo uno en Venezuela! Y pues lo hubo en 2017 y fue un candidato chavista. Eso no se publica en los medios multinacionales. Y en México otro/as 80 han renunciado a sus candidaturas por miedo. A este sombrío dato hay que agregarle lo/as 190 periodistas asesinados desde 2006 y los cientos de miles de muertos y desaparecidos a cargo de la militarización del estado, entre los cuales lo/as 43 estudiantes de Ayotzinapa evidencian que la vida política democrática, y hasta la vida misma, son una utopía que esperemos que se cumpla el 1 de julio en el desangrado México.

En Colombia el mismo día de las recientes elecciones presidenciales del 27 de mayo, asesinaron a un testigo electoral de la Colombia Humana, la fuerza política del candidato Gustavo Petro. Pero ya es una triste cotidianeidad enterarnos cada dos días de la muerte a manos del sicariato de líderes sociales y campesinos. Los números de una ecuación trágica muestran que más de trescientos campesinos y campesinas fueron asesinados por sicarios de terratenientes en dieciocho años en Venezuela (con cuatro millones de hectáreas recuperadas por el pueblo). En Colombia esa cifra de asesinatos se alcanzó solo en un año.

De los que en América Latina cantan de antemano el desconocimiento y fraude del proceso electoral en Venezuela sin denuncia ni prueba concreta alguna, el grupo de lima, tenemos a Pedro Kuczynski echado por corrupto y otros que muy coherentemente “pisotean”, como les gusta decir a mucho/as de ello/as, la democracia en Venezuela. ¡Cómo no iban a pisotear la democracia en Venezuela si lo hacen con tanta eficacia en sus propios países! Ahí tenemos la coherencia de Temer sacando a una presidenta electa con 54 millones de votos, encarcelando al principal referente popular y candidato presidencial preferido, y abriendo las puertas a una posible nueva ola de golpes directamente militares a la vieja usanza de la CIA y nuestras clases dominantes mediante la militarización de la sociedad y de la política. La coherencia de un Santos que pisotea los acuerdos de paz. Y tenemos la coherencia de quien ejerciera su nuevo mandato fruto del fraude más espectacular de las últimas décadas como Juan Orlando Hernández en Honduras. Fraude que ni siquiera la OEA se atrevió a ocultar por la brutalidad de su contundencia, aunque después de ¡tres semanas! cuando recién se anunciaran los resultados electorales terminara reconociendo a ese gobierno continuador del golpe de estado de 2009. Los fraudes en México ya son un clásico que esperamos que puedan terminar este 1 de julio, en Paraguay lo practican con la misma impunidad con la que sacaron mediante un golpe institucional a un gobierno popular en 2012 y no nos alcanzan las paginas para relatar todos los mecanismos de fraude puestos en marcha en cada uno de los países que componen esta liga de derecha que pretende arrinconar a la democracia en Venezuela. Pero no los publican en la tapa de los diarios. Ya Bolivia conoce bien el funcionamiento del “Cartel de la mentira”, no hace falta explicitarlo.

A las elecciones presidenciales en Colombia del domingo pasado acudieron 150 observadores internacionales, en cambio a Venezuela lo hicieron más de 2000 observadores internacionales, por ejemplo, de la Unión Africana o la Federación Rusa. Pero tanto el Secretario General de la ONU como la Alta Representante de la UE para la Seguridad, rechazaron la invitación cursada por el CNE de Venezuela para que envíen una delegación de observadores. Claro, ¿cómo iban a acompañar legitimando así unas elecciones que ya estaban siendo desconocidas y deslegitimadas de antemano? Es lo que el expresidente español, José Luís Rodríguez Zapatero denominó como “una descalificación preventiva de las elecciones”.

Elecciones incuestionables en su transparencia como lo afirmara varias veces la Fundación Carter desde las propias entrañas del imperialismo. Es bueno estudiar la cantidad de auditorías antes, durante y después de los comicios que se ejecutan en cada instancia, mecanismo y aparatos del sistema electoral venezolano [1].

Dichos países del hemisferio occidental gobernados ya no por expresiones políticas de los grupos más concentrados del capital sino por sus propios dueños y gerentes (CEO’s) se consideran EL mundo, tal como vociferaban desde las tapas de sus diarios ya escritas con mucha anticipación, como la de La Nación (periódico de la oligarquía terrateniente de la Argentina): “Maduro se declara ganador en elecciones desconocidas por el mundo y la oposición”.

¿Acaso China, Rusia, la Unión Africana (55 países), Turquía, India, Irán, Bielorrusia, Cuba, los países del Caribe, Bolivia, Nicaragua, El Salvador, entre otros, no pertenecen al mundo?

Para no mencionar a todos aquellos países que permanecen “neutrales”, es decir, que no se expidieron respecto de tal reconocimiento o no, pues ¡no es necesario! Nadie se los pide. Solamente entre los 6 primeros países nombrados juntan 3.840 millones de personas: más de la mitad de la población mundial.

Pero Venezuela además no necesita ese reconocimiento. Sino solo el de su pueblo.

La múltiple vara de su “democratómetro” no mide para nada aquellos gobiernos de países aliados como la monarquía hereditaria y sanguinolienta de Arabia Saudita, primer país visitado por Trump luego de asumir como presidente de los EE.UU.

Por otra parte en un renovado ejercicio neocolonial las sanciones se vienen profundizando desde el comando central del capitalismo financiero hacia todo el sistema bancario internacional (hay miles de millones de dólares de Venezuela bloqueados en bancos europeos destinados a traer medicinas y alimentos), que le impide o traba a Venezuela comerciar hasta con bancos de sus aliados comerciales como China y Rusia, le impide pagar parte de su deuda y colocar bonos, recibir pagos por sus ventas de petróleo a EE.UU., y las vienen implementando también desde esos gobiernos lacayos de la UE, Canadá, lo intentó Panamá y ahora también México. Y lo seguirán haciendo dado que como lo dice el mismo departamento de estado “la campaña de presión contra Venezuela está funcionando. Las sanciones financieras que hemos impuesto (…) han obligado al Gobierno a comenzar a caer en default, tanto en deuda soberana como de PDVSA, su compañía petrolera. Y lo que estamos viendo debido (…) es un colapso económico total en Venezuela. Entonces nuestra política funciona, nuestra estrategia funciona y la mantendremos” (publicado en muchos medios).

Desconocer las elecciones para que haya más democracia. Sanciones para ayudar a Venezuela y para lograr dialogo. Esas son las alocadas frases que bajo el velo estupidizante de las manipulaciones mediáticas esconden sus pretensiones de retomar el control del estado y del petróleo venezolanos.

¿Cómo sigue?

Los 6.244.016 votos que recibió Nicolás Maduro en medio de esta escalada ofensiva política, diplomática, económica, cultural, mediática, psicológica, y por momentos también militar, comandada por el poder imperialista en forma directa, expresan una alta disposición del pueblo chavista al combate y defensa de su soberano proceso revolucionario cuyo ciclo comenzó con la insurrección popular del Caracazo en 1989 y que se realiza desde el gobierno nacional desde 1999. Dicho proceso que en su actual etapa se puede caracterizar como de defensa nacional y antiimperialista, acosado y relativamente aislado desde que la restauración neoliberal y colonial avanzara sobre varios gobiernos populares de la región, se mantiene en pie a fuerza de democracia, a diferencia de otros procesos revolucionarios en la historia. Pero, sobre todo, lo único que puede explicar que ese pueblo soporte las duras consecuencias y sacrificios por los que atraviesa, que a la vez potencian errores y vicios que anidan en la sociedad y el estado venezolanos, es la existencia de una gran formación política y conciencia histórica y geopolítica de la disputa que libran.

Son muchas las dificultades que atraviesan, pero es mucho lo que tienen para perder de caer el gobierno revolucionario. Si bien la revolución no se reduce al gobierno, sino que se expresa en la múltiple y diversa organización y construcción popular, de perder esa trinchera más avanzada, en palabras de Gramsci, que constituye el gobierno del estado, lo que viene es la destrucción de todas las conquistas sociales y la muerte y persecución a ese pueblo luchador.

Ello explica que luego de una hiperinflación sostenida por más de 6 meses, lo que ha volteado a varios gobiernos en el mundo, y que genera la virtual desaparición del dinero -principal mediación de las relaciones sociales en el capitalismo-, ese pueblo vuelva a votar de manera soberana y elegir la continuidad del proceso revolucionario. Lo que a su vez ha reabierto el debate sobre cómo construirlo hoy retomando la senda para acercarse al socialismo -imposible en un solo país- y que vuelve a poner en evidencia que las revoluciones son construcciones siempre abiertas, que se libran continuamente en cada terreno y territorio social, que son contradictorias, y que se disputan en medio de un mar de enemigos que condicionan la manera de avanzar. Pero en tanto en el continente lo que prima es el retorno al fascismo, a las políticas de concentración del capital, de destrucción de las conquistas populares y de retorno al FMI, defender lo conquistado hasta aquí, aun a costa del estancamiento, es un logro que todos y todas los latinoamericanos debemos defender. Por otra parte, el debate acerca de las posibilidades o no de construir el socialismo o permanecer en un capitalismo nacional redistributivo y soberano (si tal cosa fuera posible) siempre estuvo presente, vigente y en tensión en el chavismo, o en “los chavismos” que no pierden unidad, como dice Marco Teruggi.

Para terminar, es urgente adoptar políticas de estado que tiendan a arrebatar el poder económico que todavía está en manos -a excepción del petróleo- de buena parte de los monopolios y el capital financiero trasnacional. Esas son las condiciones urgentes para vencer en la guerra económica que es la batalla principal de Venezuela hoy. La victoria política revitalizó la legitimidad necesaria, la fuerza e iniciativa para encararla.


1    Véase varios documentos sobre el sistema electoral venezolano y sus auditorías en la web del CNE.

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