octubre 23, 2020

Estado del arte de las elecciones en Brasil


Por  Valter Pomar *-.


El 17 de septiembre de 2018 fue el último día previsto en ley para eventuales modificaciones en las fórmulas electorales que concurren a las elecciones presidenciales brasileñas. Nuevas modificaciones, sólo en caso de muerte o renuncia de los postulantes.


Son trece las candidaturas: Fernando Haddad (Partido dos Trabalhadores), Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal), Geraldo Alckmin (Partido da Social Democracia Brasileira), Henrique Meirelles (Movimento Democrático Brasileiro), Marina Silva (REDE), Ciro Gomes (Partido Democrático Brasileiro), Guilherme Boulos (Partido do Socialismo e da Liberdade), João Amoêdo (Partido Novo), Alvaro Dias (PODEMOS), João Goulart Filho (Partido Patria Livre), Vera Lúcia (Partido Socialista dos Trabalhadores Unificado), Cabo Daciolo (Patriota) e José María Eymael (Democracia Cristã).

De estas candidaturas, diez fueron lanzadas por partidos que apoyaron, explícita o implícitamente, el golpe contra la presidenta Dilma Rousseff.

De las diez candidaturas que apoyaron el golpe, ocho candidaturas apoyan las medidas adoptadas por el gobierno golpista, aunque no asumen esto públicamente, dada la impopularidad del presidente Michel Temer, rechazado por otro 90% de la población brasileña.

Son contra las medidas neoliberales las candidaturas de Haddad, Ciro, Boulos, João Goulart y Vera Lúcia. Sin embargo, en las encuestas realizadas hasta ahora, Boulos, Goulart y Vera no llegan, sumados, al 1% de las intenciones de voto.

Hasta el día 11 de septiembre, estas investigaciones apuntalaban fuertemente a la posibilidad de una victoria en primera vuelta de Luis Inacio Lula da Silva. Pero como él tuvo su candidatura prohibida por el Tribunal Superior Electoral, el propio Lula indicó para su lugar Fernando Haddad, exalcalde de la ciudad de São Paulo.

De 11 a 18 de septiembre, las encuestas pasaron a indicar que habrá segunda vuelta entre Fernando Haddad, del Partido dos Trabalhadores, y Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal.

Al momento de escribir este artículo, Jair Bolsonaro todavía lidera las encuestas de opinión en Brasil, beneficiado por dos variables “estructurales” y por un hecho “coyuntural”.

La primera variable “estructural” es el crecimiento de la extrema derecha, crecimiento que fue estimulado por la derecha tradicional, que planificó y ejecutó el golpe contra la presidenta Dilma Rousseff.

La segunda variable “estructural” es el descrédito de las candidaturas y partidos de la derecha tradicional. Bolsonaro se beneficia de este descrédito, a pesar de ser un golpista, neoliberal y también diputado federal desde hace 27 años, con un discurso demagógico contra la política y los políticos.

La variable “coyuntural” que benefició a Bolsonaro fue el atentado del que fue víctima, el 6 de septiembre de 2018. En un episodio cuyas motivaciones aún no se han aclarado, Bolsonaro fue apuñalado durante una actividad de campaña. El atentado dio una enorme evidencia a Bolsonaro, cristalizó a su electorado y consolidó a su favor la transferencia de votos proveniente de partidarios de otras candidaturas golpistas y neoliberales.

Paradójicamente, Bolsonaro es un candidato especializado en promover discursos y actos violentos. Días antes de ser víctima de un atentado, Bolsonaro había dicho que los militantes del Partido de los Trabajadores del estado de Acre debían ser fusilados.

Hasta el momento no está claro si el atentado fue obra de un individuo desequilibrado o si hubo algún tipo de conspiración. Pero el hecho es que la vida de Bolsonaro corrió riesgo y continúa internado en un hospital, en tratamiento semi-intensivo, sin condiciones de estar físicamente presente en las actividades de campaña.

Las encuestas de opinión hechas hasta hoy indican que, en una segunda vuelta contra cualquier candidato, Bolsonaro tiende a ser derrotado. Esto ocurre porque Bolsonaro es de extrema derecha, misógino, racista, homofóbico, golpista y, principalmente, neoliberal, habiendo como diputado votado a favor todas las leyes que perjudican a los jubilados, a los trabajadores y los sectores populares.

Y si no se produce ningún hecho nuevo, si la transferencia de votos de Lula a Haddad continúa al mismo ritmo, es posible que Haddad empate o incluso supere a Bolsonaro el 7 de octubre, cuando se produzca la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Si se mantiene esta tendencia, Haddad puede ganar la segunda vuelta de las elecciones, el 27 de octubre.

Por supuesto, esta posibilidad suena catastrófica para todos los que participaron del golpe contra la presidenta Dilma Rousseff. Motivo por el que hay varias especulaciones sobre lo que los golpistas intentarán hacer para impedir la victoria del PT, desde alternativas electorales a movimientos no electorales.

Las alternativas electorales de los golpistas y neoliberales son fundamentalmente tres.

En primer lugar, si Bolsonaro no tiene condiciones de salud para participar en las elecciones, intentar proyectar en su lugar un golpista que tenga menos rechazo y, por lo tanto, más posibilidades de derrotar la candidatura de Lula y del PT.

Segundo, intentar vencer la elección en la primera vuelta, evitando una segunda vuelta donde Bolsonaro tiene grandes posibilidades de ser derrotado.

Tercero, intentar impedir que Haddad, candidato de Lula y del PT, llegue a la segunda vuelta.

Diferentes sectores del golpismo están comprometidos en cada una de estas alternativas. Ninguna de ellas es fácil de ejecutar y ninguna tiene garantía de éxito. Y en cualquier escenario, la crisis política e institucional brasileña se profundiza, interactuando con una crisis económica y social también creciente.

Además de las alternativas electorales, algunos sectores golpistas hablan abiertamente de alternativas no electorales.

El propio Comandante del Ejército especuló, en una entrevista para un importante periódico brasileño, que dependiendo de lo que ocurra, la legitimidad de las elecciones pudiera ser cuestionada.

Por supuesto, hay una gran distancia entre decir esto y organizar un golpe militar, pero el hecho es que las fuerzas armadas volvieron a ser un factor activo de la política nacional.

La amenaza de golpe, incluso, viene siendo utilizada como “argumento” para inhibir el voto en la candidatura del PT. Se dice algo más o menos así: “si el candidato del PT va a la segunda vuelta, el antipetismo puede dar la victoria a Bolsonaro y con esto tendremos la vuelta de los militares. Y si el candidato del PT ganara la segunda vuelta, los militares pueden dar un golpe”.

Los verdaderos demócratas no pueden aceptar ni apoyar este tipo de chantaje. Y quien dice esto, de hecho, contribuye a la tentativa de proscribir el PT.

Es verdad que, tanto en primera como en segunda vuelta, los golpistas van a manipular el antipetismo. Pero también es verdad que el PT recibe cerca del 25% de las simpatías populares, más que todos los demás partidos sumados. Y con Lula lideraba las encuestas. Por lo tanto, es el partido que tiene más fuerza para vencer la derecha.

También es verdad que Bolsonaro es un peligro. Pero este peligro sólo va a ser derrotado si la mayoría de los sectores populares se movilizan a favor de una candidatura. Esta candidatura es la del PT.

Por lo tanto, es radicalizando por la izquierda, o sea, poniendo en primer lugar los temas de interés del pueblo, que conseguiremos derrotar a la extrema derecha.


*            Fue secretario ejecutivo del Foro de Sao Paulo, militante del PT.


 

Be the first to comment

Deja un comentario