octubre 21, 2020

Hay que levantar la guardia


Por Julio A. Muriente Pérez *


No se trata de un fenómeno aislado. No es mera coincidencia o casualidad, que ocurre solo en algunas partes del planeta. El avance político e ideológico de Las fuerzas más derechistas y retrógradas, es un hecho ineludible. Lo mismo en Austria que en Italia, en Estados Unidos, Hungría o Polonia. Y también en Nuestra América.

Lo que ha sucedido en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, celebrada recientemente, confirma lo que decimos. Lo peor de todo es que no se limita a cuántos votos obtuvo cada candidato, sino a las razones que han llevado a millones de brasileñas y brasileños a respaldar a un candidato que es, a todas luces, la encarnación de la maldad y la perversión.

Igual situación la encontramos en Estados Unidos, donde decenas de millones de electores llevaron a la presidencia de ese país al extremista multimillonario Donald Trump. O en Italia donde millones de votantes elevaron al más alto cargo gubernamental al extremista y xenófobo Matteo Salvini. Y así por el estilo.

La mayor parte de esos hombres y mujeres que han hecho suyas las ideas, propuestas y opiniones de candidatos y partidos ultraconservadores, son trabajadores, obreros, desempleados, gente empobrecida y marginada social y económicamente. ¿Cómo explicar semejante comportamiento político que, después de todo y paradójicamente, a quien favorece es precisamente a los responsables de tanta desigualdad e injusticia?

Primero que todo, debemos reconocer las limitaciones, errores e incapacidades de las fuerzas progresistas y de izquierda para ofrecerle a nuestros pueblos propuestas convincentes, razonables y confiables. Es cierto que arrastramos con el lastre histórico del fracaso del llamado socialismo real en la Unión Soviética y los países del este de Europa. Pero también es cierto que durante los pasados veinte años hemos tenido la oportunidad de conducir gobiernos y encauzar procesos de cambio. Que hemos generado esperanzas y producido expectativas en ruta a un mundo mejor.

Es igualmente cierto que las fuerzas enemigas del cambio no han permanecido cruzadas de brazos. Que controlan incontables medios de comunicación de masas. Que manipulan, confunden y plantan prejuicios y temores a diestra y siniestra. Para nadie es un secreto que pretenden perpetuarse en el poder. Son los mismos que generan inestabilidad económica y hacen todo lo que está a su alcance en el afán de impedir que procesos como los de Venezuela, Bolivia o Cuba puedan avanzar.

Esto es, no lo dudemos, la guerra en diversos y novedosos campos de batalla. En tiempos recientes esas fuerzas retrógradas han alcanzado importantes victorias. La próxima podría ser nada menos que Brasil, donde se instaurarían las ideas y propósitos más peligrosos e indeseables. El fascismo en carne y huesos.

Tampoco es para pensar que nos cae el cielo encima. Pero sí para que acabemos de comprender la naturaleza compleja y accidentada de la lucha que queremos librar por un mundo mejor. No debemos ser ni triunfalistas en las victorias, ni derrotista en los fracasos.
Sírvannos estas experiencias para estar siempre con la guardia en alto, para no subestimar al adversario ni sobrestimar lo que hacemos; para que reconozcamos nuestras carencias y advirtamos la maldad del enemigo.

Nos ha tocado vivir un momento trascendental de la historia de la humanidad. Más aún, nos ha tocado ser protagonistas activos de nuestra historia. Esa oportunidad no la vamos a perder. No la podemos perder. Así de claro. Así de complejo.


* Catedrático Universidad de Puerto Rico y Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico


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