octubre 21, 2020

Los rostros del neoliberalismo

En la semana que culmina, el panorama político nacional se clarifica. Independientemente de si en el plazo que resta para inscribir candidaturas a presidente y vicepresidente ante el Tribunal Supremo Electoral la oposición logra conformar una solo mega coalición, lo que cae de maduro es que la población vuelve a observar los rostros de políticos que condujeron el país durante dos décadas de secante neoliberalismo.

Los pasados días, la salida a escena de los “rostros del neoliberalismo” removió el inconsciente de la población para reconstruir, algunos con finura y otros en grueso, esos 20 años en los que los partidos de derecha, ante la falta de representatividad, se veían obligados a conformar alianzas electorales en las que solo marcaba la diferencia la ubicación de esos partidos en la conducción del Estado. Unos asumían el Ejecutivo, otros el Legislativo y otros el Judicial, a sabiendas de que en la próxima elección se produciría una modificación de sus lugares, pero sin cambiar la orientación del modelo económico y el proyecto político. Por eso no es casual que a eso se le llegara a llamar “democracia de pactos” o “democracia de pasanaku”.

Estos partidos y los “rostros del neoliberalismo” que volvieron a aparecer con fuerza las últimas semanas en las pantallas de la Tv y en las fotos de los periódicos, acostumbraron a la gente a pasar por desapercibido el respeto al voto popular. Por lo general, el primero nunca salía electo en el Congreso Nacional, sino el segundo y el tercero. Por eso, la gente votaba, pero no elegía. Lo que contaba era la habilidad para negociar y la venia de la embajada de Estados Unidos.

No hay duda que muchos ciudadanos y ciudadanas que militan en las plataformas deben estar decepcionados. Otros no, porque en realidad son militantes de los partidos de derecha que se camuflaron de “independientes” dentro de los colectivos ciudadanos. Los decepcionados con seguridad hacen esfuerzo para no mandar a rodas a los que durante meses los manipularon y los usaron para confrontar al gobierno con la bandera del 21 de febrero. Los que no no están, son aquellos que siempre han visto como legítimo el uso político de la gente.

Es dramático ver los rostros de Carlos Mesa, Samuel Doria Medina, Víctor Hugo Cárdenas, Jaime Paz Zamora y de Jorge Tuto Quiroga, aunque éste último no ha tenido la suerte de conseguir hasta ahora una sigla que lo apoye. Pero también es patético escuchar los nombres de Manfred Reyes Villa y de Carlos Sánchez Berzaín entre los que pretenden volver a conducir los destinos de un país al que dejaron con los indicadores sociales, económicos y políticos por los suelos.

Aliados o no, estos “rostros del neoliberalismo” es lo mejor que le ha podido suceder al Movimiento al Socialismo en su aspiración de lograr que el presidente Evo Morales sea reelecto para el período 2020-2025. La gente puede tener críticas a varias cosas que se hicieron en todos estos años de proceso de cambio o a la forma como se las hizo, pero no hay que indagar mucho para tener la seguridad de que la mayor parte de la población no quiere el retorno al pasado, que de suceder no será dramático sino trágico.

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