enero 15, 2022

El fascismo no tiene fecha de expiración


Por  Fernando Rodríguez Ureña *-.


“¡Hombres, no celebreís todavía la derrota
de lo que nos dominaba hasta hace poco!
Aunque el mundo se alzó y detuvo al bastardo,
la perra que lo parió esta otra vez en celo”.
Bertolt Brecht en “La increíble ascensión de Arturo Ui”


De inicio me disculpo por usar una cita de Brecht, que puede ser tildada y con razón de machista además de anti animalista, por denigrar también a la especie más allegada al ser humano: el perro. Pero la uso por dura y creo que por ser capaz de remover nuestra conciencia y sacudirla del letargo en el que nos subsumió la democracia-aparente una vez más en crisis.

Quienes atravesamos dictaduras, (caracterizadas por el dolor y la muerte que implicaban desapariciones forzadas, asesinatos, tortura, exilio, persecución sañuda no solamente al militante progresista y revolucionario sino a su familia toda; al odiado despertar escuchando como característica musical una marcha militar que cada vez que se producía un golpe de estado, discurría por las ondas de todas las emisoras que hacían cadena nacional, junto a la aparición de una famosa locutora de televisión a quien la sabiduría popular llegó a apodarla como “la hematoma” porque aparecía cada vez que se producía un golpe), por supuesto ansiábamos trastocar esa forma de gobierno por otra que permita la vigencia de garantías y libertades: y esa forma de gobierno no era otra que la democracia.
Sin embargo el tiempo nos demostró que la democracia no había sido una y universal, sino que tiene tantas formas, como expresiones culturales existen y que forman parte de los acervos de organización política que se dieron los pueblos para construir su pacto social.

Cuando salimos de las dictaduras y celebrábamos el retorno de la democracia, tampoco veíamos con claridad, que aún dentro de la democracia liberal (llámese también moderna o burguesa), existían formas que la castraban de su naturaleza popular para convertirlas en democracias elitarias que restringían sus alcances, pactaban sus medios y fines, controlaban su desarrollo en función de las corrientes hegemónicas al interior de las correlaciones de fuerza de los poderes mundiales. O sea, las formas democráticas que atravesábamos, no eran sino, las formas en que la geopolítica planetaria, imponía a los pueblos para que usando otros métodos, sigan teniendo control sobre ellas. Por eso, para nadie que tenga un poco de información de esos periodos, le resultará desconocido que la embajada americana en democracia y con la complicidad de gobernantes de turno, ponía y quitaba ministros, descertificaba o aprobaba a candidatos y políticos de oposición, aprobaba planes de gobierno, proyectos y presupuestos dejando de manifiesto quien era quien tenía la sartén por el mango.

Pero esas democracias, entraron en crisis porque resultaban insostenibles por las contradicciones internas que las sustentaban. Y la democracia liberal entró en crisis a nivel planetario, como resultado del proyecto de radicalización liberal, que llevó desde los años 70, a la instauración del neoliberalismo, modelo económico, político y cultural, productor de toda una filosofía basada en el ultra individualismo, la asignación de roles secundarios al Estado, la sacralización del mercado y el haber instaurado como concepto sustancial de la democracia, el voto, la papeleta marcada e introducida en la urna, como la máxima expresión de la cultura democrática, castrándola de su contenido político e ideológico, de sus formas de participación colectiva, del ejercicio radical de la acción ciudadana como ejercicio de poder.

En ese contexto, las mayorías ciudadanas, frustraron sus ansias de progreso y mejor asenso económico y acomodo social y político porque el sistema político no se lo permitía. La democracia era elitaria y por tanto excluyente y en ese contexto, en momentos de lucidez política se sumaron a expulsar a gobiernos que inicialmente fueron electos por ellas para posicionar a líderes emergentes que representaban proyectos alternativos, y justamente por esta naturaleza, eran propuestas progresistas y de izquierda, pese a que ninguno de ellos produjo una institucionalidad y legalidad, de corte socialista clásico o científico.

A esta problemática, se sumó en la primera década del siglo XXI, una nueva crisis financiera capitalista, que puso en jaque primero y en quiebra después a grandes emporios financieros mundiales, obligando a nivel planetario a rediseñar los mecanismos que regían a la economía mundial, dejando caer los efectos de esa crisis, un tanto en las propias compañías capitalistas transnacionales, pero en mayor medida, en la espalda de los trabajadores que básicamente eran obreros o personas de clases medias articuladas a los servicios. En resumen, la crisis del 2008, la siguen sosteniendo a nivel planetario los obreros y las clases medias.

Y como la historia a decir de Marx, se repite una vez como comedia y otra como tragedia, de manera similar a la crisis del 29 que produjo las dos primeras guerras mundiales y el fascismo de Mussolini, Franco y Hitler, hoy, la nueva crisis capitalista, engendra a nuevas expresiones del fascismo, expresado en el resurgimiento de una ultraderecha racista europea, el ultraconservadurismo norteamericano que tiene en el presidente del muro su mejor expresión, sirviendo de contexto también para el surgimiento en América Latina de propuestas fascistas, como la de Bolsonaro del Brasil, que por la vía del voto, o dicho de mejor manera, desde el sistema democrático, pretenden tomar nuevamente el poder para las élites desplazadas, e instalarlas y reconstituirlas como gobiernos electos.

La izquierda y el progresismo, en todas sus expresiones debe reflexionar sobre esta proyección, que de instalarse, no respetará a nadie en su capacidad de disenso, para someterla después de haberla utilizado políticamente, habiendo usado como matriz el discurso democrático, que supuestamente enfrentaba a las dictaduras del socialismo del Siglo XXI. Estamos en puertas de un nuevo ciclo fascista. Recuperemos la iniciativa


* Sociólogo. Militante Guevarista.


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