julio 13, 2024

Fragmentación opositora, responsabilidad del gobierno


Por Oscar Silva-.


Todo parecía apuntar que la oposición no tendría otro camino que asumir que su unidad, más allá de sus intereses personales, era su única opción para encarar, con alguna posibilidad de realizar un digno papel, las elecciones generales del próximo año.

Habían dejado de lado ya cualquier propuesta a la ciudadanía y todos se cobijaron bajo el árbol del 21F, sin importar cuáles eran los intereses que movían no solo a las plataformas ciudadanas, que no eran otra cosa que la visión camuflada, de los partidos tradicionales, sino a otros sectores más radicales. Hasta ahí todo parecía indicar que el odio a Evo, basado en el racismo y en la incapacidad de poder oponer una verdadera propuesta de Estado alternativa o de encontrar una veta de crítica real a la gestión del Movimiento al Socialismo, los llevaría a “tragarse sapos vivos”, entre ellos y avanzar en un solo bloque.

Pero la realidad superó la ficción. Los más pesimistas opositores, veían que la imposibilidad de lograr la plena unidad opositora, como se los anda exigiendo Sánchez Berzaín en todos los mensajes que envía a sus muchachos, derivaría en que se presentarían dos o tres propuestas opositoras. Equivocados de cabo a rabo, ocho fueron los binomios, que representan otras tantas corrientes de intereses, que pretenden plantarle pelea electoral a Evo Morales.

Desde los dinosaurios políticos como Jaime Paz, Cárdenas o Mesa, hasta los ilustres desconocidos como Israel Rodríguez o Ruth Nina, además de los políticamente ineptos como Patzi, Ortiz o Lema, la oposición no ofrece nada nuevo en materia de propuestas para el Estado o para los bolivianos en materia de economía, de industrialización o de mejores condiciones de vida. Todo se reduce al 21F matizado por algunos exabruptos como el federalismo o el retorno a la vida republicana o posiciones reaccionarias homofóbicas.

Lo cierto es que es más lo que los separa que lo que los une, porque aquello que pensaron que los uniría incondicionalmente, el odio a Evo había sido menor que los intereses de perdurar como dirigentes en unos casos, mantener espacios legislativos, siglas o minúsculos reductos de poder municipal o departamental. La constatación de que no es posible ganarle a Evo Morales en una elección nacional, ni siquiera toda la oposición junta y revuelta, hizo que cada quien salga rajando con la única de cuidar su “diminutos feudos”.

La inscripción de candidatos de la oposición a las elecciones primarias fue la ratificación de lo que se sabía hace mucho tiempo, el Movimiento al Socialismo no ha logrado construir una oposición que le haga sombra o que por lo menos dignamente pueda participar en los procesos electorales nacionales. O mejor dicho, No hay oposición real al gobierno. Solo un remedo o un mamarracho de oposición.

La pregunta es cómo oponerse a un gobierno que ha logrado construir un modelo económico sólido y envidiable a nivel continental, que ha logrado recuperar la soberanía y la dignidad para todos los bolivianos, que ha abierto una lucha frontal contra la corrupción, contra el racismos, contra la discriminación y contra la violencia a los grupos más vulnerables. Entonces qué puede hacer o qué puede decir la oposición al respecto.

Es culpa del gobierno, es culpa del MAS, es culpa de Evo Morales, que la oposición no pueda ofrecer nada, por eso afirmo que hay que asignarle la responsabilidad de una deprimente y penosa oposición al buen gobierno de los últimos casi trece años.

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