noviembre 29, 2020

Evo Morales termina 2018 con casi todo a favor


Por Hugo Moldiz Mercado-.


Resultados exitosos en la economía, capacidad de sortear las dificultades políticas y un liderazgo indiscutible de Evo Morales arrojan una relación de fuerzas favorable para la continuidad del proceso de cambio. Si se elude pisar ciertos caminos minados, las elecciones de 2019 serán vencidas.

La disputa entre el proyecto de continuidad del Proceso de Cambio y la restauración neoliberal y conservadora en Bolivia, como parte de una disputa más grande entre emancipación y dominación en América Latina, termina en 2018 con una relación de fuerzas favorable para la primera. Una combinación de fuerte e indiscutible liderazgo de Evo Morales, movimientos inteligentes en el tablero, el buen comportamiento de la economía y la verificada incapacidad de la oposición política de construir un proyecto alternativo, otorgan un saldo a favor de las fuerzas que apuestan a ganar las elecciones generales de 2019 y con eso consolidar la revolución boliviana.

Escaramuzas hay por doquier y sensaciones de recorrer aparentes caminos sin retorno son inevitables. El balance final es el que importa. El gobierno y los movimientos sociales se erigen victoriosos, no sin enfrentar dificultades, a escasos 10 meses de que en Bolivia se registren unas elecciones generales que tendrán el carácter de históricas, pues como no había ocurrido en los últimos trece años, la certeza del triunfo de la izquierda está amenazada por una acumulación de fuerzas de parte de la derecha que no había ocurrido hasta ahora.

En las elecciones de diciembre de 2005, cuando Evo Morales obtuvo el 54% de la votación, era impensable que no ocurriese su triunfo. En las elecciones de 2009, las primeras con la nueva Constitución Política del Estado, redactada en la Asamblea Constituyente y aprobada por voto popular, Morales sacó un 64% y también era improbable una derrota. En las elecciones de 2014, era predecible el triunfo. En cambio, ahora, a pesar de un balance favorable en 2018, cualquier cosa puede pasar.

Pero como los procesos políticos no siguen un curso lineal y ascensional indefinido, y mucho menos las revoluciones se desarrollan en caminos asfaltados y exentos de espinas y curvas accidentadas, es evidente que las elecciones de 2019 en Bolivia adquieren un carácter estratégico, desde el punto de vista político y geopolítico. Veamos esas razones:
En primer lugar, por la intensificación de la disputa por un nuevo orden mundial entre Estados Unidos, que se niega a perder su sitial de hegemónico, con el bloque no declarado de China, Rusia y otros que apuestan por un equilibrio de poder en el que EE.UU. no cree o un mundo bipolar de nuevo tipo desde el punto de vista geopolítico y no ideológico.

En esa disputa Estados Unidos necesita recuperar el control de América Latina y para eso lo que tiene que hacer es desplazar a los gobiernos de izquierda y progresistas, así como acabar con las condiciones objetivas y subjetivas de un ulterior resurgimiento de las fuerzas antisistémicas, lo que le da a la contraofensiva imperial y derechista un sello fascistoide. Tener el control de la “isla continente” es vital para EE.UU. por razones geopolíticas, geoeconómicas y políticas. Las revoluciones boliviana, venezolana, nicaragüense y cubana son una piedra en el zapato para el proyecto estadounidense.

En segundo lugar, porque Bolivia no puede estar al margen de experimentar la implacable contraofensiva imperial en América Latina que, con distintos métodos —viejos y nuevos—, ya ha producido el retorno de las fuerzas de derecha y extrema derecha. Golpes de Estado en Honduras, Paraguay y Brasil. Victoria electoral conservadora en Argentina y Brasil (aunque en la última después del exitoso golpe en dos tiempos: contra Dilma Rousseff y Ignacio Lula). En Ecuador a través una Revolución pasiva conducida por una fracción de Alianza País de Correa. Donde la derecha está volviendo, lo hace no solo para desplazar sino para destruir.

Bolivia ha enfrentado, aunque menos intensamente, las múltiples agresiones estadounidenses en trece años. Desde apoyo a golpes de Estado hasta ataques mediáticos y amenazas de cerco internacional. No hay nada que indique una disminución de esos peligros en la era Trump. Todo lo contrario, hay señales de su incremento.

En tercer lugar, hay que apuntar que, salvo Ecuador, en los países donde se han producido transformaciones profundas se ha sabido no solo resistir sino derrotar la estrategia y los planes conservadores. Venezuela y Nicaragua continúan su paso emancipador a pesar de las tremendas dificultades económicas en el caso del primero. Cuba, con un nuevo presidente, no da señales de inestabilidad ni que esté en juego su marcha hacia un socialismo próspero y sustentable. Y Bolivia avanza a pesar del revés experimentado en el referéndum del 21 de febrero de 2016.

Es decir, en todos aquellos países donde los pueblos se han elevado a la categoría de poder, ya sea por la lucha armada o victorias político-electorales que dieron paso a Procesos Constituyentes profundos, el fuego de la emancipación no ha podido ser aplacado por la furia neoliberal fascistoide. Este es un dato no menor.

En cuarto lugar, es evidente que los éxitos de Bolivia en materia económica arrojan varias lecciones que los enemigos de los proyectos emancipadores no pueden tolerar ni mucho menos aceptar que siga su curso. El modelo boliviano, que ha logrado durante cinco años consecutivos ubicarse en primer lugar en la región, basa su fortaleza en los precios de las materias primas, pero sobre todo en la dinámica del mercado interno.

Pero no es económica sino política la mejor lección: no todo proyecto pos neoliberal está condenado a triunfar. La Bolivia de Evo Morales demuestra, con datos y no retórica, que un proyecto socialista es posible y factible para construir una sociedad con mayor igualación social en todos los planos. Los mitos de que la izquierda o un indio no saben gobernar se desvanecieron. El líder indígena campesino demostró todo lo contrario.

Aunque la política tiene su propia autonomía y no son pocos los ejemplos en la historia que lo confirman, es evidente que los logros en la economía le otorgan un cierto respiro, aunque es a la política que debe recurrir para recuperar algunos espacios perdidos. Quizá es eso lo que le ha permitido sortear la instalación en el imaginario de ciertos sectores de la población de los llamados “valores” políticos de alcance liberal con el que la derecha trata de llevar agua a su molino. Estamos hablando de los resultados del referéndum del 21 de febrero de 2016 y de la figura de la alternancia.

Desde el punto de vista propiamente político, también hay mucha experiencia y fortaleza acumulada. Una de las más importantes ha sido la promulgación de la Ley de Organizaciones Políticas, la que ha modificado el tablero político con un saldo a favor. La oposición se ha fragmentado y en ninguna de sus fuerzas hay una propuesta alternativa. Es más, el único campo donde la oposición actúa con cierta coordinación, que es la movilización en las calles, no ha tenido los resultados que esperaba ni el 21 de febrero ni el 6 de diciembre. Los paros y bloqueos fueron una caricatura, pero, para peor, en diciembre dieron paso a acciones de violencia que la ciudadanía los rechaza.

Sobre las elecciones primarias, que la derecha busca bloquear, es importante anotar que el MAS es la organización más grande del país. Más de un millón de militantes inscritos la deja como la única fuerza realmente con presencia nacional. Ya el objetivo se ha cumplido.

No menos destacados han sido sus movimientos en el campo internacional, donde la oposición ha fracasado en su intento de lograr pronunciamientos de la OEA y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en contra de la sentencia constitucional del 28 de noviembre que habilita a todas las autoridades nacionales y subnacionales, entre ellas a Evo Morales y Álvaro García Linera, a postular en las elecciones primarias y generales de 2019.

En síntesis, si bien con algunos problemas que requieren ser resueltos o factores que deben ser ajustados, la articulación de liderazgo histórico, fuerza organizada del pueblo y proyecto alternativo es lo que le da más posibilidades de triunfo al Proceso de Cambio en 2019.

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