diciembre 1, 2020

Chile versus Chile

Balance anual de la administración Piñera


Por Javier Larrarín-.


El domingo 11 de marzo del año 2018 por segunda vez asumió la presidencia de la República de Chile el empresario Sebastián Piñera. Esta vez tras derrotar al abanderado de Michelle Bachelet —el periodista y exsenador independiente Alejandro Guillier— con un 54,58% de las preferencias, equivalentes a 3.796.579 votos —de un universo electoral superior a los 14 millones—, en otras palabras, con una representación neta del 26% del padrón, en unos comicios donde triunfó la abstención.

Y aunque el político derechista prometió el oro y el moro a chilenas y chilenos en aras de “salvar un país que se cae a pedazos” (slogan de campaña), la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), publicada el pasado viernes 7 de diciembre, señaló que apenas un 37% de las y los encuestados aprueban su gestión. Por supuesto, en una reciente entrevista para la revista Capital, el primer mandatario evalúa sus ocho meses de gestión con nota 6 sobre 7, añadiendo: “Sumando y restando, creo que ha sido un buen año”. Paralelamente, la publicación estadounidense Forbes lo ha sindicado como la séptima fortuna de Chile y #745 del mundo, con un patrimonio estimado en al menos 2.500 millones de dólares.

La Haya no apaciguó las aguas

Sin lugar a dudas el contundente y previsible fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya favorable a Chile, en los primeros días de octubre, significó un alivio para un Gobierno impopular y cuestionado. Pero el minuto de proclamas patrioteras se esfumó, las aguas volvieron agitadas a su curso y emergieron multitudinarias protestas ciudadanas, abiertamente reprimidas.

Quizás el movimiento social de mayor envergadura —tanto en capacidad movilizadora como en profundidad ideológica— en Chile durante el año 2018 fue el feminista. A las múltiples denuncias de acosos y abusos sexuales en el mundo televisivo y cinematográfico nacional, se sumaron las de jóvenes universitarias que entre los meses de abril y junio se tomaron más de 32 universidades a lo largo del país, desembocando en una gran marcha por la reconocida avenida capitalina Alameda Bernardo O’Higgins donde se congregaron más de 200 mil personas que, entre un amplio petitorio, demandaron legislar por una “educación no sexista”. La respuesta del Gobierno no se hizo esperar y publicó un plan en esta materia, “Agenda Mujer”, mismo que ha sido cuestionado hasta hoy por congresistas de izquierda y ciudadanía en general, dejando irresuelto el tema de fondo.

Terrorismo de Estado en zona mapuche

Fiel a su retórica conciliadora, Sebastián Piñera dedicó sus primeros seis meses de trabajo para aparentemente solucionar los seculares conflictos de desigualdad y violencia en la región de La Araucanía, territorio del pueblo mapuche. Para esto, el lunes 24 de septiembre dio a conocer el “Acuerdo Nacional por el Desarrollo y la Paz en La Araucanía”.

Sin embargo, a poco del anuncio, el miércoles 14 de noviembre, el comunero mapuche Camilo Catrillanca (24 años) fue asesinado, con disparos en la cabeza, por efectivos del Grupo de Operaciones Policiales Especiales (GOPE) de Carabineros, específicamente por el “Comando Jungla”, una banda entrenada en lucha antiguerrillera en Colombia.

Al respaldo inmediato del Gobierno de Piñera al actuar policial, siguió una cadena de mentiras emanadas del Palacio de La Moneda y Carabineros, las que iban desde que los disparos emitidos se hicieron en medio de un enfrentamiento, hasta que Catrillanca tenía antecedentes penales por robo y de hecho se trasladaba en calidad de fugado tras hurtar unos autos, inclusive que los efectivos del “Comando Jungla” no llevaron sus cámaras para grabar el procedimiento y por tanto no había otras pruebas que los testimonios de los propios carabineros. Todas y cada una de las versiones resultaron ser falsas: no hubo enfrentamiento, la policía atacó sin motivo alguno a Catrillanca (quien no tenía antecedentes penales) dándole muerte, y sí existen videos del procedimiento. La ola de indignación en la población mapuche y chilena se ha multiplicado ante las sucesivas mentiras emanadas desde las instituciones del Estado, en uno de los tantos asesinatos contra comuneros mapuche en tiempos de supuesta democracia. Al escribir estas líneas, el Parlamento ha ordenado abrir una comisión investigadora del crimen y solicitar las renuncias del Ministro del Interior (primo de Piñera) y del Director General de Carabineros.

¿Feliz año nuevo?

pocos días de que finalice el turbulento 2018, los impasses del oficialismo en la agenda política nacional e internacional suman y siguen: primero, el Gobierno se abstuvo de votar en la ONU en favor del “Pacto Global para la Migración Segura, Ordenada y Regular”, aprobada por 152 países del mundo, poniendo en tela de juicio la tradición chilena de soporte a las y los migrantes; segundo, el Gobierno hizo un eficaz lobby para conseguir respaldo parlamentario en la aprobación de la ley “Aula Segura”, que faculta la expulsión de estudiantes secundarios y universitarios de sus centros de estudios por temas de “violencia”, causa que queda sujeta al criterio de las autoridades de los establecimientos y del Ministerio de Educación y a todas luces será empleada para perseguir a estudiantes movilizados por la gratuidad y equidad educativa.

Igualmente, en estos momentos el Gobierno trata de arbitrar en el conflicto suscitado entre los trabajadores portuarios de Valparaíso (al que se han sumado puertos de distintas partes de Chile), que llevan 34 días en paro, y los consorcios monopolistas privados que se niegan a concederles beneficios salariales sustantivos y condiciones laborales dignas y seguras.

Mientras tanto, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) publicó que la economía chilena alcanzará un 3,9% en el año 2018, y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) reconoció que este país austral es el más desigual del organismo; echando por tierra otras dos promesas de campaña de Sebastián Piñera y la derecha criolla, quienes finalmente se han inclinado por gobernar por y para un pequeño grupo de chilenos, en contra de otro inmensamente mayor.

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