diciembre 5, 2020

Frenazo de la economía panameña en 2018


Por Osvaldo Rodríguez Martínez-.


Panamá-. El frenazo de la economía marcó el 2018 en Panamá, nación que terminará con un crecimiento muy por debajo del cuatro por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), al analizar el desempeño hasta octubre.

La reacción positiva en el tercer trimestre del año, que superó igual período de 2017, permitió aminorar la caída del indicador que de enero a octubre acumuló 3,14 por ciento, apoyado entre otros, por los excelentes resultados financieros del canal interoceánico y la parcial recuperación de la zona franca colonense.

Los economistas independientes y las entidades gubernamentales se deshacen en contradictorios argumentos para explicar la desaceleración económica, pero sin abandonar los tintes políticos.

Incidió en la debacle, la larga huelga de los constructores convocada en abril por el Sindicato Único de Trabajadores de la Construcción y Similares; sin embargo, cada vez pierde peso en los análisis el hecho que esta sea ‘la causa’ de la caída del PIB y la pérdida del liderazgo regional en el indicador.

‘¿Dónde está el origen? No en la huelga de la construcción. Sino en la pugna entre el Órgano Ejecutivo, el Órgano Legislativo y el Órgano Judicial’, destacó el economista Adolfo Quintero, en declaraciones al canal local TVN.

Mientras, otros expertos hablan del estancamiento del comercio minorista, construcción, restaurantes, hoteles y empleo formal, elementos que percibe el común de los ciudadanos, quienes hablan de que ‘no hay dinero en la calle’.

La nación lideró la región en el PIB con un crecimiento medio anual del 7,2 por ciento entre 2001 y 2013, según el Banco Mundial (BM), bandera que agita el actual gobierno como muestra de solidez, frente al 2,8 promediado por América Latina y el Caribe en el mismo período.

En una concepción donde ‘los árboles impiden ver el bosque’, quienes dictan la política enarbolan indicadores aislados, en los cuales el país muestra logros como son inversión extranjera directa, control de la inflación, activos bancarios, plataforma logístico-financiera y aportes netos del canal interoceánico.

Cambios en la metodología al medir el índice de pobreza multidimensional (IPM) hizo el ‘milagro’ de salvar estadísticamente del flagelo a 150 mil panameños, según datos oficiales; mientras que 19,1 por ciento de la población siguió afectada el pasado año, o sea, 777 mil 752 habitantes.

El IPM asumió el concepto de Naciones Unidas sobre la insuficiencia de considerar los ingresos monetarios como único parámetro y tomó en cuenta, de forma proporcional, el acceso a educación, salud, empleo, vivienda, saneamiento, entorno y ambiente, además de la vulnerabilidad de los sectores.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, también conocida como el clan de los países ricos, afirmó en un estudio que los motores del crecimiento de la nación ‘parecen incapaces por sí solos de seguir impulsando el progreso socioeconómico y la inclusión’.

El Estudio Multidimensional de Panamá sugirió que la nación ‘necesita hallar nuevos motores de crecimiento y superar las vulnerabilidades para responder a las demandas cambiantes de sus ciudadanos’, porque sus pilares económicos solo son el canal interoceánico, el sector financiero y la construcción.

Tales fragilidades podrían retornar al inseguro futuro de los pobres a quienes salieron de esa clasificación, pero enfrentan el peligro del retorno al fondo de la escala en este tipo de sociedad.

La investigación elogió las cifras de crecimiento económico, pero acotó que ‘la riqueza no es permeable a todas las capas sociales, lo que perpetúa la brecha entre pobres y ricos’.

El BM colocó a Panamá en el sexto lugar de los países más desiguales del mundo, precedido en orden por Sudáfrica, Haití, Honduras, Colombia y Brasil, mientras completan la lista Chile, Ruanda, Costa Rica y México, según el Coeficiente Gini, que mide el indicador mediante una fórmula matemática.

MODELO ECONÓMICO CANALERO Y ‘TRANSITISTA’

‘Panamá es un país que tiene un modelo económico basado en el servicio que ofrece el canal, pero también es necesario desarrollar los sectores productivos para poder distribuir equitativamente las riquezas’, opinó el politólogo Richard Morales en una entrevista.

En su análisis consideró el suyo un país singular, cuya economía ha dependido históricamente de la posición geográfica, y ‘hay que ver cómo nos potenciamos para superar una economía de servicio e ir hacia una productiva que es el gran reto que tenemos’, expresó.

En declaraciones a Radio Panamá expresó que el sistema de desarrollo es ‘rentista y especulativo’, y abandona a la mayoría de su población, el desarrollo social y el bienestar humano, pero ‘que le salpica’ con obras de un modelo que calificó de ‘transitista’.

Al explicar el término, Morales señaló que Panamá es ‘un país de paso’, dependiente del tránsito de personas, mercancías y capitales, como ‘un gran centro de peaje, que cobra un mínimo de renta por esa mercancía que pasa por aquí a través de las zonas francas, el canal o los capitales que pasan por el centro financiero’.

Señaló que el Istmo no crea riquezas, sino las extrae, lo cual explica en gran parte la pobreza de las mayorías y la abundancia concentrada en monopolios y oligopolios que controlan esos servicios, bajo la protección del Estado.

La causa de los problemas de la nación es el modelo agotado, según algunos sectores locales que tomaron conciencia de ello y proponen una evolución donde el desarrollo humano sostenible en equilibrio con el medio ambiente, permita una redistribución justa de la riqueza creada.

En la propuesta de algunos intelectuales, Morales entre ellos, no se trata de vanagloriarse de liderazgos en índices globales, sino de ser un país con mejor calidad de vida, educación y otros indicadores sociales, aprovechando la ubicación geográfica.

Por ahora, Panamá debe conformarse con un PIB que cayó este año de 5,6 por ciento del pronóstico inicial, superior a 2017, hasta un modesto 3,8 si los últimos resultados de noviembre y diciembre lo impulsaron con fuerza. El consuelo de las autoridades es mirar a 2019, cuando esperan que el inicio de la explotación de una gigantesca mina de cobre y la megaconstrucción del cuarto puente sobre la ruta transístmica, devuelvan al país al sitial de honor regional, en lo que a crecimiento del PIB se refiere.

Y en medio de los sueños, Panamá ve a China como el gran socio comercial e inversionista que puede catapultarlo a planos estelares, tras el establecimiento de relaciones diplomáticas en junio de 2017 y donde el cuarto puente que construirá un consorcio de esa nación asiática solo será el primer gran paso.

Pero el país adolece de un programa que sobrepase los cambios quinquenales de gobierno, por tanto, los resultados de las elecciones de 2019 marcarían la impronta de la conducción de la economía, según la filosofía de quien asuma la presidencia.

Aunque los más realistas aseguran que las urnas dejarán a la nación casi intacta: el país secuestrado por el capital, el sexto más desigual del mundo y la quinta parte de su población en la pobreza, a pesar de una economía de renta alta y el presupuesto público anual de unos 24 mil millones de dólares para cuatro millones de habitantes.

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