diciembre 3, 2020

El gonismo se reúne en Santa Cruz

El jueves pasado, con un ruido más mediático que real, un grupo de comités cívicos del país organizó una reunión a la que convocó a los candidatos de la oposición y al cada vez más tristemente Comité de Defensa de la Democracia (CONADE), con el objetivo de trazar una línea contra la postulación de Evo Morales en las elecciones de octubre de este año.

Las conclusiones eran de sobra predecibles: pedir la activación de la Carta Democrática Interamericana de la OEA, la renovación del Tribunal Supremo Electoral (TSE), el respeto al resultado del 21 de febrero y la inhabilitación del binomio oficialista. Y, además, recoger firmas en esa dirección para entregar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que sesionará en Bolivia el 7 de febrero.

Es decir, nada nuevo. La línea que une a la oposición es que Evo y Álvaro no pueden ser candidatos, lo que en buenas cuentas significa pretender quitarle a la mayor parte de la población el derecho de elegir al próximo presidente y vicepresidente entre un abanico más amplio. Su acepción de democracia es que el pueblo, como sucedió entre 1985 y 2002, elija entre neoliberales.

Lo que es bueno subrayar es que se trató de un conclave del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) de la era del gonismo. La expresidente de la Cámara de Diputados, Gabriela Montaño, dijo que solo faltaba Gonzalo Sánchez de Lozada y es verdad. Las fotografías son elocuentes: Carlos Mesa, Víctor Hugo Cárdenas, Gustavo Pedraza, Virgilio Lema, Samuel Doria Medina (ministro poco antes de la caída de Goni) y los dirigentes cívicos.

Lamentable, sin embargo, la presencia del rector de la UMSA, Waldo Albarracín, quien se ha sumado a la lista de varios exdirigentes y militantes socialistas con sello rosado desde 1993.

No hay duda que a Mesa lo traiciona, no el inconsciente, sino el peso de la historia y su visión del mundo. Por eso no es casual, que eso en la política y el mundo real no existe, que haya sido el vicepresidente de Goni. A pesar de que luego trató de lavarse las manos como Pilatos, el periodista construyó profundos lazos con el gonismo (no solo por necesidades económicas como dice Mauricio Balcazar), sino con la convicción de que el neoliberalismo es lo mejor para el país. Eso quiere decir, achicamiento del Estado, anulación de las políticas sociales, transnacionalización de los recursos naturales y las empresas públicas y una anulación de la soberanía nacional.

Es evidente que Mesa le teme a Evo Morales. El político gonista, al que el propio gobierno lo sacó del olvido por algún calculo que no termina de entenderse, no puede ni podrá presentar algún proyecto alternativo al que desarrolló su mentor hoy refugiado en Estados Unidos. Esperar lo contrario sería una ingenuidad y una falta de memoria de la historia.

Este dato del jueves (reunión de gonistas) lo que hace es develar que en las elecciones de octubre se objetivará la contradicción entre el regreso al pasado antinacional y anti indígena-popular y la continuidad de un proceso de cambio que, con sus errores, sigue siendo el mejor de la historia de Bolivia.

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