marzo 7, 2021

Pedro Sánchez, López Obrador y Nicolás Maduro, una cuerda estirada


Por Luis Manuel Arce Isaac-.


México-. La forma en que el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, abordó en privado a su anfitrión Andrés Manuel López Obrador sobre Venezuela queda en la intimidad, pero cómo afloró en la rueda de prensa conjunta es interesante.

Salta a la vista que al parecer hubo un compromiso tácito de no hablar de ello en las palabras iniciales a los periodistas ante quienes mostraron una agradable tonalidad en las relaciones bilaterales y excelentes perspectivas de desarrollo.

Incluso los lances para hacer referencia a la independencia soberana de sus políticas exteriores respectivas carecieron de espinas punzantes. Primó la inteligencia en el planteo y fue muy destacado el sosiego característico de López Obrador.

Sin embargo, la incitación provino de dos de los periodistas españoles ansiosos de escarbar en las diferencias de ambos mandatarios en el caso venezolano.

El uno indagó sobre un sujeto en proceso de fabricación mediática llamado Guaidó, sin antecedentes políticos, como creado en probeta y criado en incubadora.

La otra complementó la pregunta de su colega al darle vida sin tenerla a un ‘presidente’ por encargo -como pifió Donald Trump al nombrarlo así- y puso a esa persona como sujeto activo de un ‘grupo de contacto europeo’ para impulsar un diálogo cuyo objetivo es el mismo de Washington y el Grupo de Lima, desconocer a Nicolás Maduro como presidente y convocar supuestas elecciones libres.

Fue evidente la maniobra de ambos periodistas por lo forzada que se vio, pero interesante pues abrió el paréntesis del tema venezolano que subyacía en la visita y que en República Dominicana tuvo un diapasón con un registro mucho mayor que en México.

En la primera cuestión, el reconocimiento de Guaidó, López Obrador admitió que había platicado con el señor presidente del Gobierno español sobre este tema.

Hay entendimiento y comprensión acerca de la política que seguimos, tanto el Gobierno de España como el de México; cada uno de acuerdo con su circunstancia, su historia, sus leyes, añadió.

Por si no fue suficiente, hizo aclaraciones imprescindibles: ‘En el caso nuestro, por tradición, la política exterior se sustenta en los principios de no intervención, autodeterminación de los pueblos, de solución pacífica de las controversias, de cooperación para el desarrollo’.

Por supuesto que el momento le permitió a Sánchez presentar su guión antivenezolano, sobre todo las principales constantes de la campaña contra Maduro: España no quiere quitar o poner gobiernos, dijo.

Lo que quiere es que, por métodos democráticos, con unas elecciones justas, limpias, transparentes, la sociedad venezolana encuentre una salida a la crisis que vive desde hace ya muchos años, agregó.

Se diría que su experiencia diplomática pudiera ponerse en duda, pues esa invitación a violar la soberanía de un país institucionalizado se contraponía a una iniciativa muy racional planteada por el presidente anfitrión en conjunto con el de Uruguay, para buscar una salida negociada según los principios del derecho internacional.

La otra periodista española, al no recibir la respuesta esperada de López Obrador, le preguntó:

‘Quería que me aclarara si usted no está dispuesto a formar parte del grupo de contacto que están impulsando España y la Unión Europea para esta crisis, puesto que lo que persigue ese grupo es la celebración de unas elecciones presidenciales en Venezuela’.

El mandatario mexicano respondió con su tranquilidad acostumbrada:

‘Acerca del planteamiento sobre Venezuela, es diálogo como primer paso. No se pueden imponer las cosas. Primero se tienen que sentar a dialogar las partes. Y ya el diálogo, como lo dije, es un buen avance para el entendimiento.

En vez de hacer recomendaciones lo mejor es que auspicie la posibilidad del diálogo entre las partes. Yo estoy seguro que eso va a ayudar.

‘Pero lo tienen que resolver los venezolanos. Un diálogo, no a la confrontación. Esa es nuestra postura’, y recordó nuevamente la frase célebre de Benito Juárez: ‘Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz’.

Eso es parte de nuestra política exterior. Son los fundamentos históricos de nuestra política. Y además nosotros sostenemos estos principios, porque no queremos que gobiernos ajenos, extranjeros, intervengan en asuntos que sólo competen a los mexicanos, concluyó el mandatario ante el silencio de los periodistas.

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