noviembre 29, 2020

La perversidad y nefasta huella histórica del fascismo


Por Frank González-.


Roma-. Un siglo después de su fundación el 23 de marzo de 2019 por el dictador Benito Mussolini en la ciudad de Milán, el fascismo es repudiado hoy en todo el mundo por su perversidad y nefasta huella histórica.

La sede del Círculo de la Alianza Industrial, ubicada en la milanesa Plaza de San Sepolcro, fue el lugar donde Mussolini anunció la creación de los ‘Fasci Italiani di Combattimento’ (Fic), nombre con el cual denominó a su nuevo movimiento político, devenido Partido Nacional Fascista, en 1921.

Mussolini presentó la nueva agrupación como una alternativa a la partidocracia y el sistema político imperante hasta entonces, a cuyos exponentes acusaba de traicionar los intereses nacionales y provocar la humillación del país como resultado de la I Guerra Mundial.

Una de las banderas y, al mismo tiempo, sostén principal del movimiento fue el concepto de la ‘victoria mutilada’, bastante extendido entre ciertos sectores de la población para referirse a la supuesta escasa compensación territorial recibida por Italia, en comparación con su contribución a la contienda bélica.

El proyecto político de vocación autoritaria y nacionalista impulsado por Mussolini, tuvo una base social heterogénea, con la violencia y la coacción como métodos de acción política, en un contexto histórico complejo hasta construir un consenso nacional centrado en la idolatría y obediencia al ‘Duce’.

Contrario a los postulados de avanzada recogidos en su programa inicial, el fascismo se convirtió en el instrumento de las clases dominantes para detener el avance de las luchas obreras y campesinas, las cuales tuvieron su período de mayor auge entre 1919 y 1920, durante el llamado ‘bienio rojo’.

Esa fue una etapa caracterizada por la intensidad de la agitación política y laboral motivada por el impacto social de la severa crisis económica de la posguerra, aunque su gestación comenzó en pleno fragor de la contienda.

Socialistas y comunistas fueron los blancos principales de los ataques de Mussolini, quien el 28 de octubre de 1922 encabezó la Marcha sobre Roma, movilización armada de unas 25 mil ‘camisas negras’ cuyo objetivo principal era presionar al entonces rey Vittorio Emanuele III, para acceder al gobierno.

Con la anuencia del monarca asumió las riendas del régimen que encabezó a partir del 31 de octubre de 1922 y durante el cual aplastó a sus oponentes, hasta alcanzar el control absoluto sobre el sistema político nacional en la segunda mitad de la década de 1930.

En esa etapa dictó y aplicó, a partir de 1938, las llamadas leyes raciales, conjunto de normas dirigidas a preservar la ‘raza italiana’ considerada por el fascismo de ‘origen aria’, en su mayoría, para lo cual se desató la represión y persecución de la población de origen judío.

Una de las víctimas de aquel período fue la actual senadora vitalicia Liliana Segre, quien sufrió el hostigamiento nazi-fascista desde la edad de ocho años por sus orígenes judíos, cuando fue expulsada de la escuela primaria y deportada al campo de concentración de Auschwitz, donde perdió a su padre.

Tatuada con el número 75190 al ingresar en el campo de exterminio, la niña de 13 años fue sometida a todo tipo de ultrajes y trabajos forzados en una fábrica de municiones propiedad de la empresa Siemens, pero finalmente logró sobrevivir.

Tras apoyar el alzamiento militar encabezado por Francisco Franco contra la República española, el dictador se unió en 1939 a la aventura bélica de la Alemania nazi, a través del Pacto de Amistad y Alianza suscrito entre los ministros del exterior de ambos países y en 1940 declaró la guerra a Gran Bretaña y Francia.

Con poca preparación y sin recursos para enfrentar varios escenarios simultáneos de guerra fuera de las fronteras italianas, Mussolini decidió imitar a sus aliados nazis con incursiones en la exYugoslavia, Albania, Grecia y África, norte y subsahariana, pero sin éxito.

El gobierno instalado el 31 de octubre 1922 duró hasta el 25 de julio de 1943, cuando Mussolini fue obligado a renunciar por decisión mayoritaria del Gran Consejo del Fascismo, tras lo cual se produjo su arresto.

Rescatado por tropas alemanas en el macizo montañoso del Gran Sasso, el dictador acordó con Adolfo Hitler la creación de la República Social Italiana, instaurada el 28 de septiembre de ese mismo año, con sede en la norteña localidad lombarda de Saló.

Carente de respaldo institucional y hostigada por la resistencia antifascista, el estado controlado por la ocupación militar germana de la mitad septentrional de la península, existió hasta la derrota del eje nazi-fascista el 25 abril de 1945, efeméride recordada cada año por los italianos como el Día de la Liberación.

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