diciembre 4, 2020

Los cuatro pecados capitales de la oposición


Por José Galindo *-.


El comportamiento de la oposición como un todo no es coherente. Quieren deshacerse de Evo Morales, pero ni se esfuerzan ni se sacrifican para lograrlo. Su fraccionada complejidad, su inclinación al rentismo, su falta de originalidad… resumamos esto en cuatro vicios, cuatro pecados capitales, si se quiere, que sufre nuestra oposición, para nuestra dicha: Ambición, vanidad, desconfianza e inexperiencia.

Entre 2016 y 2018 el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) atravesó uno de sus momentos más difíciles e inciertos desde la arremetida cívico regional de 2007 y 2008. Su derrota en el referendo constitucional para abrirle el paso a una nueva candidatura del presidente Morales debilitó notablemente la imagen de un hombre que desde la última elección general de 2014 no hizo más que reforzar una imagen de imbatibilidad indiscutible. Su popularidad se vio mermada hasta el punto de ser alcanzado, hasta fines del año pasado, por otro candidato en un virtual empate.

Así, con todo ello a su favor, la oposición política no fue capaz de capitalizar el momento de mayor debilidad oficialista y, después de ponerse en marcha la Ley de Organizaciones Políticas y convocarse a elecciones primarias, no deja de dar señales de desintegración y rivalidades intestinas que hacen pensar que su mayor debilidad es carecer, casi por completo, de sentido común. De esas incoherencias de la oposición ha resultado beneficiado el proyecto oficialista que muestra una leve recuperación que, aunque no por mucho, le van dando ventaja a Evo Morales en la preferencia electoral, según se puede concluir de una lectura de todas las encuestas realizadas en marzo.

La línea editorial de los medios de prensa de nuestro país es difícil de malinterpretar, dando paso, muchas veces, a la impresión de que vivimos en un país polarizado. No siempre es el caso. Éste medio, La Época, ha acompañado decidida y abiertamente el Proceso de Cambio desde sus inicios, y Página Siete jamás se ha molestado en esconder, con todo derecho, su disentimiento con éste gobierno. Sus páginas de opinión son la expresión más elocuente de la forma que tienen de ver el mundo, de los deseos, miedos y disgustos de una parte de la población que no comulga con el MAS. Una de las ideas más recurrentes entre sus columnas de opinión es el deseo de que la oposición pueda lograr cierto grado de unidad y convergencia suficiente como para desalojar a Evo Morales del poder. Sus aspiraciones se ven frustradas elección tras elección. Su corazón se rompe candidato tras candidato.

En un momento fue Juan del Granado quien cautivó las esperanzas de los detractores de Morales. El exalcalde, de larga y envidiable trayectoria política, a pesar de sus muchos logros como abogado y burgomaestre, no pudo armonizar intereses y visiones de país en las elecciones de 2014, donde terminó perdiendo hasta la personería jurídica de su partido, emblema de la ciudad de La Paz desde inicios de éste siglo. Ahora Mesa parece ir hacia el mismo derrotero, a pesar de contar con condiciones muchísimo más favorables que Del Granado, quien era, por otra parte, un político mucho más experimentado en la lucha política y partidaria que el exvocero de la demanda marítima, quien tampoco puede ser subestimado en este sentido. La oposición no aprende de sus errores, es claro, y no puede ponerse detrás de ningún candidato, por más idóneo que éste sea.

Las últimas encuestas publicadas por Página Siete, a cargo de la empresa Mercados & Muestras, sugieren que Mesa y Morales se mantienen enfrascados en el empate antes mencionado, con 32% y 31% respectivamente. Si bien todavía se ubica lejos de los dos primeros, el candidato Oscar Ortiz se muestra más coherente en la derecha opositora y no sería nada raro que su intención de voto vaya creciendo. La derecha más radical tiene históricamente cerca de un 25 por ciento.

El problema acá reside no en que el gobierno no puede subir sus niveles de popularidad, según estas encuestas que solo toman las nueve capitales de departamento más El Alto y ciudades intermedias, dejando de lado la población rural dispersa donde el oficialismo es hegemónico. El problema para la oposición es que no puede subir en su intención de voto, ni puede lograr la unidad necesaria para cumplir su ya añejo deseo de sacar a Evo Morales del Palacio de Gobierno. El problema es que su comportamiento no es coherente, entre su objetivo último y su acción partidaria y política. ¿O es, tal vez, que muchos de los líderes de la oposición no desean realmente que Morales abandone el poder? Casi un problema de orden psicológico, los militantes del MAS no pueden imaginar un mundo sin Morales, y al parecer, tampoco muchos líderes de la oposición. Lo único que comparten es su disgusto por Morales, y al parecer lo único que les disgusta en ésta vida es Morales. No pueden dejar de pensar en Morales. De programa alternativo, nada.

Explicaciones comunes para la discordia opositora

Se ha señalado la ausencia de un programa serio y visión de país elaborada por parte de las muchas oposiciones como una posible explicación a esta su incapacidad de unirse. En lo único que parecen estar de acuerdo es en su percepción de que éste gobierno no es democrático o plenamente democrático. Idea, por lo demás, que ni siquiera fue desarrollada por ellos mismos, sino por fundaciones y Think Tanks como The Economist Intelligence Unit o The Heritage Fundation que parten de una visión de la democracia elaborada durante la Guerra Fría, que opone al occidente democrático y capitalista contra el totalitarismo soviético y socialista. Un criterio valido, como cualquier otro, pero al mismo tiempo un criterio que les fue transferido desde el exterior, no nació de ellos.

Otra explicación usualmente empleada por analistas y opinadores sobre el tema para explicar la impotencia opositora para constituir una opción única contra Morales apunta a la existencia de valores, intereses y programas muy diferentes pero no incompatibles entre las diferentes oposiciones; parten de clivajes políticos diferentes. Así, mientras la oposición oriental sigue respondiendo, en gran medida, al clivaje regional que se expresó en algún momento en la demanda autonomista departamental y por ello mismo apoya más a Ortiz que a Mesa; la oposición occidental, por otra parte, responde más a los estímulos del clivaje étnico y clasista que arrastra la sociedad boliviana desde sus inicios, empatizando más con un hombre blanco y culto como Mesa: el fetiche de la intelectualidad. La incapacidad para armonizar objetivos y programas respondería a ejes de gravedad diferentes para cada oposición.

Una tercera explicación apunta a diferentes rasgos de la cultura política boliviana como el caudillismo, el patrimonialismo y el paternalismo de los líderes partidarios sobre sus bases; rasgo que se basa en la posesión de capital económico como principal garantía de control político sobre un partido que resulta ser menos democrático que la supuesta verticalidad orgánica del MAS, y que al mismo tiempo convierte toda posibilidad de alianza entre partidos opositores en una lucha de egos. Incluso Mesa, quien no necesariamente es el arquetipo de éste caudillo adinerado, impone sus condiciones como presidenciable, reservándose la prerrogativa de elegir a su vicepresidenciable, por encima de la supuesta democratización interna que dice defender.

Otra explicación que podemos ensayar acá parte del hasta hace poco tan mencionado rentismo de la sociedad boliviana; es decir, su orientación a vivir de las rentas que produce el Estado como principal medio de reproducción económica y social, en vez de desarrollar su productividad y competitividad. Todos quieren ser parte del Estado, pues es el Estado la principal fuente de capital económico y simbólico de nuestro país: desde los cargos, los empleos, la posibilidad de adjudicar obras y proyectos a familiares, aliados y amigos. “Capitalismo de camarilla”, lo llamaron algunos hasta hace poco, señalándolo como un rasgo distintivo del MAS: Mentira, o verdad a medias. La polémica que ahora atraviesa Sol.bo actualmente, y Siñani en particular, demuestran que este es un rasgo de la política boliviana, también opositora.

¿Será posible que la incapacidad opositora para unirse también parte de ese cálculo egoísta sobre cómo se repartirán cargos, obras y empleos? ¿Podrían, acaso, repartirse la torta todos los partidos de oposición de tal manera que todos queden contentos y satisfechos? ¿Es la torta muy pequeña o es su apetito muy grande?

Ahora bien, no es que no exista faccionalismo dentro del MAS, pero éste se encuentra regulado y hasta contrarrestado por el liderazgo de Morales, que para bien o para mal, se erige como el último árbitro y garante de la estabilidad de las alianzas al interior del partido de gobierno. La oposición, por otra parte, sólo tiene reyes pequeños, casi feudales, que no pueden armonizar sus prerrogativas sobre sus propias organizaciones políticas con el interés de su ¿clase? como un todo. Los mismos vicios de la política boliviana afectan a los actores de manera diferente, pero que quede claro que son los mismos vicios. Tal como apuntó Ricardo Bajo en una columna de opinión publicada hace poco en La Razón: la oposición, sus líderes y sus partidos han demostrado la misma inclinación hacia la corrupción que muchos miembros del oficialismo. Los principales elementos discursivos que la oposición usa contra el gobierno, se aplican a ella. El pueblo, la ciudadanía, el electorado o como se quiera llamarlo puede tener una memoria débil, pero no es estúpido. Puede percibir estas contradicciones.

Pobreza espiritual o defectos de personalidad

El comportamiento de la oposición como un todo no es coherente. Si en serio quisieran deshacerse de Evo se esforzarían más, sacrificarían más. Dejemos a un lado, por un momento, las explicaciones estructurales. Su fraccionada complejidad, su inclinación al rentismo, su falta de originalidad… resumamos esto en cuatro vicios, cuatro pecados capitales, si se quiere, que sufre nuestra oposición, para nuestra dicha: Ambición, vanidad, desconfianza e inexperiencia. Estos cuatro defectos inherentes a la personalidad de sus líderes emergen sintomáticamente al momento de relacionarse entre ellos.

La ambición y la vanidad no necesitan explicación ni ejemplificación alguna, pero sí la desconfianza y la inexperiencia de los opositores y particularmente de Mesa. La elección de su vicepresidente posiblemente sea otro momento de quiebre y desencuentro, sobre todo si ese cargo termina cayendo en las manos del exclusivo y excluyente círculo que constituyen sus asesores de primera línea. Su inexperiencia, por otra parte, posiblemente se siga expresando en la pasividad y percibida falsedad por las cuales lo acusan hasta ahora.

Aunque no podemos demostrar objetivamente la motivación de cada actor político en el escenario actualmente, dispersión del voto opositor en ocho agrupaciones demuestra que, contra todo pronóstico, cada líder cree poder alcanzar la presidencia individualmente o por lo menos hacerse notar mediáticamente, ignorando que Mesa es, sin duda, el candidato mejor posicionado en las encuestas después del propio Morales. Esta omisión deliberada da datos tan obvios de nuestra realidad también hace pensar que la presencia de Morales en el gobierno no es tan dramáticamente negativa como muchos opinadores afirman; ciertamente, para ellos, ponerle fin al gobierno del MAS no es una cuestión de vida o muerte.


* Es politólogo.

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