noviembre 25, 2020

La CIA, el narcotráfico y la actual agenda mediática


Por Fernando Rodríguez Ureña *-.


La actividad del narcotráfico, no sólo es producto de mafias carteles que se han repartido el territorio mundial para realizar esta actividad ilícita, sino también es una actividad que tiene la protección de grandes potencias mundiales, que supieron y saben utilizarlo como fuente de financiamiento de las acciones “no oficiales” inscritas en sus planes geopolíticos como parte de construcción de su hegemonía territorial.

Es conocido que desde los años 60, manuales relacionados con inteligencia militar de los EE.UU., señalan la necesidad de que sus agentes se aliaran con contrabandistas y operadores del mercado negro, justamente para enfrentar al enemigo interno.

Son varios los casos que se presentaron históricamente y que tienen a la CIA como su denominador común. Daremos ejemplo de algunos que se produjeron en los cuatro puntos cardinales del planeta.

En Laos, durante los años 60, la CIA se alió con la secta moon, quienes traficaban con opio. Miembros de esta secta, durante el gobierno de García Mesa, hicieron un fuerte donativo al gobierno narcotraficante boliviano.

En Afganistán la CIA apoyó a varios comandantes rebeldes afganos, entre ellos el líder Gulbuddin Hekmatyar y sus partidarios mujaheeden en su lucha contra la Unión Soviética. Estos mismos, alguno años después, controlaban el hasta la tercera parte de la producción del opio que exportaban a Europa y EE.UU. La complicidad indirecta de la CIA no implicaba la fabricación, sino la tolerancia o la ignorancia asumida respecto al comercio, el transporte y sobre todo la protección política para esta actividad.

La RP China tampoco se libró de la acción de la CIA mediante el narcotráfico. La CIA en apoyo a Chiang Kai-shek, inventor del Estado de Taiwán y opositor a Mao TseTung, apoyó el contrabando de opio desde Birmania y Tailandia hacia China, usando su flota de aviones de la empresa Air América, una de las empresas que manejaba no oficialmente.

A finales de la década de los 80, el comité que escribió el Informe Kerry, concluyó que quienes siendo miembros del Departamento de Estado de Estados Unidos de América, que hubiesen prestado apoyo a los contras, recibieron con su consentimiento, asistencia financiera y material de los traficantes de drogas.

La enmienda Boland, prohibía la financiación directa a los contras.
Resultado de esto, se produjo la inundación del crack, especialmente en Los Ángeles, aumentando de manera significativa los ingresos de los contras nicaragüenses. En este caso también la CIA fue cómplice indirecto, como ocurriera con el opio de Afganistán.

Para la introducción de cocaína a los Estados Unidos, la CIA creo una infraestructura en Yucatán, mediante miembros de los carteles de Medellín y de Guadalajara como Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha, Rafael Caro Quintero, Miguel Ángel Félix Gallardo y Juan Matta-Ballesteros. Los traficantes de droga colombianos y mexicanos apoyaban económicamente a la Contra a cambio de facilidades para introducir drogas en Estados Unidos.
Los traficantes de droga colombianos y mexicanos apoyaban económicamente a la Contra a cambio de facilidades para introducir drogas en Estados Unidos.

Las relaciones entre la CIA, el cartel de Medellín y el cartel de Guadalajara quedaron de manifiesto en las declaraciones de Ernest Jacobsen, agente de la DEA, en la investigación que abrió la Cámara de Representantes de Estados Unidos sobre el escándalo Irán-Contras.

Hay también constancia de la relación que mantuvo en ese tiempo Manuel Antonio Noriega (Panamá) con la CIA, sus actividades con el tráfico de drogas y la vinculación con la financiación de la guerrilla antisandinista.
En declaraciones a la periodista Carmen Aristegui en el canal de televisión CNN en Español, en abril de 2010, Juan Pablo Escobar, hijo del narcotraficante Pablo Escobar, dijo que vivió junto a su familia “protegido por las autoridades de turno”.

El exministro Tomás Borge afirmó que el FSLN tuvo ofertas de Pablo Escobar para que Nicaragua fuese un lugar intermedio para tráfico de drogas. Escobar estuvo en Nicaragua intentando abrir una ruta de narcotráfico en 1984. Su mujer Virginia Vallejo solía quedarse en Nueva York.

En Bolivia, no es desconocida la relación de Klaus Barbie, hombre protegido por la CIA en los gobiernos de Banzer y García Mesa. Este a su vez sostiene relaciones con Pablo Escobar y Roberto Suarez Gómez, el principal acopiador de pasta base, materia prima para la producción del clorhidrato de cocaína para los carteles colombianos. Paralelamente Roberto Suarez Gómez, es primo de Luis Arce Gómez, el denominado ministro de la cocaína, quien fuera reclutado por la CIA como experto en inteligencia en los años 60. Queda clara la relación cocaína y política en Bolivia, proyectándose esta situación hasta el siglo XXI.

La insistencia para relacionar a Evo Morales con el narcotráfico ha sido recurrente en estos días en medios y cadenas informativas, nacionales e internacionales. El agendar un tema como lo vienen haciendo, es indudablemente el preludio de un escándalo político. Las coincidencias del método aplicado con lo ocurrido en el caso Zapata nos permite avizorar esa futura acción.

El escándalo “pre fabricado” una vez más por la CIA se viene desplegando. Le toca al Estado Plurinacional y sus organismos, enfrentar esta nueva conjura, que seguramente es la carta final para inhabilitar a Evo como candidato para las elecciones de octubre.


* Sociólogo. Militante Guevarista.

Be the first to comment

Deja un comentario