junio 22, 2021

El fracaso de la oposición


Editorial Cambio-.


En la psicopedagogía se suele enseñar que casi el 93% de la comunicación humana es no verbal, es decir que los gestos, las expresiones del rostro, el movimiento de las manos, de la cabeza, la postura del cuerpo, pueden decir más que mil palabras. Por ejemplo, si alguien está molesto, basta ver su mirada, su ceño o el movimiento de sus manos.

Algo de esto ocurrió el viernes tras la reunión de los candidatos opositores Carlos de Mesa y Óscar Ortiz con el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro.

Tanto De Mesa como Ortiz salieron con los rostros desencajados y la mirada perdida, sin poder ocultar el nuevo fracaso en su intento de sabotear la candidatura de Evo Morales y de hacer creer que en Bolivia se vive una dictadura.

El postulante de Comunidad Ciudadana, al no haber cumplido su objetivo, dijo en Twitter que Almagro “se volvió funcional a este gobierno autoritario que maltrata nuestra democracia”, mientras Ortiz abandonó su cita con el Secretario General luego de un pugilato verbal.

Esta situación muestra de cuerpo entero el fracaso opositor al recurrir a un organismo internacional para perjudicar la postulación del Presidente y evidencia que cuando no logran sus objetivos, los neoliberales optan por la provocación, el insulto y la descalificación.

Por ejemplo, el 4/10/2017 el exministro Carlos Sánchez Berzaín (acusado por el genocidio de octubre de 2003) publicó una fotografía de su reunión con Almagro. La intención de la exautoridad no era otra que desacreditar la candidatura del Jefe de Estado y recurrir por ello al funcionario internacional. Sin embargo, al no obtener respuesta positiva, Sánchez Berzaín arremetió contra Almagro.

El 5/10/2017, los senadores de la opositora Unidad Demócrata (UD) Óscar Ortiz y Arturo Murillo, y la diputada Geovana Jordán (PDC) entregaron a la OEA una carta firmada por expresidentes y políticos de la oposición en la que denuncian que Morales “está dispuesto a todo” para perpetuarse en el poder y que su repostulación “amenaza a la democracia”.

Otro ejemplo de las acciones opositoras fue cuando De Mesa y otros actores políticos se reunieron con el representante de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Francisco José Eguiguren Praeli, a quien le dijeron que el país (polarizado) puede tensionarse por la postulación de Evo.

Mientras que las hoy difuntas plataformas ciudadanas (que fueron los brazos operativos de los partidos de derecha) buscaron posicionar ante Eguiguren que la democracia está en riesgo y que el país vive una dictadura.

Pero la respuesta del delegado de la CIDH dejó helados a los opositores cuando señaló: “Yo les digo personalmente, creo que en este país no hay dictadura. En este país sí hay democracia”.

“En las dictaduras los van a detener o los van a desaparecer o los van a matar”, remató entonces el funcionario internacional ante un público compuesto por activistas de oposición.

Otro caso sucedió durante las sesiones de la CIDH en Sucre. Los opositores fueron endureciendo su tono hasta gritarles (a los delegados internacionales) que eran masistas y subordinados a Evo Morales porque no se pronunciaban (en contra de) la repostulación, recordó el ministro de Comunicación, Manuel Canelas, según informó ayer el periódico El Deber.

Algo similar sucedió con los encuentros de la oposición con Almagro. Al no poder manipular al funcionario internacional para sus fines, los opositores optaron por desacreditarlo/atacarlo para ocultar su nuevo fracaso en el sabotaje a la candidatura del Jefe de Estado.

Sin embargo, la derecha aún tiene dos cartas bajo la manga: su indignante pedido para que Donald Trump intervenga en asuntos internos de Bolivia, y sus gestiones para que Colombia y Brasil eleven una opinión consultiva ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) para que este organismo se pronuncie contra la postulación de Morales.

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