septiembre 23, 2021

¿Qué hay detrás de los casos de narcotráfico?


Editorial La Época -.


Desde abril pasado, cuando se puso al descubierto la relación de un personaje buscado por delitos de narcotráfico con algunos altos oficiales de la Policía, en el oriental departamento de Santa Cruz, hasta la captura en Paraguay de un narcotraficante colombiano con presuntas relaciones en el pasado con el alcalde de la ciudad de Warnes, el enfoque de las noticias de varios medios de comunicación y su grupo de analistas, ha estado girando en torno a un supuesto nexo entre el tráfico de drogas y algunos niveles del Estado Plurinacional.

Esta no es la primera vez que se intenta afectar la imagen del Estado, del gobierno y del Proceso de Cambio con ese tema. Dado su condición de dirigente de los sindicatos cocaleros del Chapare del presidente Evo Morales, ha sido una constante la intención de generar esa matriz de opinión, aunque todas han fracasado. Sin embargo, esta vez se observa un intento serio de retomar ese camino que, por eso mismo, ya levanta serias dudas sobre lo que realmente hay en el fondo.

No es que los hechos “desmantelados” sean un invento, de ninguna manera. Los hechos demuestran que Bolivia, como ocurre en otros países del mundo, no es inmune a la operación de grupos de narcotraficantes. Pero la seguidilla de casos descubiertos dentro y fuera del país, en un momento caracterizado por la proximidad de las elecciones del 20 de octubre, abre al menos la posibilidad de que detrás de todo esto se encuentre un plan que obedece directamente a los aparatos de inteligencia estadounidenses, cuya experiencia en acumular y/o fabricar casos es muy alta.

Es decir que, ante la tremenda debilidad de la inteligencia policial y militar del país, lo que estemos presenciando es una estrategia ejecutada durante años y por fases, hasta llegar a una coyuntura compleja, como la de ahora, en que se pone en juego la continuidad o no del Proceso de Cambio. No hay que olvidar que desde la década de los 80, aunque con mayor fuerza en la década de los 90, tras la caída del campo socialista, la estrategia y seguridad de Estados Unidos para la región se ha movido alrededor de la presencia del terrorismo y el narcotráfico.

La situación es difícil para el gobierno de Bolivia, a pesar de los exitosos resultados de la lucha contra el narcotráfico que obtuvo en casi 14 años sobre la base de un modelo nacional y sin participación de la DEA, cuyos agentes se dedicaron en el país al espionaje político entre 2006 y 2008, por lo que fueron expulsados. Es difícil, pues se está creando en el imaginario colectivo la idea del fracaso de la estrategia boliviana o incluso de su permisibilidad.

El gobierno debe asumir, lo más pronto como sea posible, que está enfrentando una estrategia orientada a minar su moral ante la sociedad. La respuesta no es ignorar que Bolivia es un escenario en que se mueve el narcotráfico y que sea en menor proporción a lo que ocurre en países como México, Perú y Colombia no basta para aminorar su efecto político. Por lo tanto, se requiere de una estrategia global –policial, política, social y mediática- que sea capaz de dar duros golpes al narcotráfico y de desmontar el uso político en contra que se hace de los mismos. Estamos ante una estrategia política y electoral muy pensada y diseñada, por lo cual se requiere una estrategia global que el gobierno está en condiciones de definir y llevar adelante.

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