abril 15, 2021

Dos FARC, dos proyectos para Colombia

Editorial La Época -.

El jueves 29 de agosto, desde un lugar de la frondosa selva colombiana, un grupo de guerrilleros anunció el retorno a la lucha armada, bajo el denominativo de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), el más grande y antiguo destacamento guerrillero de América Latina.

La noticia provocó una gran repercusión en todo el mundo, particularmente en América Latina y el Caribe, pues entre los protagonistas están –Iván Márquez, Jesús Santrich y el “paisa”- los más altos comandantes que tras años de negociación firmaron los Acuerdos de Paz en La Habana el 23 de junio de 2016 y refrendado, en septiembre de ese mismo año, en Cartagena de Indias.
Si bien las FARC-EP sostienen, en su primer comunicado, que sus acciones serán defensivas y que no recurrirán a la retención como una forma de financiamiento de las acciones guerrilleras, es evidente que dejaron sin respuesta a grupos y personalidades democráticas, progresistas y de izquierda, al mismo tiempo que hicieron batir palmas a dirigentes de ultraderecha, quienes justificaron su oposición a los Acuerdos de Paz con el argumento de que la guerrilla no estaba actuando con honestidad cuando hablaba de la dejación de armas. Retomar la lucha guerrillera por “la segunda Marquetalia” es el fundamento ideológico y político de los alzados en armas, de quienes se desconoce si están en vías de articulación con las fracciones disidentes que desde un principio no participaron en las negociaciones.

Y ese es el tema de fondo: el incumplimiento de los acuerdos de paz. Es poco probable la viabilidad de una nueva experiencia guerrillera en Colombia debido a las condiciones imperantes en la región, pero es evidente que la ultra derecha colombiana ha “torpedeado” sistemáticamente los acuerdos de paz todo este tiempo, con mayor énfasis en el actual gobierno de Iván Duque, el socio menor del guerrerista y jefe paramilitar Álvaro Uribe.

En un informe suscrito de la organización política Marcha Patriótica, Indepaz, La Cumbre Agraria Étnica y Popular y la Fundación Henrich Boll Stiftung, titulado “Todos los nombres, Todos los rostros”, se revela que, desde la firma del Acuerdo de Paz hasta mayo de 2018, han sido asesinados 385 líderes sociales y defensores de derechos humanos, de los cuales 161 pertenecían a Marcha Patriótica y 63 excombatientes.

El incumplimiento de los acuerdos de La Habana ha sido la constante de parte del estado colombiano, pero está llegando a niveles irracionalmente altos en el gobierno de Duque, quien a tono con las corrientes altamente conservadoras de ese país ha recurrido a distintos mecanismos para criminalizar y desatar una persecución política contra ex combatientes y dirigentes sociales.

El partido Fuerza Alternativa del Común (FARC), que seguramente cambiará de nombre y sigla para no ser confundida con la nueva experiencia guerrillera protagonizada por algunos de sus ex dirigentes y militantes, ha salido al paso no solo para deslindar responsabilidades de los anunciado por Márquez, sino para poner de manifiesto que el Estado incumple los compromisos pero que esa organización política seguirá apostando por la paz.

No hay duda que ambas FARC apuestan por una sociedad más justa. Lo que les separa es la táctica y la lectura de lo que está ocurriendo en su país y en América Latina.

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