julio 13, 2020

Elecciones 2019: una victoria y cuatro escenarios


Por José Galindo * -.


Puede que se haya ganado la batalla, pero la guerra está lejos de terminar; los resultados ya están a la disposición de todos, así los cuestione una derecha todavía desorientada, pero hay más preguntas que respuestas después de las elecciones. Se ha abierto un periodo que no se sabe a ciencia cierta si es de transición hacia una Bolivia postevista, una restauración conservadora o un último momento para consolidar lo alcanzado hasta ahora, en cuanto a recuperación de soberanía, dignidad e igualdad.

Los resultados de las elecciones del pasado domingo 20 de octubre son una victoria. Sin embargo, no parece haberse cerrado ningún ciclo desde el referéndum del 21F, ni resuelto ninguna contradicción entre Estado y sociedad, sino más bien que se ha abierto un conjunto de posibilidades y escenarios adversos al oficialismo desde muchas perspectivas, aunque muchas de ellas eran ya inevitables por el propio paso del tiempo y el desgaste al que está sujeto todo lo existente.

Una agresiva campaña de la oposición, de antes y después de las elecciones, está construyendo la matriz de opinión de fraude electoral y con ese busca producir déficit de legitimidad, déficit de apoyo internacional, peligro en la continuidad dl crecimiento económico e incertidumbre por doquier. Las cosas no serán fáciles de ahora en adelante, sino que serán más difíciles que nunca. Mayor razón para tomarse en serio cada día de gobierno.

Los escenarios donde se ha modificado las correlaciones de fuerzas entre oficialismo y oposición, entre bloque popular y oligarquía, entre derechas e izquierdas, son muchos y no pueden ser abordados en su totalidad en el presente artículo; baste mencionar que esta vez es el progresismo el que tiene la desventaja y la reacción conservadora tiene la iniciativa. Aún se tiene control sobre el Ejecutivo, pero éste no es ya hegemónico y se ha reducido considerablemente en comparación a los anteriores periodos.

Es aún muy temprano para determinar si lo que sucedió el pasado domingo 20 por la noche fue un accidente o un incidente que requiere de encontrar responsables, pero sea cual sea el resultado de las pericias que se llevarán a cabo junto con la Organización de Estados Americanos (OEA), es evidente que haber interrumpido la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares fue un error monumental cuya solución aún no es posible avizorar. Se salvó el partido a último momento, pero eso tuvo conciencias, que han afectado más al candidato ganador que el TSE.

Tres retos para una nueva gestión

Si después del 21F de 2016 la popularidad del gobierno se vio mermada, ahora sí se puede hablar de una considerable pérdida de legitimidad ante un sector de la sociedad que le ha creído al discurso opositor. Los datos de la encuestadora IPSOS permiten apreciar que la aprobación de la gestión de presidente Morales entre 2014 y 2018 fue oscilante, pero nunca baja: 75% en diciembre de 2014; 69% en agosto de 2015; 49% en diciembre de 2016; 58% en octubre de 2017; y 43% en agosto de 2018. No obstante, los resultados de ésta elecciones generales dividieron al país entre un casi 47% de la población votante decididamente a favor del proceso de cambios sociales impulsados por el gobierno (que no es para nada despreciable) y un 36% irremediablemente (en el peor de los casos) antievista. No antizquierda sino anti Morales. Han hecho del rechazo al presidente y el gobierno una identidad política, y eso puede ser extremadamente peligroso.

• Escenario 1

Entonces, es déficit de legitimidad que puede traducirse en mayor conflictividad y resistencia por parte de ese 36% antievista a las políticas que se quiera aplicar desde el Ejecutivo. Resistencia que podría tornarse incluso violenta o muy violenta dependiendo de factores que es imposible adivinar desde ahora. El gobierno central no podrá dirigir los destinos del país y la apuesta opositora es que el gobierno pierda el timón en la sociedad civil.

El segundo escenario ha sido más comentado en los medios, aunque de todos modos debe ser abordado acá. La falta de dos tercios en ambas cámaras de la Asamblea Legislativa, lo que obstaculizará la aplicación del programa de gobierno y su proyecto nacional.

¿Cuántas políticas públicas requieren de éste espacio? Proyectos como el Teleférico o el Satélite Túpac Katari ahora serán más difíciles de llevar a cabo, y otros como la represa del Bala o la carreta del TIPNIS deberán ser más debatidos. ¿Cuántos cargos de suma importancia se deciden allá? Y no nos referimos a cargos como el Defensor del Pueblo, que tal vez vea mejorado su desempeño por las nuevas circunstancias, sino a otros que permitieron la estabilidad económica de la que gozamos ahora, como la presidencia del Banco Central.

64 Diputados oficialistas versus 65 de Comunidad Ciudadana (CC), Partido Demócrata Cristiano (PDC) y Bolivia Dice No (BDN), el primero centrista pero anti Evo, y los otros dos conservadores y reaccionarios; y 19 senadores oficialistas vs 17 de oposición, pero con la particularidad de que el MAS sólo controla los escaños de La Paz y Cochabamba, teniendo la mitad en Oruro, Potosí, Tarija, Santa Cruz y Pando y la minoría en Beni. “Estarán obligados a negociar y es de celebrarse”, fue la conclusión de algunos analistas, y ciertamente lo es, pero dicha negociación ciertamente será un reto para esta legislatura.

En todo caso, el escenario será complejo y no necesariamente mejor respecto de la anterior Asamblea, donde el gobierno tenía un buen complemento a sus iniciativas.

• Escenario 2

También contribuye a la ingobernabilidad del país y dificulta la aplicación del programa de gobierno. Esperemos que la Agenda 2025 no se vea seriamente afectada por esto.

Y finalmente, el contexto internacional tampoco es favorable. Un imperio estadounidense más atento que nunca a la región debido a la nueva Guerra Fría que sostiene con China; vecinos abiertamente opuestos al progresismo de las últimas décadas en Brasil, Chile, Paraguay y Colombia; aliados aislados en Cuba, Nicaragua y Venezuela; y un contexto de ingobernabilidad e incertidumbre en Ecuador, Chile, Venezuela, Argentina y Perú. La democracia representativa está tambaleándose en casi todos estos países al igual que el liberalismo político, lo que no es necesariamente bueno, dado que ambos marcos filosóficos de alguna manera hicieron posible, aunque de forma simbólica, el respeto a los derechos humanos. La Operación Cóndor es el antecedente más inmediato de lo que puede suceder cuando la gente y los gobiernos ya no creen en la democracia en medio de una pulseta geopolítica, como la que había entonces entre EE.UU. y la URSS.

• Escenario 3

Entonces, ideal para el aislamiento y asfixia del proyecto boliviano; orientado a la supresión del progresismo latinoamericano, la desaparición los programas de redistribución de la riqueza, la extinción de las economías con mayor intervención estatal y a la reconstitución de la hegemonía estadounidense en la región.

• Escenario 4

El gobierno y los movimientos sociales resisten la avalancha hasta que la oposición se cansa, se debilita y se fragmenta. Ahí el Proceso de Cambio para a la ofensiva y la oposición debe esperar otros cinco años.
¿La sombra de una nueva derecha?

Todo apunta a un nuevo tipo de configuración política a nivel nacional que hará las cosas más difíciles para el actual partido en funciones de gobierno, e impulsará, si es que no lo hizo ya, el nacimiento de un nuevo tipo de oposición que se diferenciará cualitativamente de la que hasta ahora se ha tenido: mezquina, desorientada y débil; partidos del pasado han desaparecido casi completamente del escenario político, con MNR y UCS totalmente extintos. Al mismo tiempo, los líderes que de alguna manera estuvieron conectados con el sistema de partidos pre Proceso de Cambio son sólo Carlos Mesa y Oscar Ortiz, y éste último se encuentra en peligro de desaparecer como opción política viable incluso en su propia región.

Al mismo tiempo, ésta nueva oposición que surgirá de las entrañas del antievismo es mucho más ambivalente en cuanto a problemas que históricamente han atravesado a la sociedad boliviano, como el racismo o el regionalismo, y también mucho más ingenua que la generación que, a pesar de todo, dio al traste con los autoritarismos militares del siglo pasado.

Habría que hacer un estudio sobre esta nueva oposición en gestación, su identidad política, su visión del mundo y demás, pero para ello habrá que esperar a que nazca primero. De todos modos, no podrá abstraerse de la dinámica de clases de nuestra sociedad, como tampoco de sus otros problemas, por lo que tampoco se puede esperar algo totalmente nuevo. Eso sí, será más efectiva que la que se ha tenido hasta el momento.

La izquierda al parecer está ideológicamente desorientada y debilitada a nivel nacional, en contraste con una derecha cada vez más decidida y renovada, que podría dar lugar a nuevos tipos de oposición cuyos métodos de lucha no serán los mismos de los que se han valido las anquilosadas oligarquías hasta el momento y que discursivamente tienen razones para descargar toda su ira contra todo proyecto popular. Desde un discurso liberal, ambientalista y feminista, pero enraizada en clases medias urbanas muy ajenas a la cultura política de la izquierda que gobernó éste país durante los últimos 15 años, la derecha abre un riesgo muy grande para lo que se ha construido hasta el momento.

El bloque popular y la izquierda por otro lado, deberán cuestionarse, renovarse, reinventarse y transformarse como una condición de sobrevivencia. Está obligado a ser de nuevo dirección de la sociedad, tener la iniciativa permanente y construir poder “desde abajo”.


* Es politólogo.

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