marzo 7, 2021

Empujar la salida política ante la amenaza de la violencia


Editorial La Época-.


La semana que empieza será decisiva. La extrema derecha, al que le tributan algunas fracciones minoritarias de la extrema izquierda, va empujando una salida de violencia que lejos de aportar a la defensa y proyección de la democracia, lo que está es generando condiciones para un desenlace que, si se consolida, marcará uno de los retrocesos más profundos de la historia democrática del país.

Está visto que la narrativa de la defensa de la democracia, que ha sido la empleada desde antes y después de terminada las elecciones generales del 20 de octubre, solo ha servido como la máscara de un proyecto de restauración conservadora y neoliberal que recorre varios países de América Latina con la clara orientación del gobierno permanente de los Estados Unidos (complejo militar-industrial) y de la temporal administración de la Casa Blanca.

Las formas de la violencia que la extrema derecha busca desplegar, poco importan. Lo central es que se trata de un método que va a contramarcha de la vigencia plena de las libertades políticas y civiles. A lo que hay que sumar el restablecimiento de inclinaciones fascistas que apoyadas en el odio a la diversidad étnica no pueden ocultar su apuesta por el predominio de la detestable idea de la superioridad “blancoide” sobre lo indígena originario campesino.

Los hechos han demostrado que la línea del “fraude electoral” y la “desobediencia civil”, que se hizo aprobar en cabildos antes de las elecciones y que penetró en sectores de jóvenes ya sea por su condición de clase o desconocimiento de la historia, ha sido paciente y sostenidamente planificada por esa extrema derecha. Evo pudo haber ganado por más puntos e igual se iba a poner en duda al resultado electoral.

Es también evidente que la base social y punta de lanza de esa movilización de carácter conservador son los jóvenes, a los cuales desde el Proceso de Cambio no se les prestó la suficiente atención desde una perspectiva combinada de gestión y trabajo político propiamente dicho. Primó más lo primero y se descuidó lo segundo. Hoy esos jóvenes piensan y están seguros de que Evo es un dictador, lo cual refleja un desconocimiento de la historia del país.

La salida violenta a la crisis es la predominante en los movilizados. Sin embargo, todavía hay margen para buscar una salida política en el marco del respeto a la voluntad popular y la Constitución Política del Estado. Son las formas de la política y no las de la violencia las que deben recuperar espacio a iniciativa política. Hay que evitar que esta ola conservadora nos haga retroceder.

Las condiciones dentro y fuera del país no son favorables, pero eso no implica que todo esté perdido. Para revertir la situación hay que poner luces largas y no cortas, y nunca perder de vista que no es polarización sino lucha de clases lo que hoy explica la profunda y ardua disputa en América Latina y el Caribe.

Desde el Proceso de Cambio, desde su defensa y proyección, es que debemos abandonar el pesimismo que el enemigo busca instalar en nuestros corazones y mentes, y levantar con fuerza la justeza de la causa de los pobres.

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