julio 6, 2020

«El boliviano blanco no tolera ir a una oficina del Estado y que un indígena lo atienda»

El informe de la OEA sobre las elecciones bolivianas afectó a la percepción que tienen las naciones latinoamericanas sobre el ente. «Hemos vuelto a una etapa peor», lamentó Carlos Raimundi, el nuevo embajador argentino ante la organización, en una entrevista con Sputnik. Defendió la autodeterminación de los pueblos y la búsqueda de la igualdad.

– Dos especialistas del Instituto Tecnológico Massachusetts (MIT) dijeron que el informe de la OEA sobre la elección en Bolivia estaba errado y pusieron en cuestión su honestidad. ¿Cómo es tu agenda al ser parte de este organismo en crisis?

– No es una agenda personal. Las opiniones y las acciones ya no me representan a título personal, ni pertenecen a una fuerza política particular, sino al Estado argentino. Tengo que ser cuidadoso de lo que digo para no comprometer a la Argentina con los países hermanos que integran la OEA. Pero, al mismo tiempo, tengo una historia y una impronta. Eso no puede ser ajeno, porque seríamos maquinitas. Tengo mi manera de ver estas cosas.

Es cierto que la OEA es un organismo que ha sido responsable, como mínimo, por su inacción en momentos muy oscuros de la historia latinoamericana. Por eso, en la primera parte del siglo XXI, cuando fueron contemporáneos muchos gobiernos de sesgo popular, la OEA pasó a segundo plano porque surgieron organizaciones como Unasur y CELAC.

En CELAC están todos los países de la región, incluido Cuba, a quien la OEA expulsó. Y ahí no están los dos países que no son latinoamericanos: Canadá y EEUU, que además están en otro escalón, en el G7 y la OCDE. Luego Unasur y CELAC quedaron debilitados y permaneció la organización más arraigada, que es la OEA. Ahí me toca estar.

Se ha magnificado por ciertas actitudes, a veces histriónicas, de su secretario general, en demasía. Muchos países se quejan de que la OEA no representa un equilibrio entre los Estados. Esto llegó a un punto culminante con el informe de las elecciones en Bolivia, que fue determinante para crear un clima de golpe y dar argumentos a las Fuerzas Armadas y policiales para que, junto a elementos golpistas, derrocaran a Evo Morales. Y ahora el MIT dice que no hubo fraude y que Evo Morales triunfó en la primera vuelta. Hoy él está exiliado en Argentina y vetada su candidatura al Senado. Hemos vuelto a una etapa peor.

Carlos Raimundi: ¿Qué pasará con Almagro y la OEA ahora que se sabe que no hubo fraude en Bolivia?

Hace pocos años se disfrazaban de golpes parlamentarios. Ahora es la espada y la cruz, entrando al Palacio de Gobierno, a la Asamblea. Bajo el Gobierno de Evo Morales, la Constitución proclama el Estado plurinacional, la wiphala, y eso no significa que se quiere quemar la bandera tricolor.

Pero con el golpe, cuando se restituye el sistema anterior, se saca la wiphala. Otro ejemplo: yo no comparto nada con el brasileño Jair Bolsonaro pero no quiero que le pase nada. En cambio, Bolsonaro quiere que se muera Lula. Nosotros queremos disputar ideas.

– Quemar la wiphala era quemar simbólicamente a los pueblos originarios de Bolivia.

– Hay una Bolivia occidentalizada que convive con una Bolivia originaria. El Gobierno de Evo nunca pensó en que desapareciera la otra, sino que se compartieran derechos y acciones de Gobierno. Es lo que el boliviano blanco de la Media Luna del Oriente no tolera: ir a una oficina del Estado y que haya un colla atendiéndolo. Tengo que ser prudente en mis declaraciones, pero no me equivoco si sigo expresando valores. Y Argentina tiene valores históricos, una tradición de representar la autodeterminación de los pueblos, la búsqueda de la igualdad. No me equivoco si sigo esos valores.

– Uno de esos valores es la no injerencia. Almagro ha sido parcial con Nicaragua, Bolivia y Venezuela aunque debería representar a todos los países latinoamericanos.

– Tenemos una mirada distinta a la del Secretario General respecto a Bolivia. No es cuestión de llenarse la boca hablando de soberanía, hay que respetarla. En cuanto a Venezuela, se acaba de anunciar un principio de entendimiento entre oposición y Gobierno para la nominación de un tribunal electoral aceptado por todas las partes.

Eso significa que el Gobierno no lo impone y que hace una diferencia entre una oposición intervencionista y otra más institucionalizada. Si se acepta, se puede organizar un cronograma electoral compartido, de acuerdo a lo que decidan las partes al interior de Venezuela. Si hay una participación de terceros países, que sea para garantizar un cauce institucional, un ámbito para ponerse de acuerdo.

– Como hizo el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero.

– O como fue, en los 80, el Grupo Contadora para Centroamérica. El Gobierno anterior (de Mauricio Macri) reconoció como presidente de un Estado soberano a alguien que no tiene reconocimiento en su país. Esa es una situación colonial. El tema del retiro de la representación de Venezuela de la OEA es así: el Gobierno del presidente Nicolás Maduro en 2017 pidió el retiro y eso implicó un trámite y un tiempo. Venezuela se sentía acosada por la OEA y su secretario general. Cuando se retiró, se le concede una silla al representante del autoproclamado Juan Guaidó. Es una situación irregular.

No se me puede acusar de posiciones fanáticas, pero mi pliego tuvo 20 votos en contra en el Senado argentino. Era el interbloque de la oposición. Según ellos, para apoyar una posición sobre Venezuela es solo decir que es una dictadura. Hay factores severos, quien no reconozca eso no dice la verdad, pero las causas son amplias. En parte, sanciones comerciales, confiscación de bienes, pérdidas de exportaciones.

Hay intervenciones que han generado una pérdida de recursos que después gravita en una crisis humanitaria. Después el mismo que genera la crisis, bloqueando las exportaciones de petróleo, te ofrece la solución a la crisis. No compartimos esa visión. Eso me costó que la oposición no votara mi pliego. Estoy expresando además la posición del Gobierno argentino, que no reconoce a Guaidó y que le quitó las credenciales a la embajadora nombrada por él.

– El 20 de marzo hay elecciones y Almagro busca la reelección. Pero también hay otros dos candidatos: María Fernanda Espinosa, funcionaria de Rafael Correa y Lenín Moreno, y expresidenta de la Asamblea General de la ONU, y Hugo de Zela, diplomático peruano. ¿Cómo será el voto de Argentina?

– Todavía no está definido. Todo haría suponer que la Argentina no votaría por Almagro.

– Se habla de que el voto estaría sujeto a las negociaciones sobre la deuda externa.

-Tengo mis dudas sobre que la lógica de los fondos de inversión sea dejarse llevar por estos temas de defensa de valores históricos. Ellos están haciendo números.

– Claro, como cuando Evo Morales nacionalizó el gas, por ejemplo, todas las transnacionales amenazaron con irse si no cambiaba esa ley… pero él se mantuvo firme y ninguna se fue.

– Te tomo eso. Como cuando Evo escuchó el informe de la OEA y convocó a nuevas elecciones. Le dieron un golpe de Estado igual. Cuando un poder no le tiene confianza a un país y le pide gestos, uno hace los gestos pero no recupera ninguna confianza. No entiendo la utilidad de hacer gestos compensatorios. Lo planteo más como interrogante. Volviendo a los candidatos para presidir la OEA, el peruano es el actual embajador de Perú en EEUU, viene de la tradición diplomática. La candidata de Ecuador es apoyada por los países del Caribe y por México. Eso es importante para Argentina, que mira lo que hace la diplomacia mexicana.

Una noticia de hace pocos minutos: la delegación mexicana en la OEA le pidió explicaciones oficiales a Almagro por lo de Bolivia. Creo que también esto va a incidir en la votación de la OEA. Si se comprueba que Almagro jugó un rol fuerte en la deslegitimación de las elecciones y de Evo Morales… Con la distancia del caso, es como cuando EEUU justificó la invasión a Irak porque supuestamente allí había armas químicas y al final no hubo nada. Se crea un clima para ello. Y después no se puede volver atrás. Almagro tiene apoyo de Colombia, de Brasil y ahora de Uruguay. Espinosa y De Zela plantean asumir una posición más representativa de la opinión de los Estados y no de un solo país. Que su representación sea institucional y menos sobreactuada o personal.

– En relación a Malvinas, ¿piensas que la OEA es un foro como para que haya avances a favor de Argentina?

– La Asamblea General de la OEA, que se realiza anualmente, en los últimos años ha aprobado por aclamación la postura argentina sobre el Atlántico Sur, con el apoyo de países del Caribe. No pensaba que era así, porque tenía el interrogante de si las cuestiones de soberanía afectan por igual a países del Caribe como a Argentina. Pensé que eran más influenciables. Y no, tienen una gran autoestima, defienden sus rasgos de identidad, y eso para evitar que se los lleven por delante.

Es muy importante apelar por el respeto y la dignidad de sus pueblos. Por eso su voto es importante. En vez de votar como les indica la potencia colonial, Reino Unido, votan por Argentina. Con el actual Gobierno hay una remalvinización. Daniel Filmus, secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, está viajando y trabajando para que en todos los foros internacionales se apoye la causa Malvinas. Hablé con él y llevaré a la OEA la misma posición.

– En Colombia pero sobre todo en Chile hay importantes manifestaciones y las fuerzas policiales están cometiendo crímenes y violaciones de los derechos humanos. La impresión es que la OEA no está reaccionando.

– Una de las razones que esgrimió la oposición para vetar mi pliego es haber comparado a Chile y Venezuela. Y no fue así. Así como hay sectores que han hecho denuncias por hechos sucedidos en Caracas, lo mismo ha sucedido con personas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en Santiago.

Hay violaciones a los derechos humanos que fueron grabadas, hay decenas de testigos y denuncias. Lo mismo en Colombia. Lo mismo las masacres en distintas ciudades de Bolivia, o el arresto arbitrario de figuras del correísmo en Ecuador. Quien debe abocarse a estos casos es la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con una presencia más activa en las capitales del continente, para actuar en el momento.

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