septiembre 19, 2020

Libreras: entre el sonido y la furia


Por Lourdes I. Saavedra Berbetty *-.


Libreras es una antología desde la cárcel de mujeres San Sebastián de Cochabamba, que surge como un proyecto que alienta la lectura y la producción material literario de compañeras privadas de libertad. El proyecto se inició con la reactivación de la biblioteca de este penal, lograda por una alianza entre la revista Muy Waso y la Editorial Ubre Amarga. Este emprendimiento fue beneficiario del Programa Intervenciones Urbanas. Desde agosto hasta octubre del 2019 se realizaron talleres de escritura con autores como Patricia Requiz, Lourdes Saavedra Berbetty y Rodrigo Hasbún. Esas actividades fueron coordinadas por la directora de Muy Waso, Michelle Nogales y a la vez por Juan Malebrán y Mijail Miranda, y fruto de este trabajo se publicó el Libreras, como una obra donde arde y vibra la vida misma de las internas en este recinto. En este sentido el siguiente texto es en parte una descripción de lo que se vivió en el taller de poesía y algunos trabajos que se encuentran en el libro.

¿Se puede detener el sonido? Tal vez disminuirlo con una tela blanca y un nudo ciego alrededor de un parlante que escupe nombres de las “recién llegadas” al Centro Penitenciario. Dos internas inscritas en el taller de poesía ejecutan la técnica de silenciar la estridencia del parlante que en una hora más dirá sus nombres y apellidos.

Ingresamos a un salón en la planta alta del penal, es como introducirse en el cuerpo de una ballena, con un mundo orgánico lejos a lo que usualmente se piensa encontrar. Ese miércoles de octubre se realiza el encuentro con alrededor de diez mujeres de diferentes generaciones, sobrevivimos al momento incómodo de las presentaciones para luego leer poesía de manera colectiva, no importan las consignas, porque el sensor que precede a la aprobación de un texto es la mirada y los gestos que fluyen cuando las palabras llegan a sus oídos, indudablemente “Poemas candados” de Camilo Blajaquis logra convocar su atención para hacer un ejercicio de rescritura, en un espacio donde los candados adquieren formas anatómicas, un tanto desahuciados por el uso cotidiano, según una tallerista que señala motivada: “un candado no debería ser un enemigo, sino más bien alguien agobiado de que lo usen cada día”; otra participante aporta su opinión señalando que leer poesía de alguien que estuvo encarcelado es lo que llega más, porque ellas viven esa experiencia, en ese momento es como entablar un hilo de proximidad con el autor (Blajaquis estuvo alrededor de internado seis años en penitenciarias de Buenos Aires), porque varias pensaban que la poesía era lo “bonito” y se quedaba siendo “bonito” sin transmitir contenidos que atraviesen sus días, como entre condenas retrasadas, sentencias injustas, un sistema burocrático obsoleto y el estar allí detrás del muro.

Existe un talento innato en varias participantes del taller, que con timidez mostraban sus trabajos. Cabe destacar que otras preferían dictar sus historias a algún integrante del equipo, por la dificultad que les representaba la práctica de la escritura, generando un vínculo de confianza, que vale más que escribir un soneto perfecto.

Poesía, catarsis, encuentro, son palabras que podrían resumir el taller poético realizado en el Penal San Sebastián Mujeres, como un espacio creativo, donde se busca crear ese espacio donde no se escuchará solamente el sonido de un parlante que convierta a las internas en un número de la lista; tal vez escribir poesía es una forma de saltar los puntos suspensivos, crear un microcosmos desde las ficciones cotidianas, como parte de un atentado concertado para atacar la rutina de la vida cotidiana.

La entrada

(Pastelito Relleno de veneno)

Desde la puerta solo hay 45 pasos hasta el tope del ingreso. Un par de escritorios y algunos objetos. Las ideas que uno tiene al entrar son miles. Nada positivas, debo decir. El miedo te paraliza. Esos breves momentos son muy duros. Hacerte la idea de que la libertad se queda lejos, te shockea aún más. A tu alrededor ves a la policía rodeándote y haciéndote mil preguntas. Ves abrirse la puerta y entra un grupo de mujeres que parecen tranquilas. Por increíble que sea, no puedes voltear el rostro y mirar atrás.

La gata carcelaria

(Myluin)

La gata carcelaria se sienta
La gata carcelaria observa
Los abogatos estafando a los querellantes
Buscando la pertenencia del salón blanco
Los mercatos, ofertando y ofreciendo
productos de primera (eso dicen ellos)


* Escritora

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