abril 4, 2020

La pandemia: innoble arma de descalificación


Por María Bolivia Rothe * -.


Utilizar políticamente la pandemia como una cortina de odio para tapar las falencias en la atención oportuna de los enfermos, no es proponer ideas concretas para paliarla, sino ignorar medidas que podrían salvar a miles de bolivianos y bolivianas, con un discurso que no ayuda a nadie.

Una pandemia pone al descubierto la capacidad de reacción de un Gobierno, cualquiera fuera este y cualquiera que fuera su orientación ideológica; actualmente, la epidemia se desata en el mundo entero. En el momento que escribo, el planeta debe soportar la carga de 435 mil 645 casos confirmados, de los cuales han fallecido ya 19 mil 609 en 184 de 195 países que conforman el mundo y, desgraciadamente, del que Bolivia no es la excepción. Hoy el Ministerio de Salud ha confirmado 32 casos.

En este escenario, hacer política con la salud es instalarse en una actitud odiadora y desde ahí, descalificar por descalificar, sin presentar soluciones. Como diría una colega, no es útil para nadie que salgan francotiradores de la pluma a disparar a mansalva.

La epidemia no es el resultado de acciones de Gobierno, pero su resolución, exitosa o fracasada, claramente lo es. Hoy le toca al gobierno de Áñez, con una preferencia del 4% del electorado nacional, resolver la crisis sanitaria mundial de la que es parte. La velocidad con la que se resuelva y la eficiencia con la que se actúe, definirá el éxito.

Todos sabemos que la salud determina la economía, todos, excepto Trump , que cree que los dólares van primero: «la solución no puede ser peor que el problema”. Así como otra de las autoridades americanaa que soltó la sentencia que dice, palabras más, palabras menos, que si los abuelos mueren seguro lo harán con patriotismo para salvar la economía del país más exitoso del mundo. Áñez comparte ideas y alianzas con estos señores, así como con Bolsonaro.

Esta pandemia está afectando la economía mundial, con énfasis, como siempre, en los más desprotegidos y todos los gobiernos que así lo entienden están asumiendo medidas paliativas. Bolivia no debería estar ausente de esto. En este sentido, las propuestas que hace Luis Arce, candidato del MAS-IPSP a la presidencia del país y exministro de Economía, van en ese rumbo, y descalificarlas porque sí es un absoluto despropósito.

Por otra parte, la solicitud del retorno de los médicos cubanos a Bolivia y el apoyo efectivo del Gobierno de China, son un clamor no solamente de Arce o del partido al que representa, sino, me atrevería a decir, de la gran mayoría de los y las bolivianas.

Muchos países del mundo han reconocido la efectividad de ambos países en paliar la actual crisis sanitaria, porque, guste o no, el mundo entero reconoce al sistema cubano de salud como uno de los mejores del mundo. y China, al haber superado la pandemia, tiene lecciones valiosas que compartir.

Pero no solamente por esto. La Brigada Médica Cubana, expulsada por Añez, estaba compuesta no de “apenas” 200 médicos: fueron 400 especialistas –no médicos generales– que laboraban en más de 30 especialidades, en 35 hospitales. Durante este tiempo, resolvieron 77 millones de consultas, realizaron un millón y medio de cirugías y medio millón de cirugías oftalmológicas.

Se critica el costo de esta ayuda que fue cubierto por el gobierno boliviano recién desde 2012, de manera justa, en agradecimiento a toda esa colaboración. Decir que un sueldo de un poco más de mil dólares para un especialista es altísimo, cuando sabemos que los especialistas bolivianos ganan más del doble en el sistema público, es otro despropósito. Como también es otra inmensa mentira decir que Bolivia no tiene aceleradores lineales para el tratamiento del cáncer, porque usó ese dinero para pagar a los cubanos. El Instituto de Medicina Nuclear, de la ciudad de El Alto, cuenta con dos aceleradores lineales de última generación que brindan tratamiento de radioterapia, producto de un convenio que, en 2018, la Agencia Boliviana de Energía Nuclear (ABEN) y la estatal argentina INVAP firmaron para edificar tres institutos de medicina nuclear en Bolivia en El Alto, La Paz y Santa Cruz, con una inversión superior a los 150 millones de dólares. El acelerador lineal de El Alto empezó a funcionar el 12 de octubre pasado. Finalmente, recordemos que la colaboración médica con Bolivia se inició en el año 1995 –gobierno neoliberal de Gonzalo Sánchez de Lozada– con la donación de tres salas de terapia intensiva para hospitales infantiles. Desde entonces, y hasta la fecha, más de 17 mil profesionales cubanos han prestado servicios al pueblo boliviano. Ramona Matos es una desertora de estos médicos, que son héroes anónimos en más de 50 países alrededor del mundo. Su opinión contrasta claramente contra la de millones a los que Cuba les ha salvado la vida.

Las epidemias son guerras sin cuartel que hay que librar, pero no con caimanes militares ni traje de faina. Esta es una batalla que se gana enfundados en batas blancas, con medidas claras de vigilancia epidemiológica activa, un buen sistema de información que le explique a la gente –y le haga entender– porqué se le limita la libertad de ir donde quiere y abrazar a quien quiere y no con amenazas de cárcel, golpes y represión, apenas cuatro meses después que les mataron a su gente a punta de bala.

* Médica salubrista

1 comentario en La pandemia: innoble arma de descalificación

  1. Muy de acuerdo, creo que con los médicos cubanos Bolivia hubiera logrado sanar a los enfermos que, extrañamente no se informa de altas ni fallecimientos, como la hacen para tener a la gente taaaan enferma con vida.

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