septiembre 21, 2020

Las redes sociales: batallas perdidas


Por ÓSCAR SILVA FLORES * -.


Facebook se ha convertido en uno de los más importantes negocios en el mundo, con ingresos declarados que superan los 7 mil millones de dólares anuales, por lo que hoy es una de las principales joyas de la corona del capitalismo mundial. Su mayor campo de acción, sin embargo, no es el económico, sino el político, particularmente la dominación cultural de la gente de los pueblos.

Los románticos inicios de esta red social de interacción, de búsqueda de amigos, de anecdotario familiar lleno de fotografías, canciones, poemas y videos, de pensamientos y postales llamativas, han quedado atrás. Hoy solo se puede apreciar su rostro más sucio que deja fluir las pasiones humanas más bajas, llenas de odio, racismo, discriminación de género y varios etcéteras.

En algún momento se comparó a las redes con un ascensor en edificio público, en el cual había que ingresar por necesidad y donde las individualidades se imponían al conjunto de ocupantes, con un importante margen de respeto. Aquello es pasado. Hoy, en el mejor de los casos, podría asemejarse con un baño público gratuito, en que la gente ingresa ya no solo por necesidad, sino por la urgencia fisiológica de dejar su excremento. En eso se ha convertido ahora interactuar en las redes sociales, especialmente en el Face y, también, en Twitter.

Nadie debate, ni reflexiona, menos aporta elementos de formación o análisis. Todos insultan, acusan sin fundamento, descalifican. Lo único que buscan es deslegitimar al otro, avasallar sus derechos, invadir su privacidad e intimidad.

Las redes son campos de batalla político, con arsenal propio, diseñadas por el capitalismo para llevar adelante su estrategia de dominación cultural. Con sus propias reglas, en los cuales los mensajes que no son de su “agrado” apenas son difundidos, las cuentas que no van con su línea son cerradas e, incluso, la “inversión” económica que se realiza en ellas es insignificante para estos imperios comunicacionales.

Solamente como una referencia, recordemos que entre octubre y noviembre de 2019, cuando se desarrollaba la toma de gobierno en Bolivia y muchos ingenuos pensaban que aún dentro de las redes se podía dar batalla y empezaron a colocar mensajes en Twitter y en Face, nos enteramos que en un día, desde los Estados Unidos, se crearon cerca de 70 mil cuentas de Twitter, todas destinadas a apoyar al Gobierno de facto establecido en Bolivia.

Vale preguntarse ahora, ¿si en ese contexto, de lucha por demás desigual, tecnológica y económica, se debe seguir pensando en dar batalla en las redes, no será que más bien con aquello se está validando únicamente su masiva presencia y su voz supuestamente mayoritaria? Así se cuenten con miles de personas en esa labor y se pueda invertir considerables montos de dinero, nunca será suficiente para imponerse en su propio campo de batalla. Es una lucha desigual, sin futuro, al parecer.

Hay que ponerse a pensar en formas de comunicación más creativas, desde las bases, desde el contacto con la gente, sin descartar la tecnología, apropiándose de ella, recuperando lo comunitario, la familia, el barrio, los grupos de amigos; en fin, generando paulatinamente una verdadera y real comunicación y un intercambio de información justo y verdaderamente democrático.

En las redes podemos anotarnos la batalla perdida. Este campo de batalla es del imperio, con su propia lógica y su arsenal. Por ahora no disponemos de la capacidad de respuesta, menos de acción, en ese terreno. No vale la pena insistir en algo que previamente fue diseñado para derrotar a todo movimiento popular y soberano. No vale la pena la autoflagelación, hay que pasar a repensar, proponer y establecer otros ámbitos de combate cultural.


* Periodista y abogado

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