julio 2, 2020

Romero Ballivián, Copa Murga, Orellana Centellas: ¿presidenciables?


Por Fernando Rodriguez Ureña * -.


“Si el indio pudo, cualquiera puede ser presidente…” ¡Qué falso axioma! Definitivamente otra cosa es con charango.

El gobierno de la presidenta de transición, posesionada por las FF.AA. tras un sui generis golpe de Estado, aún no logra cuajar y más bien enfrenta profundas contradicciones entre sus ayer aliados, además que debe sortear los problemas inherentes a la emergencia sanitaria mundial del coronavirus.

Los movimientos ciudadanos de clase media que “derrocaron al tirano” para devolver la democracia al país, se encuentran confundidos, decepcionados y asombrados, porque no se imaginaban que la democracia por la que salieron a las calles, hoy no los incluye, solo da paso a viejos políticos, implica violencia que ahora los toca y les limita sus tan preciados derechos individuales, al extremo de rumorearse que se restringirá su principal instrumento: las redes sociales.

Su circunstancial aliado en el golpe constitucional, Carlos Mesa, se encuentra permanentemente buscando el pelo en la sopa en las acciones gubernamentales y, en su característico patriarcal estilo comunicativo, permanece diciendo qué es lo que debería hacerse. Para algún sector de la clase media, especialmente intelectual, estas acciones sirven para consolidar su tendencia de voto, que continúa en segundo lugar. Han expresado ya un parteaguas con el gobierno de la candidata Áñez, con quien han empezado a disputar uno a uno los votos.

Sus socios políticos orientales, encabezados por Camacho, no pudieron con su angurria de poder y rápidamente fueron alejados de las esferas del gobierno, fundamentalmente por cometer excesos y abusos en el aparato del Estado. Esperaban una cuota parte mayor del Estado que habían conquistado. En poquísimo tiempo terminaron saliendo del Gobierno y constituyendo grupos de presión que inciden sobre este, aunque cuidándose de aparecer como opositores. También le restarán votos en el Oriente a la candidata.

Su gabinete de ministros ha demostrado que no tiene la capacidad técnica para gobernar. Se han constituido, en la mayoría de los casos, en radares que reciben señales de “quienes tienen experiencia”, léase empresas transnacionales, organismos injerencistas, y multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM), al extremo de haber entregado 500 millones de dólares de las AFP, con motivo de la emergencia sanitaria mundial, a la banca que en los 14 años de gobierno de Evo Morales, fue el sector más favorecido, incrementando su capacidad de crecimiento y acumulación. No existe informacion del destino que se darán a los casi mil 600 millones que recibieron entre cooperación internacional y fondos de las AFP, con motivo de la emergencia sanitaria.
Sus hombres fuertes, Murillo y Lopez, se encuentran cuestionados por los propios asesores internacionales de la Presidenta, pues consideran que su rol y estilo excede lo que los ministros de esas áreas estratégicas –en cualquier gobierno– debían hacer en un contexto de campaña. Dicho de otra manera, le son útiles, pero la perjudican. En la última semana Murillo desapareció de escena.

La emergencia sanitaria del coronavirus pone al gobierno de Áñez en evidencia de sus limitaciones en concepto y experiencia de manejo del Estado. Actos que no responden a estrategias, sino a la iniciativa individual de ministros; incoherencias y supuestos, y sobre todo una demostración palpable de que no conoce al país, sus pueblos, sus culturas, sus formas de organización y sus formas de articulación con la economía nacional. No saben a quiénes deben llegar con las medidas económicas paliativas que les recomendaron. No saben exactamente quiénes son los pobres y necesitados. Todo esto sumado a rasgos autoritarios y metodologías de “convencimiento” que siempre tienen la cárcel como destino final, lo que resulta contradictorio con la democracia maternal que predican.

Dado que quienes se encaramaron en el Gobierno no pueden con este, han instalado una agenda mediática orientada a señalar que todo lo que no pueden hacer es responsabilidad del Movimiento al Socialismo (MAS): de sus 13 años de desgobierno, de la corrupción, el nepotismo y otros delitos atribuidos, tratando de instalar en la mente de la gente de a pie que el anterior gobierno es el culpable y responsable de sus incapacidades y limitaciones.

Ese acto desesperado muestra que “la cosa del Estado” se les va de las manos y que es mejor soltarla y dedicarse a su campaña electoral, para hacerse del poder como un mejor segundo en votación y con musculatura para pelear la presidencia en una segunda vuelta, que un gobierno fracasado y sin posibilidades electorales.

De producirse esto, el aplazo en el manejo de la nave del Estado debe ser heredado a alguien.

Y ese alguien podría ser la senadora Copa Murga, presidenta de la cámara de senadores de la Asamblea Plurinacional, con el objetivo de mostrar que la versión “civilizada del MAS” fue incapaz y también fracasó. Sin embargo, esta posibilidad, pese a la cercanía con ella, los pone en riesgo jurídico (sucesos de Senkata y Sacaba) y electoral, por lo que dudan en esa salida.

Otro posible heredero podría ser Romero Ballivián, presidente del órgano electoral, en quien tampoco tienen la suficiente confianza, por ser muy cercano al candidato Mesa. Podría ser peor el remedio que la enfermedad.
Finalmente, queda el Comandante de las FF.AA., Gral. Orellana Centellas, a quien podrían entregar el mando con la misión de generar, en un par de años, nuevas condiciones para iniciar un proceso electoral que los sitúe en mejores condiciones.

El desenlace de este entuerto se producirá por las correlaciones de fuerza al interior del Gobierno, así como por la coyuntura internacional.

La respuesta a estos posibles escenarios de desarrollo político estará en manos de las mayorías nacionales, sus organizaciones sindicales y políticas, ciudadanos progresistas e instituciones que, con un sentido patriótico, esperemos que esta vez sepan ponerse a la altura que le exige la historia, la soberanía y la autodeterminación de Bolivia.


• Sociólogo

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