mayo 27, 2020

Incapacidad de comunicar: el qué y el cómo


Por ÓSCAR SILVA FLORES * -.


Compartí con dos personas un trayecto breve en medio del abarrotado tráfico del centro paceño y no pude dejar de escuchar el diálogo de mis acompañantes. El conductor del taxi comentaba que tenía dos hijos, uno estudiando en la Universidad Católica y el otro en el colegio, que su economía estaba bien y que no le gustaba hablar de política porque el vivía de su trabajo y no le debía nada al Gobierno. Esa fue la respuesta a una consulta del otro pasajero sobre sus preferencias electorales el mes de octubre del pasado año.

Una percepción equivocada hizo carne en muchísimos trabajadores por cuenta propia que, de manera similar al taxista, se ufanaban de los éxitos en su trabajo y de su independencia económica con relación a un Estado del que no recibían nada. Buena parte de esos trabajadores independientes, transportistas, comerciantes, técnicos, profesionales, lograron mejorar sus condiciones económicas de manera significativa durante el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), mas nunca le dieron el crédito a este, simplemente se autoconvencieron que aquel bienestar fue un logro personal.

El pasajero del referido taxi no quedó del todo satisfecho y trato de explicar las causas del bienestar económico a su ocasional contertulio. Al igual que yo –le dijo– buena parte de sus diarios pasajeros somos empleados públicos que sí recibimos un salario del Estado por nuestro trabajo. Nuestros ingresos han subido como el de todos los trabajadores, estatales y privados, y eso nos permite no solo acceder a este servicio, si no también comprar alimentos, ropa, ir a restaurantes, cines, teatros o salir de vacaciones, agregó. De no ser así, como sucedió en el pasado, seguramente usted no tendría su coche, yo no podría pagar una carrera de taxi, usted no podría pagar la universidad de su hijo, ni comprarle ropa, pagar sus fotocopias o su transporte diario, enfatizó.

Esa fue la realidad que no quiso admitir mucha gente por diferentes razones, entre otras, porque los medios se encargaron de vender una realidad distorsionada, es cierto, pero también porque el Gobierno no tuvo la capacidad de comunicar a la gente, a esa gente emprendedora y próspera, cómo funcionaba ese modelo económico. No solo se trataba de mostrar cifras del éxito macroeconómico, sino de llegar al sentimiento y al convencimiento que las cosas habían cambiado, para bien, pero que nada cayó del cielo, y sin desmerecer su esfuerzo y trabajo, debían entender que en un modelo neoliberal esas cosas no hubiesen funcionado ni funcionarán nunca de manera exitosa.

Se dejó que la gente creyera el cuento opositor de los buenos precios en las materias primas, del petróleo, de la bonanza económica mundial. Nunca se le hizo comprender el porqué era motivo de admiración nuestro crecimiento económico, a diferencia de lo que sucedía con los países vecinos, para no ir más lejos, que se descalabraban económicamente teniendo condiciones supuestamente favorables y similares a las nuestras.

Hay una gran responsabilidad gubernamental por haber permitido y alimentado un alto nivel de consumismo que finalmente favoreció en mayor grado a quienes estaban en la otra vereda, esperando agazapados el momento oportuno para dar el zarpazo, resposabilidad que debe necesariamente ser asumida por quienes desde las organizaciones sociales y desde agrupaciones políticas fueron parte del proceso interrumpido en noviembre de 2019. Esta responsabilidad se llama incapacidad de comunicar, de gestionar la comunicación adecuadamente. El primer problema con que uno se encuentra cuando debe comunicar es el qué comunicar y el proceso tenía mucho que comunicar, pero sus operadores no supieron cómo hacerlo.

Es probable también, casi seguro, que muchas otras debilidades políticas y de gestión condujeron al inexplicable desenlace de noviembre, me limito a comentar sobre lo que conozco.

Sin negar, en absoluto, que se trató de una conspiración imperial apoyada en una estructura militar, policial y empresarial, largamente trabajada y económicamente muy bien sustentada, es honesto reconocer que, de alguna forma, por comodidad o por falta de convicción, contribuimos con un granito de arena a la interrupción golpista del proceso de transformación que vivió Bolivia desde enero de 2006.


* Periodista y abogado

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