octubre 25, 2020

Por la dignidad ecológica, contra la cultura de la destrucción

Entrevista hecha al escritor y luchador social chileno Luis Sepúlveda

Por JULIO A. MURIENTE PÉREZ * -.


Homenaje póstumo tras su fallecimiento en abril de 2020.

Recientemente estuvo en Puerto Rico Luis Sepúlveda. Chileno, autor de varias novelas e interesante personaje él mismo. Sepúlveda ha estado vinculado a las luchas políticas de su pueblo. Con ideas muy definidas, a la vez novedosas y controversiales, en particular sobre la situación latinoamericana, y en la cresta de la ola como escritor, Luis Sepúlveda accedió a ser entrevistado, y esto fue lo que dijo:

¿Qué te trajo a Puerto Rico?

Vine invitado por la Universidad Metropolitana al Encuentro de Literatura y Ecología. Puerto Rico era para mí una materia pendiente; sabía que existía, había pasado muchas veces por arriba, pero nunca había tenido la oportunidad de estar acá. Ha sido un encuentro bastante agradable, bastante profundo, sobre todo con la gente joven de acá.

Hay una gran inquietud y confirma lo que había escuchado, ese enorme trabajo de preservación de la identidad cultural latinoamericana de los puertorriqueños. Te permite aseverar que por sobre el “Estado Libre Asociado”, Puerto Rico sigue estando indudablemente inmerso en la comunidad de naciones latinoamericanas, que comparte los mismos problemas del resto de los países latinoamericanos.

Háblanos de tu trayectoria, como chileno, como hombre político…

Nací y me eduqué en Chile. Fui dirigente de la Federación de Estudiantes durante varios años. Luego, como a muchas personas de mi generación, durante el proceso de las Unidad Popular que encabezó Salvador Allende—esa dulce revolución con sabor a empanadas y vino tinto y muy poco marxismo-leninismo—nos tocó una participación bastante destacada en el ámbito cultural…

…lo que me significó  ser apresado y estar dos años y medio en la cárcel, luego salir al exilio, una condena de ocho años, una pena que en realidad se prolongó por catorce, porque cuando estuve fuera seguí batallando por lograr la recuperación de la experiencia democrática chilena…

…y luego mantuve una forma de consecuencia que no ha sido exclusivamente personal, sino que mantuvieron muchos otros en mi generación; muchos de ellos pagaron con sus vidas…

…y eso es lo que me llevó en el año 1979, cuando estaba en el exilio, a participar en la gesta insurreccional nicaragüense. Fui voluntario de una brigada internacional que se llamó  Simón Bolívar. A los compañeros de la brigada nos tocó una parte muy dura de la guerra que fue la liberación de la costa atlántica nicaragüense. Tuvimos el privilegio de ser los primeros en entrar en Managua luego del derrocamiento de Somoza.

Permanecí en Nicaragua hasta mediados de 1980, como editor internacional del diario Barricada, del Frente Sandinista. Y la verdad es que al año 80, estaba muy cansado, se dieron una serie de incomprensiones. Yo no compartí el camino que empezó a seguir el proceso nicaragüense. Se empezó a desvirtuar el gran nivel libertario que había detrás de aquello, o sea la tercera opción elegida para América Latina empezó a verse violentamente enajenada por la inclusión de uno de los bloques.

¿Cuál era ese tercer camino?

Aquel tercer camino significaba una especie de estar en el Movimiento de los No Alineados pero sin activar en el Movimiento y no aceptar ninguna tutela ideológica. Ya no participar en el juego sucio y burdo de la guerra fría. Porque la mayoría de los que participamos en el proceso nicaragüense sabíamos, por ejemplo, que la experiencia socialista de los países del este de Europa era una experiencia fracasada y una experiencia sustentada en una tremenda hipocresía social.

¿Era entonces un camino no socialista?

Estamos hablando de un socialismo latinoamericano, tal vez como lo diseñó  el mismo Sandino, como lo diseñó Mariátegui, como lo diseñó Recabarren en el caso de los chilenos. Es decir, era una expectativa absolutamente nueva, que nos permitiera decir: “no aspiramos a la riqueza del mundo, no aspiramos tampoco a una forma de desarrollo irracional como en el campo socialista. A lo que sí aspiramos es a la oportunidad de vivir intensamente y de compartir entre todos lo poco que tenemos en nuestros países y lo mucho que nuestros países pueden dar”.

Lo que no queríamos era aquella dependencia ideológica y política que en definitiva fue lo que llevó al Frente Sandinista a una situación de confrontación después con su propio país.

No fue solamente la presencia de la “contra” y la enorme sangría que significó al gobierno nicaragüense sostener aquella guerra provocada por los norteamericanos. Sino fue también caer en un esquema centralizado, que no fue acorde con la forma de pensar y actuar que tenemos los latinoamericanos. Nosotros somos todos, tremendamente reacios a aceptar órdenes de un poder que no vemos y no podemos identificar. Queremos participar, queremos ser sujetos nosotros de nuestro propio desarrollo.

¿Se logró eso en alguna medida, en el Chile de Allende y de la Unidad Popular?

El proceso chileno iba en esa dirección. Pero los norteamericanos lo tomaron como un problema personal. Pero por sobre la estrategia norteamericana, nosotros en la izquierda cometimos muchos errores. Fuimos incapaces de evitar el sectarismo y el dogmatismo político. Cavamos un poquito también las primeras paletadas de la propia tumba de nuestro proceso.

¿Pertenecías a alguna de las organizaciones de la Unidad Popular?

Fui militante del Partido Socialista Chileno, el partido de Allende. Era un partido que tenía muchas fracciones. Yo militaba en una de ellas, que era el Ejército de Liberación Nacional. Teníamos una postura revolucionaria continental. Fue la fracción del partido que más hombres mandó a apoyar la experiencia guerrillera del Che en Bolivia y la que siguió luego del Che, encabezada por el último de los hermanos Peredo. Pusimos una cantidad de muertos ahí. Estuvimos también en otras experiencias insurreccionales de América Latina.

¿Qué nos dices de Cuba?

La situación cubana es terriblemente compleja. Porque, si los cubanos quisieran desembarazarse de Fidel, ya lo hubieran botado hace mucho tiempo. Lo que pasa es que la Revolución Cubana ha conseguido algunos logros que son innegables. Los cubanos fueron el primer país de América Latina y lo continúan siendo, que pudieron mirar cara a cara, frente a frente, a los ojos, al enemigo secular de nuestros pueblos, el imperialismo norteamericano.

Porque ese es el nombre que tiene y no se puede decir con eufemismos. Otros logros, educacionales, de salud, de calidad de vida y la recuperación de una dignidad que había sido terriblemente pisoteada. Logros que en otros países no existen.

Esto es muy caro a los cubanos. Saben que la única forma de mantenerlo es manteniéndose al lado de la Revolución. La mayoría se mantiene de una formas muy crítica. Indudablemente en Cuba van a venir cambios. Cuba va a tener que insertarse de alguna manera en este llamado nuevo orden internacional. Pero los cubanos saben que esta decisión no puede ser al costo de regresar al pasado.

Cuba no quiere y no va a volver a ser el burdel de América Latina, el patio trasero de los norteamericanos. Hay una cuestión de dignidad elemental del pueblo cubano, que la están defendiendo muy bien. Es un pueblo valiente, lo ha demostrado.

Pasemos a tus novelas. ¿Qué es eso de la novela ecológica? ¿Eres un novelista ecológico?

Es simplemente literatura, basada en una propuesta muy responsable, que es mostrar un hombre tal como es. Ningún escritor puede decir, “yo no sabía lo que estaba ocurriendo” o, “yo no vi lo que estaba ocurriendo”. La obligación del escritor es decirlo todo, contarlo todo. Tiene que describir el mundo tal como es hoy día.

¿Por qué no escribes novelas sobre el exilio, la dictadura, o tu experiencia revolucionaria?

Yo no escribo novela ecológica. La elección de los temas es realmente intencionada, pero al mismo tiempo sin ánimo de decir, “estoy escribiendo la novela que tiene un cierto interés, porque toque estos temas”. ¿Por qué no novela del exilio? Se ha escrito mucho al respecto. Por otro lado, porque la experiencia del exilio, de la dictadura, de la represión, es una experiencia muy brutal que necesita ser meditada largamente, para contarla de una manera muy responsable.

Tú has enfatizado en el carácter político de la lucha ambiental. ¿A que te refieres?

Yo hago una separación entre el término ambientalista, que es una invención norteamericana, y el término de lucha ecológica, que es una cuestión de patente medio europea, medio latinoamericana.

He enfatizado que el problema de la destrucción del medio ambiente es un problema eminentemente político porque los causantes representan intereses que son muy concretos: son las transnacionales, las multinacionales. No es el hombre de a pie, el hombre de la calle, el que simplemente sale a destrozar el ambiente; no. Hay una cuestión intencional, hay una cultura de la destrucción; hay una cultura de la depredación, que lo que persigue son fines enteramente políticos.

Ponte en el caso de Puerto Rico. La implantación de las industrias norteamericanas en Puerto Rico, el exceso de automóviles que tu ves aquí, la falta de un sistema de transporte público  eficaz, ¿qué es lo que crea en los puertorriqueños sino una relación de dependencia, pero dependencia de qué? Un hombre no depende exclusivamente de su automóvil; depende de la empresa que fabrica los automóviles; de las transnacionales que le suministran la gasolina y los repuestos.

Cuando hablamos en un lenguaje ecologista de la solución de este tipo de problema lo estamos también de manera política, toda vez que nosotros estamos planteando la necesaria recuperación de la dignidad ecológica de los pueblos…

¿Qué opciones tenemos?

Significa, qué hacemos con nuestros recursos naturales y cómo vivimos, cómo aprendemos a vivir una cultura de acuerdo a lo que realmente tenemos, a lo que realmente disponemos.

¿Cuáles son las opciones? Yo no creo que son muchas pero pasan por algo muy concreto y es que hoy día, en el caso de los latinoamericanos, en donde luego de la estupefacción que produjo el derrumbe del campo socialista, la sociedad latinoamericana se quedó sin una opción alternativa al poder existente.

Las opciones que tenemos pasan por construir un discurso político de izquierda que sea coherente, que no se rija por las viejas recetas de “vamos a tomarnos el poder y una vez que tomemos el poder vamos a cambiar la sociedad”. Que empiece a comprender que es fundamental incentivar un enorme proceso democrático de bases.

¿Has regresado a Chile?

Tres veces, pero vivo en Europa. Paso gran parte del tiempo en Francia y Alemania. Mi gran relación con América Latina es México, a donde viajo mucho.

Una de las razones por las que no vivo en Chile es porque, a mi juicio, es un país que está viviendo sobre una base bastante ilusoria de ser el país con el mayor desarrollo de América Latina. Pero de otra parte tiene 13 millones de habitantes y cuatro millones viven en la más extrema de las pobrezas.

Por otro lado, es un país que perdió lo más importante que tuvo, que era un espectro social tremendamente solidario.

Cuando desaparece en Chile el carácter subsidiario del Estado sobre la educación, se condena a una gran parte de la sociedad hasta al analfabetismo. Chile no tenía analfabetos hasta 1973. Hoy tiene un enorme porcentaje de analfabetos. El que no tiene dinero no puede estudiar porque todas las escuelas son privadas.

Si no tienes dinero te quedas al margen de la salud, porque todos los hospitales son privados. Hay el desarrollo de un capitalismo salvaje que ha lesionado lo más  hermoso que tenía esta sociedad.

¿Hasta cuándo va a durar? Sin ser pesimista, yo creo que en Chile tal vez en los próximos seis años va a venir un estallido social muy parecido al de Chiapas.

¿Eres entonces un escritor latinoamericano radicado en Europa, que de vez en cuando viene a cargar baterías a América Latina, o un latinoamericano universalista o europeizado, hispanoparlante y nacido en Chile..?

Soy un escritor latinoamericano que vive circunstancialmente en Europa por cuestiones muy concretas. Una, yo me he insertado plenamente en una parte de la sociedad alemana, soy un militante de la causa antifascista alemana muy activo. Hoy más que nunca es necesaria mi presencia en Alemania. Soy militante de una organización que se llama Green Peace. Trabajo como coordinador de proyectos entre Europa y América Latina. Estoy ahí porque estoy cumpliendo un papel que es necesario. El día que ese papel deje de ser necesario creo que me voy a trasladar a vivir a México.

¿Cómo llegas a vincularte con las luchas ecológicas?

Ya yo participaba durante el gobierno de Allende en una gran iniciativa que se llamaba “Chile limpio”. (Estudié teatro en Chile.) Había tenido contacto con las realidades campesinas e indígenas de Chile, Bolivia y otros países. Eran siempre unas escuelas riquísimas, las voces de alarma que te daban: “?para donde vamos? Está  muy malo el camino que están eligiendo”.

En Hamburgo conocí lo que hacía el Green Peace y me interesó. Conocí gente y me parecieron tipos decididos. No eran los ratones de escritorio que estaban elucubrando, sino era gente que estaba decidida a pasar a la acción.

Yo toda la vida he sido un tipo con una gran tendencia a la acción…

¿Te defines anarquista?

Yo tengo una propuesta política muy personal que trato de reflejarla en los medios en los cuales me desenvuelvo y es que se debe volver a recuperar lo esencial del pensamiento libertario, del pensamiento emancipador y esa esencia es fundamentalmente anarquista.

Consiste sobre todo en establecer una sociedad que se mueve sobre un espectro democrático de bases, que no solamente delegue en los gobiernos la capacidad de regir y cambiar el mundo y de decidir qué es bueno y qué es malo, sino la participación activa de la gente como sujetos activos del desarrollo.

¿Conociste al ambientalista brasileño Chico Mendes? En Puerto Rico se ha hecho popular sobre todo a través de la película que protagoniza Raúl Juliá …

Una película muy mala, por cierto. Fue el intento de comercializar  la figura de un gran hombre justamente para minimizarlo. ¿Qué pasa con la gente que ve la película? Se acabó, The End, y de Chico Mendes no quedó absolutamente nada más. Los intentos de Chico por hacer posible una convivencia entre indios y blancos en la Amazonia no están considerados en ninguna parte de la película. Los intentos incluso hasta independentistas, de Chico Mendes respecto de lo que es la región amazónica…

Chico Mendes fue el hombre que en el Banco Mundial planteó: “Cuando hablen de la Amazonia no se refieran a las regiones bajo jurisdicción de los países como Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Venezuela. Tienen que referirse a un conglomerado de seres humanos que son los únicos que conocen aquello y que están llamados a ser los grandes administradores de aquella región. Empiecen a pensar con esa otra categoría”. Eso no lo ves en la película.

Chico y yo fuimos muy amigos. Compartimos viajes juntos. A mí me tocó acompañarlo a Nueva York, a esa reunión en el Banco Mundial, Fue un dirigente fuera de serie, un dirigente extraordinario. Era un tipo de una formación política muy curiosa, muy autodidacta… Aprendió a escribir con un guerrillero en la selva brasileña. Aprendió lo que era el contacto con el mundo cuando otro hombre, perseguido político brasileño, le regaló un radio de transistores. Curiosamente, Chico no hablaba ingles, francés, ninguno de los idiomas europeos; tampoco español. Hablaba incluso un portugués rudimentario. Pero Chico hablaba seis idiomas indígenas de la región amazónica.

Esto hacía de él un tipo con una tremenda comprensión de lo que ocurría allí. Por eso su voz era una voz muy fuerte. El ejemplo de Chico Mendes que cundió es un ejemplo que sigue. La Fundación Chico Mendes todavía funciona. Han aparecido otros dirigentes tan buenos o mejores que él. Pero de esa gente no se habla.

¿Eres optimista sobre el futuro ecológico del planeta?

Hay alternativas. Yo creo que cada país tiene que actuar con sus particularidades. Yo soy optimista cuando veo lo que está ocurriendo en Europa, en el cono sur de América Latina, como los pescadores de las Patagonia, por ejemplo, que han impuesto una moratoria de pesca por sobre la posición de los gobiernos de Chile y Argentina. Cuando existe gente como esa, hay una gran esperanza.

Participo de la lucha política y la literatura. Estoy metido en esto, porque es una cuestión moral. Tienes que participar activamente; sino, no podrías mirarte al espejo. Quisiera contribuir a recuperar la dignidad ecológica, combatir por la vida, por el derecho a la vida.


* Catedrático  Universidad de Puerto Rico y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico

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