junio 15, 2021

“No Maduro, ¿no problem?”


Por Julio A. Muriente Pérez *-.


Hace varios años me topé en una de las calles de San Juan con un automóvil que tenía pegado un pequeño cartel que decía “No Castro, no problema”. El propietario del vehículo, seguramente un exiliado cubano, ostensiblemente anticomunista, estaba convencido de que bastaba con la desaparición de los “hermanos Castro”, para que todo volviera a la “normalidad” en Cuba.

Ese mensaje tipo “Guerra Fría” va más allá de un mero sentimiento personal. Representa una visión reduccionista que pretende que, con la sola desaparición de unos dirigentes, se transforma la sociedad al antojo de quien esgrime esa brevísima opinión. Es la misma lógica del magnicidio. Muerto el líder, colapsa el proceso revolucionario; porque lo que hay no es ningún proceso, sino una dictadura de unos pocos que se imponen a sangre y fuego. Por eso el gobierno de Estados Unidos intentó asesinar a Fidel Castro quien sabe cuántas veces. Matando a Fidel mataban la revolución, pensaban ellos.

Falleció Fidel, se ha ido retirando Raúl y la Revolución cubana ha continuado en pie. No se le hizo el augurio al anticomunista aquel.

El discurso minimalista es utilizado con otros propósitos igualmente contrarrevolucionarios. Al concentrar todo su odio, sus calumnias y sus ataques contra una o un puñado de personas –los líderes más visibles y representativos– se intenta desconocer que en esa sociedad se está dando una transformación social profunda cuya razón de ser y posibles consecuencias, van mucho más allá de los dirigentes. En su forma, es un discurso frívolo y superficial que pretende reducir un proceso en el que están involucrados millones de seres humanos, a un pequeño grupo de presuntos delincuentes, desalmados e inescrupulosos, que se lucran de ese pueblo y por lo tanto hay que erradicarlos de la manera que sea, para que prevalezcan el bienestar y la paz. La paz de los sepulcros, naturalmente.

El objetivo evidente consiste en aislar a los dirigentes, criminalizarlos y justificar entonces su eliminación.
Ese es el caso más que evidente de Nicolás Maduro y los principales dirigentes de la República bolivariana. La posición hostil y amenazante del Gobierno de Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y un grupo de gobiernos latinoamericanos ha querido justificarse con el cuestionamiento de unas elecciones y la implementación de la Constitución para crear la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Cualquiera diría que todo el conflicto se resolvería con la celebración de nuevas elecciones.

Pero ahí es que caen los incautos. Estados Unidos y sus aliados no andan tras la cabeza de Maduro; como antes no andaban tras la cabeza de Hugo Chávez o de Fidel. Su gran objetivo es impedir que avancen transformaciones sociales, políticas y económicas, ideológicas y culturales que amenacen el control que han tenido sobre nuestros pueblos por mucho tiempo. No son Maduro y Chávez; no son Fidel y Raúl. Es la Revolución bolivariana. Es la Revolución cubana.

Lo que Estados Unidos y sus socios quieren es retrotraer a Nuestra América al avasallamiento total. Eso está claro para los sectores más recalcitrantes de la derecha anticomunista, nucleada en el partido Republicano estadounidense y alrededor del presidente Donald Trump. Son los mismos que siguen pregonando la teoría absurda fin de la historia y del triunfo hasta la eternidad del capitalismo.

No, el “problema” no son los dirigentes, con todo y lo importantes que puedan ser como conductores de procesos y guías de sus pueblos. El “problema” son los pueblos mismos, cuando se disponen a construir libre y soberanamente su porvenir. A esos, a los pueblos, sí que les temen quienes se dedican a amenazar y conspirar por todos lados.


• Catedrático Universidad de Puerto Rico y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico

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