julio 13, 2020

Concurso de pobreza  


Por  Carla Espósito Guevara -. *


La semana pasada una adolescente se suicidó de hambre en Santa Cruz. La noticia conmovió a parte importante de la sociedad boliviana que se sintió sacudida por la crítica situación de pobreza en la que muchos bolivianos enfrentan la cuarentena.

Pero, en agudo contraste, tres días después, una modelo cruceña, de nombre Stephany Herela, lanzó un inverosímil “concurso de pobreza” que consistía en que la gente de escasos recursos le manden un video en el que muestren que padecen necesidades y hambre o requieren comprar algún medicamento. El premio consistía en la generosa suma de 300 bolivianos, donados por ella, por su puesto, a quien le mostrara la situación más dramática. La condición era seguirla en sus redes sociales. Según Herela, se trataba de “una campaña de Dios”, de “un reto de amor”. El concurso estaría en línea durante cinco semanas. Aunque la inédita competencia formó una condena generalizada en las redes que obligó a retirarla mucho antes, no faltó quien aplaudiera tan “loable” iniciativa, diciendo cosas como: “qué sería de Bolivia sin nuestros influencers”.

Y es que lo que más preocupa es que la generosa modelo de Corimexo, ¡es además “influencer!”. ¿Qué significa esto? Un influencer es una persona que cuenta con cierta credibilidad sobre un tema concreto y, por su presencia e influencia en redes sociales, puede llegar a convertirse en un prescriptor para la gente que lo sigue. Los influencers tienen un gran poder de atracción y convencimiento en las plataformas sociales y su poder no solo se extiende a temas comerciales, sino también a temas políticos. Esto significa entonces que la caritativa muchacha tiene miles de seguidores que la admiran y quizás cientos de niñas que sueñan ser como ella cuando sean grandes. ¡Que la Pachamama nos libre!

No dejo de preguntarme, ¿qué motivaciones condujeron a Herela a plantear semejante concurso? Sin duda, aumentar su número de likes. Hacerse más popular por su noble y humanitario corazón.  Aunque pienso que más que “un acto de amor” por los pobres este fue un acto de amor por sí misma. Considero que la iniciativa en cuestión no expresa únicamente las mezquindades de su fuero interno, sino igual el sentir y valores dominantes de su medio social.

El mentado concurso expresa la insensibilidad de ciertos sectores sociales hacia la pobreza, convierte a los menesterosos, sin nombre y sin rostro, en un espectáculo obsceno. Propone una mirada morbosa, voyerista y casi pornográfica de sus vidas, los invita a exponer sin pudor y públicamente sus miserias, a mostrar la fealdad de su vida frente a la mirada escrutadora de la “gente linda”, que se siente más linda y superior cuanto más miserables son los otros, lo que no es si no otra forma de continuar estigmatizándolos y ultrajándolos social y moralmente.

Desnuda también y sin tapujos, las limitaciones ideológicas de la “gente linda” que se mueve entre concursos de belleza, señalando sus valores, su miseria moral, mientras expone a la par su nulo conocimiento del país en el que vive y del cual sueña permanentemente con escapar.

Lleva a pensar que el discurso cristiano de la caridad y la limosna retornó como medio legítimo para enfrentar la pobreza. Quizás las políticas asistenciales han regresado amenazando las propuestas redistributivas y, de ser así, esto constituiría parte del retroceso ideológico y moral que vive nuestro país. Por un lado, está el discurso del terror, que criminaliza al pobre y, por otro, el de la caridad, que toca la fibra sensible de la sociedad y, sin entrar en las causas estructurales de la exclusión, tranquiliza sus conciencias. En esta dualidad terror-caridad, la burguesía cruceña parece moverse.

Resulta indignante que, mientras una niña muere de hambre en un lugar de este golpeado país, otra plantee ganar popularidad a costa de exponer públicamente la miseria de los hambrientos. La pobreza no es espectáculo, no es un reality show para entretención de la burguesía. No estamos en los Juegos del hambre. Acá nadie gana puntos con la pobreza ajena.


  • Socióloga

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