octubre 22, 2020

Áñez apuesta por eternizarse en el gobierno

Por Ernesto Reyes-.


La autonombrada presidenta de Bolivia, Jeanine Áñez, se ha encargado de echarle más fuego a la hoguera el pasado primero de mayo al lanzar un mensaje, por lo demás incoherente, por el Día del Trabajador, y que al parecer ignora la tradición de lucha del pueblo boliviano. De los pocos minutos que habló, siempre leyendo en telepronter, se deduce que la política beniana busca postergar lo más posible que pueda la realización de elecciones generales, en medio de un país donde el derecho a la libre expresión está cercenado y en el cual el combate al coronavirus está sirviendo como pretexto para perseguir y detener a la oposición.

Sumido en casos de corrupción que explotan todos los días, a pesar de que controla la mayor parte de los medios de comunicación, Áñez, en ese su mensaje y sin que las pestañas se le movieran en ningún momento, sostuvo que dos son las misiones de su gobierno: la salud, para atender el coronavirus, y la economía, para lo que prometió la creación de 600 mil empleos desde el mes de junio.

No hay duda de la presidenta de facto, que cuenta con el asesoramiento de un agente Agencia Central de Inteligencia (CIA) en su aparato de informaciones y el respaldo pleno de los Estados Unidos, juega con los temores de la población al ofrecer algo que se espera haga cualquier gobierno más o menos responsable: enfrentar la amenaza de la pandemia desde el punto de vista exclusivamente de salud, y tomar medidas para impedir las consecuencias negativas en el campo de la economía. En los campos su aplazo es inocultable: no tiene una política adecuada para enfrentar la pandemia y la economía de la gente se deteriora cada día.

Lo grave del mensaje de Áñez y que los medios privados prefieren omitir, además de sus analistas hacerse el de la mirada sueca, es que gira en torno a la idea de que será un gobierno que se va a quedar años. No en vano invitó a la dirigencia de la Central Obrera Boliviana (COB )a reunirse, al concluir la cuarentena, para trabajar la agenda presentada por el máximo organismo de los trabajadores que se ha vuelto funcional al gobierno golpista.

Áñez, que asumió la presidencia de Bolivia en un acto por lo demás irregular tras el golpe de Estado de noviembre del año pasado contra el presidente Evo Morales, quien en las elecciones del 20 de octubre se ubicó en primer lugar, recibió el mandato de los comités cívicos y otras organizaciones de activistas que desestabilizaron al gobierno popular, de lograr la pacificación del país y de convocar de inmediato a elecciones generales. La propia Unión Europea (UE) avaló ese acuerdo que contó con la presencia de la Iglesia católica y representantes de los partidos de derecha y centro derecha.

Todos esperaban que la política beniana, dirigente de un partido con escasa representación en el país, conformara de inmediato y en coordinación con la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), de mayoría masista, el nuevo Tribunal Supremo Electoral (TSE), para rápidamente llamar a elecciones generales. No lo hizo, y no por culpa del Movimiento Al Socialismo (MAS), sino por una actitud dilatoria que fue criticada por el propio dirigente cívico Luis Fernando Camacho, uno de los que encabezaron el golpe de Estado y que aspira a ganar las elecciones. Recién lo hizo a fines de diciembre y las elecciones fueron previstas para el 3 de mayo, pero tuvieron que postergarse debido a la cuarentena dispuesta por el brote mundial de coronavirus.

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