diciembre 5, 2020

Golpe tras golpe


Por Canela Crespo Sánchez (@canela_cs) -.


El mundo se ocupa de afrontar la crisis sanitaria que surge a partir de la pandemia del Covid-19 y significa un freno a la vida como la conocemos. Muchas cosas han parado en distintas latitudes: los restaurantes, los cines, el fútbol, las misas… Y otras no. No paran, por ejemplo, las agresiones contra el pueblo venezolano.

Con los ojos del mundo ocupados con el coronavirus, “los de siempre” mandaron a mercenarios entrenados a matar al presidente Nicolás Maduro. Esta vez, y a diferencia de veces anteriores, ni siquiera se esmeraron en disfrazar la acometida con un concierto (que podía ser virtual), ni con influencers o generadores de opinión pública posicionándose a favor de un golpe de Estado. Lo intentaron a plena luz del día y con el silencio cómplice de los medios de comunicación y de los Estados.

Creo que no se puede ser políticamente correcto cuando se habla de Venezuela y que hay mucho margen para ser crítico con el gobierno de Nicolás Maduro, pero también estoy convencida de una cosa: y es que, en la permanente arremetida contra su soberanía, el pueblo venezolano es admirable y heroico en su resistencia.

Hablo desde lejos y sin conocer Venezuela. Pero también hablo muy poco después de haber vivido un golpe de Estado en mi país. En Bolivia, la movilización de las organizaciones sociales no fue lo suficientemente fuerte y eficiente para frenar a los grupos paramilitares y a las fuerzas públicas represoras que lograron destituir al gobierno constitucional de Evo Morales en noviembre de 2019. La pregunta resulta inevitable: ¿por qué Venezuela sí resiste?
En la última semana, la unión cívico-militar-policial bolivariana desmanteló una incursión en territorio venezolano que provenía de varios puntos de la frontera con Colombia. Muchos de los detenidos declararían luego que habían sido entrenados durante varios meses con el objetivo de capturar e incluso matar al presidente Nicolás Maduro. La primera línea de resistencia a esta y a cualquier arremetida es el pueblo.

En Venezuela existe un sistema de Consejos Comunales y Comunas que son una forma de organización social, política y económica popular en la que los individuos gestionan diversas instituciones de autogobierno. Este es el mejor escudo ante las agresiones a la soberanía popular. De hecho, es así que parte de los terroristas detenidos en los últimos días fueron entregados a las fuerzas militares por pobladores, pescadores y agricultores organizados comunalmente.

Las Comunas y los Consejos Comunales, al ser instituciones de diálogo, son espacios de empoderamiento y discusión, en las que el sujeto político no es el individuo, sino el colectivo. El Poder Popular emerge en lo colectivo asambleario y exige autonomía y descentralización frente al Estado.

Si bien en Bolivia hay un alto nivel de politización y articulación de la población en torno a organizaciones sociales, no se ha propiciado, ni siquiera desde el gobierno de Evo Morales, un tejido comunitario autónomo que sea corresponsable de la gestión pública. Si así hubiera sido, quizás ese tejido hubiera podido irradiarse en las fuerzas policiales y militares y se hubiera evitado el golpe de Estado de noviembre. Creo que es necesario, también a manera de autocrítica, reflexionar con humildad sobre lo que mantiene vigente, a pesar de todas sus dificultades, a la Revolución bolivariana de Venezuela y lo que no pudimos concretar para defender la Revolución Democrática y Cultural en Bolivia.

Hay analistas que leen que en Bolivia hubo varios momentos de intento de golpe de Estado a los gobiernos de Evo Morales. Creo que los niveles de presión internacional no fueron, en ninguno de ellos, tan intensos como los que sufre Venezuela permanentemente hace ya varios años. Hugo Chávez creía que son las lógicas comunitarias las que van a construir y sostener las revoluciones y apostó por ellas. Con el ejemplo venezolano, el reto para las organizaciones sociales en Bolivia, con un gobierno popular o sin él, es el mismo: crear redes comunitarias fuertes que obliguen a compartir la gestión y la administración del Estado.

Be the first to comment

Deja un comentario