octubre 22, 2020

Crónica de un golpe anunciado

Comentario al último libro de Hugo Moldiz

Patricia Montaño Durán -.


El presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera no tenían que haber renunciado. Las casas de sus ministros no tenían que haber sido saqueadas ni quemadas, ni sus parientes secuestrados para obligarlos a renunciar. Los bolivianos no teníamos que haber vivido lo que vivimos en noviembre pasado, porque el golpe Estado pudo haber sido evitado.

Este es el análisis de Hugo Moldiz en su libro Golpe de Estado en Bolivia. La soledad de Evo Morales, publicado recientemente por Ocean Sur, en el que más allá de hacer un recuento objetivo de los hechos, analiza los errores del Instrumento Político que llevaron al trágico desenlace que ya lleva varias decenas de muertos, centenares de heridos, presos y perseguidos políticos.

Para nadie es secreto que la desestabilización del gobierno de Morales cabalgaba desde hace muchos años sobre las ancas de fracciones de la derecha boliviana racista, que iban de la mano con el imperio estadounidense; que no iba a detenerse hasta sacar al indio del poder y así tener nuevamente a su alcance los recursos naturales de Bolivia.

Además, el gobierno de facto ha decidido aferrarse al poder, pese a las numerosas denuncias de corrupción y a la incompetencia demostrada tanto en la administración del país como en el combate contra el coronavirus.
Desgaste y subestimación

Morales fue el cuarto presidente de Latinoamérica en ser derrocado en la última década, por golpes de nuevo tipo, impulsados desde el imperio. El primero fue Manuel Zelaya en Honduras, seguido por el paraguayo Fernando Lugo y en tercer lugar Dilma Rousseff de Brasil. Aunque también se podría incluir en esta lista de gobiernos progresistas derrocados al de Ecuador, a causa de la traición de Lenín Moreno.

A decir de Moldiz, desde un punto de vista geopolítico mundial, retomar el control de América Latina es fundamental para Estados Unidos, cuya declinación hegemónica lo coloca en aprietos en el planeta: “La región es vital para Estados Unidos por los recursos naturales que necesita (petróleo, gas, minerales, agua y biodiversidad) y porque representa su isla continental, desde donde aspira, en condiciones adversas, a mantener su condición de única superpotencia”, asegura.

Al favorecer a los intereses imperiales, el golpe contra Morales adquirió una connotación geopolítica. Muestra de ello es que tras el mismo, el gobierno de facto ha seguido las directrices estadounidenses a pie juntillas.

Entre sus primeras medidas estuvo reconocer al autoproclamado Juan Guaidó y dar a la legación venezolana en Bolivia 24 horas para dejar el país. Luego emprendió una campaña de odio contra Cuba, con allanamientos y hostigamiento a 700 integrantes de la brigada médica, con acusaciones nunca probadas de no tener título y de recibir millones. Finalmente cortó las relaciones con Cuba, lo que ni el gonismo se atrevió a hacer.

Entre los errores del gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS), según Moldiz, figuran el de no haber profundizado la revolución en el pueblo, no haber cambiado el aparato militar y policial, en no contar con organismos de inteligencia eficaces y en haberse centrado en las campañas electorales. Uno de los peores fue el de haber subestimado el arraigo y revanchismo de las fuerzas más reaccionarias del país.

Fue así que el imperialismo utilizó todas sus mañas para socavar la soberanía estatal, financiando ONGs y comités cívicos para atacar al gobierno democrático y así propiciar el golpe con la Organización de Estados Americanos (OEA), como brazo operativo.

En ese escenario se desarrolló el “cambio de régimen” fascistoide que desde el inicio se ocupó de reprimir toda voz contraria, llegando su Ministro de Gobierno a anunciar literalmente que “cazaría” a dirigentes como Juan Ramón Quintana y al mismo Moldiz, dos de los cerebros más odiados y temidos por el imperio.

Cabe recordar que actualmente Hugo Moldiz y Juan Ramón Quintana se encuentran, junto a otros cinco, asilados en la residencia de la embajada de México en La Paz. El gobierno de facto se niega a darles el salvoconducto reteniéndoles ilegalmente y les acosa diariamente mediante la “vigilancia estrecha” de decenas de efectivos policiales y un grupo de paramilitares instalados a metros de la legación diplomática en una presunta “vigilia”.

Una luz al final del túnel

Sin embargo, no todas son sombras en el panorama. El politólogo y sociólogo argentino Atilio A. Boron, asegura en el prólogo que si bien el golpe pudo haberse evitado, más allá de las debilidades y el desgaste del Proceso de Cambio, el triunfo de las fuerzas neocoloniales y racistas en Bolivia no es definitivo.

Coincido con él en que el libro de Moldiz contribuye a la comprensión del proceso vivido por el pueblo boliviano y no desmerece en absoluto el enorme esfuerzo realizado por el MAS para llevar adelante al país dándole una economía sólida, sacando de la pobreza a la cuarta parte de la población y, sobre todo, devolviéndole la dignidad.

Bien argumentado, concreto y escrito con solvencia, en mi opinión, este es el mejor libro de análisis de Moldiz, lo que lo ratifica, como dice Boron, como uno de los más prestigiosos intelectuales de la izquierda de Latinoamérica.


* Escritora

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