julio 13, 2020

Democracia en disputa: tiempos de pandemia y dictadura

Por Boris Ríos Brito *-.


Buscando superar los criterios que dan por culminado el complejo momento actual o que hacen seguidismo al discurso liberal de la democracia, veo necesario señalar algunos aspectos en búsqueda de aportar al debate crítico, que paso a desarrollar a continuación:

I

El actual gobierno, producto del autonombramiento de la senadora Áñez, se ha descompuesto de forma acelerada por varios aspectos, entre los que sobresalen los casos de corrupción, la permanente sombra del narcotráfico y la plena ineficiencia en el manejo del Estado. Con todo, hay que puntualizar que esta ineptitud, no exenta en algunas reparticiones en el gobierno anterior, se debe a que no se ha asentado una burocracia propia y de alto nivel que sepa colorear informes, los mecanismos para hacer girar los motores estatales y evadir procedimientos y, por último, funcione de forma armónica, lo que es solo una cuestión de tiempo.

La descomposición del régimen se encuentra en el reacomodo de un grupo de poder sobre los otros, en el esquema del bloque conservador que impuso el golpe de Estado. Intereses individuales y de grupo de la senadora Áñez, ahora en la silla presidencial, tiene alcance y proyección nacionales, pese a que anteriormente tenían una participación pobre en el escenario político, por decir lo menos, ya que por lo poco que se la recuerda es por su famosa frase de “Einstein” de que “todo lo que sube baja”.

De esta manera, se han desplazado otros grupos de poder, apostando una candidatura presidencial de la propia Áñez, por lo que el régimen ha empezado a descomponerse, pero no necesariamente de forma terminal, ya que busca desesperadamente recomponerse en la medida que pueda negociar intereses comunes y ceda espacios a otros grupos.

II

En el escenario electoral previo a la pandemia y con fecha 3 de mayo 2020, para realizar los comicios, la apuesta del régimen por aglutinar todo el sentido antipopular ha fracasado y las encuestas, siempre instrumento de manipulación, no pudieron negar la primera preferencia a los candidatos del Movimiento Al Socialismo (MAS) y que a continuación otras opciones se encontraran por encima, y a veces con mucho, de su propia opción, que había acogido como candidato vicepresidencial a Samuel Doria Medina.

Las constantes campañas desde el Estado contra la anterior gestión, la movilización permanente de operadores políticos y el uso de los medios de comunicación no contrarrestaban la emergencia del MAS, que había resurgido a causa de la movilización popular que evitó su proscripción anticipada, ya que la represión y persecución política caracterizan el actuar del régimen de Áñez en esta coyuntura.

La pandemia, atendida desde marzo 2020, con la aplicación de una cuarentena total, le permitió al régimen fortalecer los mecanismos de represión y disciplinamiento social, ahora con la bandera de la salud, obligando a suspender todo acto público masivo primero, y toda acción política en las calles después. Pero también, debido a que la Asamblea Legislativa aprobara una ley para ampliar por 90 días el proceso electoral, el régimen busca suspender totalmente las elecciones, desechando la actual convocatoria con la intención clara –nuevamente con la bandera salud– de ampliar su cuestionado mandato y tener un espacio para rearticular su esquema político electoral hasta una nueva fecha de elección, que podría trasladarse fácilmente hasta el próximo año.

III

Es evidente que existen fuertes cuestionamientos sobre algunas direcciones burocráticas del MAS y de organizaciones sociales, como hay un rechazo permanente al discurso de inclusión de la “clase media”, que dio a terceros la potestad de tomar decisiones importantes y que finalmente son corresponsables del desenlace de los sucesos de octubre-noviembre 2019; pero dichos cuestionamientos se hallan actualmente en contradicción con la intención de retorno al statu quo de esas direcciones.

Para los sectores populares, que llegaron a consensos casi forzados para candidaturas en el MAS –bajo las banderas de vencer electoralmente al golpismo–, la democracia liberal se presenta como una vía y no como un fin en sí mismo, ya que fueron nuevamente las asambleas, los cabildos y las reuniones en donde se organizaron.

La democracia popular no es la de la representación ni tiene como sustento el espejismo del voto, sino un ejercicio de hecho que es latente y se expresa en los momentos de radicalización, pero que también se desarrolla en la medida de la construcción de conciencia, de autoconocimiento. Así, la disputa no es electoral, es por el derecho de llenar el concepto de democracia.


  • Sociólogo y militante guevarista

 

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