octubre 22, 2020

José Martí y el antiimperialismo en Nuestra América


Por Julio A. Muriente Pérez *- .


De América soy hijo: a ella me debo.
Y de la América, a cuya revelación,
sacudimiento y fundación urgente
me consagro, ésta es la cuna;
ni hay para labios dulces, copa amarga;
ni el áspid muerde en pechos varoniles;
ni de su cuna reniegan hijos fieles.
Deme Venezuela en qué servirla:
ella tiene en mí un hijo. (José Martí – 1881)

Lo que soy y lo que siento
se lo debo más que nadie a Martí.
Por él me convertí en revolucionario
y su enorme influencia en mí durará
hasta el último aliento de mi vida. (Fidel Castro -2000)

El 19 de mayo se cumplen 125 años de la muerte en combate del Apóstol de Cuba, José Martí, figura de dimensión americana y universal.

Nació Martí –José Julián Martí Pérez– el 28 de enero de 1853, en La Habana. Contaba con apenas 15 años cuando ocurre el Grito de Yara, levantamiento armado independentista que dio paso a la llamada Guerra de los diez años (1868-1878). A tan corta edad fue reprimido por el gobierno colonial español, acusado de respaldar el levantamiento iniciado por Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua.

La Guerra de los diez años no alcanzó su objetivo independentista. Tampoco loa “Guerra chiquita”, desatada poco después. Pero las condiciones estaban maduras para continuar la lucha.

Correspondió a Martí echar a andar las condiciones políticas, organizativas y militares para completar la tarea inconclusa del Libertador Simón Bolívar, la independencia de Cuba y Puerto Rico, últimas colonias de España en América. Dirigió la fundación –el 10 de abril de 1892– del Partido Revolucionario Cubano (PRC) concebido, para lograr “la independencia absoluta de la isla de Cuba y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico”.

La así denominada “Guerra necesaria”, se inició con el alzamiento revolucionario realizado el 24 de febrero de 1895. El proyecto emancipador martiano, elaborado tan trabajosamente, uniendo voluntades diversas e incluso antagónicas, daba fruto.

La caída en combate del Apóstol cubano en Dos Ríos aquel 19 de mayo, fue una verdadera desgracia. La guerra apenas había comenzado. Con su muerte prematura –poco antes había cumplido 42 años– desaparecía el gran estratega, ideólogo e inspirador de aquel esperanzador movimiento emancipador.

No obstante, la guerra continuó.

Mientras tanto, Estados Unidos completaba el proceso de conquista y colonización que llevó sus fronteras hasta el océano Pacifico, en 1890. Desde hacia décadas Washington se había interesado en Cuba, como parte de sus planes expansionistas hacia el sur. Ahora que se había completado la expansión al oeste, podría apoderarse del remanente colonial español en América.

Desde Estados Unidos se generó un respaldo interesado y pusilánime a los independentistas cubanos. Entonces se dio el hundimiento del acorazado Maine en la bahía de La Habana, el 15 de febrero de 1898, ocasión que aprovechó el gobierno estadounidense para declararle la guerra a España. Esto implicó, de hecho, el desplazamiento de las fuerzas independentistas cubanas que avanzaban hacia una victoria segura.

España se rindió… ante Estados Unidos, convertida en potencia imperialista. Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam fueron tomados como botín de guerra. El gran sueño libertador de José Martí no se alcanzaría entonces.

Cuando décadas después –el 26 de julio de 1953– se dio el ataque al cuartel Moncada por un grupo de jóvenes revolucionarios, su dirigente, Fidel Castro, describió a aquellos combatientes como la generación del centenario del Apóstol. Martí les inspiraba.

Finalmente, José Martí fue reivindicado, el primero de enero de 1959, al triunfar la Revolución cubana. Una revolución, por sobre todas las cosas, martiana.

Queda pendiente en esa agenda, bolivariana y martiana, la independencia de Puerto Rico…


  • Catedrático Universidad de Puerto Rico y dirigente del /  Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico

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