julio 11, 2020

Mujer y Seguridad Social durante el Covid-19


Por Soledad Buendía Herdoíza-.


Los sistemas de seguridad social en la región latinoamericana se han puesto a prueba frente a la pandemia que enfrentamos.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) a través del Convenio 102 establece los principios fundamentales de seguridad social, como normas mínimas aceptadas a nivel mundial para las nueve ramas de la seguridad social. Estas ramas son: asistencia médica, prestaciones monetarias de enfermedad, prestaciones de desempleo, prestaciones de vejez, prestaciones en caso de accidentes del trabajo y enfermedad profesional, prestaciones familiares, prestaciones de maternidad, prestaciones de invalidez y prestaciones de sobrevivientes.

En ese marco es importante destacar que la seguridad social es un derecho humano fundamental y no solamente una conquista laboral, por lo tanto, los regímenes de seguridad social y su efectividad son fundamentales no solo en la lucha contra la pobreza, sino como amortiguador de crisis e impulsor del desempeño económico, garantizan una vida digna para todos los adultos mayores. Hoy al enfrentar la crisis sanitaria del Covid-19 lo vemos con claridad, una seguridad social de cobertura universal y obligatoria es indispensable.

Si una de las problemáticas de los regímenes de protección social es la limitada cobertura, como la contemplación de riesgos cubiertos, creemos que una mirada que diferencie a las mujeres por las discriminaciones y violencias que deben enfrentar, es indispensable. Las brechas de género se mantienen y agudizan, primero, porque la participación de las mujeres es porcentualmente menor en el mercado laboral formal, las mujeres, al ser contratadas, generalmente reciben remuneraciones menores que los hombres, para un mismo desempeño. Cuando las mujeres se insertan en el mercado laboral lo hacen en condiciones desfavorables, pues mantienen la carga del trabajo de cuidado y doméstico no remunerado en el hogar.

Las condiciones de trabajo para las mujeres suelen ser precarias, temporales, sin protección ni seguridad social, pues muchas de las que trabajan lo hacen en el mercado informal y esto se repite en casi todos los países de Latinoamérica.

Sin seguridad social las mujeres están en mayor riesgo frente al Covid-19, un análisis profundo y detallado de la pandemia que vivimos no puede dejar de lado el enfoque de género. En cada rincón de la tierra hay millones de mujeres trabajando muchas más horas, quizás día y noche, cargando sobre sus hombros el bienestar de sus familias. Lo hacen en sus hogares y fuera de ellos, en la atención médica como especialistas y enfermeras, al cuidado de las personas adultas mayores y de los niños y niñas; en casi todos los casos también realizan trabajados no remunerados en el hogar, como ya lo hemos señalado.

En tiempos de coronavirus se requiere desde los Estados acciones concretas a favor de las mujeres, como planes de estímulo que fomenten la resiliencia económica de las mismas, planes de recuperación financiera para las que se encuentran en trabajo informal y sin seguridad social. Y sobre todo urge una revisión profunda de las bases conceptuales con que se han construido los sistemas de seguridad social en nuestros países, una valoración seria de cómo el modelo capitalista individual no permite la generación de bienestar para la población, ni garantizará evitar el riego de empobrecimiento para la población adulta mayor, en especial las mujeres.


* Asambleísta por la Provincia de Pichincha de la Asamblea Nacional del Ecuador

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