enero 18, 2021

Elecciones coronadas de esperanza


Por María Bolivia Rothe -.


Son ya más de seis meses que las abruptas circunstancias nos han alejado de la patria. Durante este tiempo, hemos visto con horror cómo el gobierno usurpador ha destrozado el Estado Plurinacional que fue tejido con tanto esmero; todas las conquistas sociales del Estado de derecho fueron violentamente arrebatadas y hoy vemos impotentes cómo el desorden y el caos se cierne en nuestro país, donde los saqueos son el pan de cada día, pero agravada la circunstancia mucho más aún, debido a la pandemia mundial del Covid-19 que ha puesto a prueba a todos los gobiernos del mundo. Este microscópico organismo ha desnudado las políticas sociales y de salud de los diferentes gobiernos del mundo. Sociedades como la vietnamita han resistido la pandemia y se ha logrado lo que no se ha logrado, porque han puesto énfasis en la vida. Sociedades como la norteamericana, tienen encima una tragedia, porque ahí, el mercado es primero.

En este contexto haber arribado a un acuerdo para la realización de las elecciones en Bolivia, para el primer domingo de septiembre, es una verdadera conquista que garantiza, más allá de todas las consideraciones referentes a la pandemia, que el Estado de derecho va a retornar a mi país y con él el ordenamiento para continuar la consolidación de una visión de Estado que fue abruptamente truncada.

Sin embargo, la alegría de saber que hay una luz al final del túnel, no debe hacernos olvidar las lecciones aprendidas. Es muy importante reconocer que las políticas sociales deberán ser uno de los ejes más importantes de cualquier gobierno. La política social determina la económica, porque la salud y la educación garantizan el contar con recursos humanos sanos y calificados.

En Bolivia las políticas sociales siempre fueron la última rueda del carro; cada año, el incremento de presupuesto para salud y educación era una verdadera lucha para lograr mínimos resultados. El gobierno de Evo Morales hizo bastante por la salud pública y mucho más por la educación. Sin embargo, no ha sido suficiente y el Covid-19 nos lo ha demostrado sobreabundantemente. No estamos preparados para afrontar esta pandemia y eso se va a traducir, como ya lo está haciendo, en miles de enfermos y de fallecidos, como siempre, entre los más pobres.

Pero también es importante aprender otra lección: la salud no es un tema aislado. La salud de una población es la resultante de varios factores: acceso al agua, saneamiento básico; trabajo, medio ambiente, género, educación. En resumen, es un asunto multifactorial que compete a casi todos los ámbitos de gobierno y esto es algo que no podemos dejar de lado y que urge implementar.

Ahora que se inaugura una nueva época y se vislumbra el horizonte de una nueva Bolivia democrática por fin, este desafío no puede ser ignorado. No podemos olvidar que, producto de políticas que privilegian lo económico antes que el ser humano, estamos viendo tendales de muertos por la pandemia. Pero estos muertos no son como los demás. La pandemia, no solamente que mata, sino que aísla, ya que los muertos por Covid-19 mueren en soledad, sin la posibilidad de ser confortados en sus últimos momentos; esto es demasiado sufrimiento, no solamente para el paciente, sino para la familia que no puede despedir a su ser amado.

En este contexto, llevar adelante las elecciones en Bolivia, no es un acto irresponsable y mucho menos indolente con la epidemia. Todo lo contrario, es la garantía de recuperación de un Estado para todos y todas. Es el retorno a una democracia que es imprescindible para ordenar la casa.

Existen algunas voces que recrean ciertas tendencias en Bolivia y que su único fin es confundir los hechos. Fijar la fecha de las elecciones fruto de un acuerdo político no es ni remotamente retornar a la tristemente célebre “democracia pactada”, como algunos han querido hacer ver. Todo lo contrario, se trata de abrir caminos de diálogo y concertación para tomar decisiones en conjunto sobre la base de dos hechos que atañen a todas y todos los bolivianos, como son la epidemia y las elecciones, que se cruzan irremediablemente desde que empezó este año. Es una urgencia ineludible luchar para que Bolivia salga bien de la pandemia, pero también es una urgencia retornar a la democracia y al Estado de derecho. Justamente, para dejar de seguir lesionando el soporte institucional del Estado boliviano, que está herido de muerte desde el 20 de octubre de 2019 y que se rasgó precisamente a partir del Órgano Electoral.

Por otra parte, las proyecciones epidemiológicas sobre el coronavirus en Bolivia, realizadas por las más prestigiosas universidades, tales como el Colegio de Salud Pública de Londres o el Instituto Tecnológico de Massachussets, que están observando la pandemia en todo el mundo, así como la Organización Mundial de la Salud (OMS), han establecido ya protocolos para llevar adelante elecciones en contexto de la pandemia, respetando las mínimas normas de bioseguridad, como la utilización de barbijos y el distanciamiento social. Por lo tanto, si e TCP cumple con estos protocolos, es perfectamente viable la realización de las elecciones nacionales la primera semana de septiembre.

Los resultados de las elecciones van a permitir al gobierno electo trabajar para retomar algo que se ha perdido en este gobierno y que es crucial para luchar contra la pandemia y ganarle; me refiero al diálogo coordinado y sincronizado entre el gobierno central y los gobiernos subnacionales, cosa que hoy en día se ha convertido en un diálogo de sordos, principalmente, por el absoluto desinterés del gobierno central de compartir victorias y derrotas y, sobre todo, porque la presidenta interina se ha dedicado a echarle la culpa al MAS-IPSP de todas las desgracias asociadas a la pandemia, razón por la que, en lugar de hacer un trabajo técnicamente coordinado, se convirtió en un espacio de disputa política. Nada más insensato. Se definió una cuarentena rígida que, en lugar de haber sido coordinada con gobernadores y alcaldes, fue dirimida y conducida como un estado de sitio desde el Ministerio de Gobierno. Ni hablar de la falta absoluta de comprensión de sus gobernados, 45% de ellos cuentapropistas que, si no salen a trabajar, no comen. O de la absoluta falta de pruebas de laboratorio para poder manejar adecuadamente enfermos, sospechosos y contactos estrechos.

Estamos frente a un enorme desafío que fue posible gracias a la conjunción de muchos factores y actores. Bolivia otra vez está transitando en el único camino que ha reconocido como auténtica garantía de vivir en libertad, de cara a un mejor horizonte que nos permita entre todos moldear la patria que anhelamos, digna y fuerte para todas y todos.


* Médica salubrista

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