enero 18, 2021

Metáforas y realidades en la política boliviana

Por Sonia Avilés-.


En un lugar del planeta se rompió el equilibrio y como una vorágine comprometió al mundo.

El odio venció al amor y el k’encherío (desgracia) a la fortuna. La Pachamama (Madre Tierra, Naturaleza) fue echada de Palacio. La Whipala (código ancestral de armonía expresada en los siete colores del arcoiris) fue vejada. Sangre de inocentes se mezcló con el polvo y bañó los Andes, el Trópico y los Llanos. La muerte desleal grabó a fuego y vergüenza los nombres de Senkata, Sacaba y Yapacaní en la memoria de los bolivianos.

La profecía empezaba a cumplirse. Corrían octubre y noviembre de 2019.

Cierro los ojos y recuerdo con emoción el 2002, cuando se iniciaban los fatigosos trabajos para regresar a la Estela Pachamama o Monolito Benentt de la ciudad de La Paz a su lugar de origen: el Valle Sagrado de Tiwanaku, uno de los más fascinantes y enigmáticos focos culturales o patrimonios de la humanidad, iniciándose así un nuevo ciclo para los pueblos del mundo y en particular para Bolivia: el Proceso de Cambio estaba cuajando… la wak’a (divinidad) retornaría a su sitial.

Se restablecería el equilibrio roto e iniciaría una nueva época de la mano de un líder que había regresado hecho millones: el orden cósmico volvería y fluirían energías positivas, todo estaría nuevamente en su lugar: auge y abundancia lloverían. ¡Un hombre amaría tanto a su pueblo al punto de trabajar sin cesar por su bienestar, le enseñaría a soñar con grandes proyectos, construiría obras monumentales y le devolvería la dignidad!

¿Coincidencias? La ciencia solo puede registrar los fenómenos. En 1932 la Estela Pachamama fue desenterrada y desvelada ante ojos mundanos, fue fotografiada por primera vez, mientras se organizaba el traslado desde su nido milenario a la urbe paceña, “coincidiendo” todo este fantástico hallazgo arqueológico y su gestión con el inicio de la Guerra del Chaco que devastaría a Bolivia y Paraguay. Iniciaban años de dolor para nuestro pueblo.

Volvamos al presente, abramos los ojos… hoy el caos se ha apoderado de nuestro país, el hambre y la enfermedad nos golpean junto a buena parte del mundo, un plan macabro envuelve a nuestra tierra. El juego está hecho: traición y caos. Corrupción y narcotráfico campean, el pastor vigila desde lejos al rebaño, el rebaño está asustado y no tiene fuerza… volveré millones es sólo una esperanza.

La amenaza se cierne sobre nuestra alimentación, ya no solo sobre nuestros recursos naturales sino sobre nuestro patrimonio agrícola: nuestras semillas ancestrales, el plan incluye también la introducción de transgénicos, la afrenta a la Pachamama es total… El racismo y el clasismo han derrotado a la pluralidad, los lobos van por todo, sus fauces húmedas han probado las riquezas de nuestra tierra y no pararán hasta asolarla por completo, su botín: el indio y su legado.

¿Cómo restablecer el orden? ¿Cómo cerrar el oscuro ciclo e iniciar uno nuevo? ¿Cómo solidificar el Proceso de Cambio? ¿Cuándo volverá a salir el Sol? ¿Y la Luna cuándo nos regalará nuevamente su brillo argénteo? ¿Qué hacemos Pachamama? ¿Cómo ponemos cada cosa en su sitio y calmamos tu desconsuelo? Es cierto… se ensañaron con el líder, fingieron hambre con los vientres llenos, pidieron libertad cuando lo que querían era censura… la Whiphala fue humillada, la pisaron y orinaron, luego la quemaron. Pero después el pueblo humilde se vistió de Whiphala, ahora mismo, millones de banderas lucen por doquier. ¿No es suficiente? ¿O quizás no estamos a la altura? ¿Merecemos años de penuria por el desprecio a tus regalos?


* Antropóloga e historiadora

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