diciembre 2, 2020

Elecciones en Francia: se vota pero usando tapaboca

Para a dar a conocer sus ideas los candidatos optaron por los llamados “mítines digitales”, las campañas temáticas en YouTube, telefonía móvil y un sinfín de ideas similares.

Más de tres meses separan la primera vuelta de las elecciones municipales celebradas el pasado 15 de marzo de la segunda vuelta que se lleva a cabo este domingo. La cita con las urnas es excepcional: es la primera elección a gran escala que se realiza en una democracia occidental desde el inicio de la pandemia; está precedida por el contexto de la crisis sanitaria y se cruza con otra crisis doble derivada de las consecuencias del coronavirus: la crisis económica y social que se va instalando poco a poco.

Esta consulta atañe a 4.922 comunas y barrios, moviliza a 16 millones de electores, engloba al 13% de las municipalidades francesas y al 38% de la población. Entre estos datos se mueve la sombra de la pandemia y la incógnita sobre los significados que sembraron en los electores los dos meses confinamiento. ¿El tan deseado “nuevo mundo” saldrá de las urnas o la sociedad persistirá en sus opciones de antaño ? Otras tres variables condicionan los resultados: la abstención histórica de la primera vuelta, 55,35 %, los porcentajes alentadores que consiguieron los ecologistas en la primera vuelta y los pactos entre las listas de izquierda y los verdes que se fueron forjando a la sombra del confinamiento para romper en varias ciudades la bipolaridad de la elección.

Todo es atípico, incluido el pasado: durante las elecciones municipales de 2014 el repudio al presidente socialista François Hollande era tan masivo que la derecha logró sacarle a la social democracia más de 140 ciudades con más de 10.000 habitantes. 2020 podría funcionar como una suerte de reequilibrio del mapa electoral y regresar, así, a una cartografía política más coherente con las bases regionales de los partidos. El primer obstáculo de este domingo consiste en convencer a los electores de que acudan a las urnas.

La campaña electoral se llevó a cabo de una forma poco usual, es decir, interrumpida entre la primera y la segunda vuelta, luego condicionada por las medidas de distancia social y sin actos masivos de presencia ni trabajo calle a calle, puerta a puerta. Las medidas sanitarias impidieron los acercamientos y se optó por los llamados “mítines digitales”, las campañas temáticas en YouTube, telefonía móvil y un sinfín de ideas similares. Las encuestas de las consultoras no son nada alentadoras porque anticipan una abstención similar o superior a la del pasado 15 de marzo. Ello, por consiguiente, volvería a falsear la realidad del voto.

Los candidatos se enfrentan a un país que desconocen y que, por consiguiente, tampoco figuraba como tal en las propuestas previas a la primera vuelta. Hasta marzo había una Francia y, luego, surgió otra marcada por la emergencia económica y social. Ambas demandas condujeron a los candidatos a cambiar sus propuestas, a tomar en cuenta localmente las rupturas viralizadas por el covid-19 y a prestar más atención a las asociaciones de la sociedad civil que se movilizaron durante el confinamiento. En la aristocrática ciudad de Burdeos, donde se especula con una victoria ecologista luego de haber estado a lo largo de 75 años gobernada por la derecha, el candidato verde, Pierre Hurmic, admite que “ni él ni los demás candidatos pudieron anticipar que la crisis sanitaria desembocaría en una crisis económica y social tan amplia”.

El virus cambió profundamente la naturaleza de las plataformas electorales. Los candidatos concentran hoy sus argumentos en la elaboración de respuestas locales para atenuar los estragos de la pandemia. A modo de ejemplo, en varias ciudades se propone la extensión hasta finales de año de las disposiciones excepcionales que se tomaron a escala nacional para agilizar la economía. Sin llegar a poner de lado su temática central, incluso los ecologistas tuvieron que acomodar sus propuestas al marasmo que se está formando y, de alguna manera, adaptar la dimensión ecológica a los imperativos de la crisis. La derecha antepone a la retórica ecologista su idea de que sus iniciativas representan un antídoto porque los verdes esgrimen una suerte de “utopía contra la razón”.

La pandemia distorsiona muchas de las lecturas políticas que se puedan hacer de estas elecciones. Todo es simple y cotidianamente atípico. Hay grandes ciudades como Marsella, Lyon o Toulouse que podrían pasar a ser administradas por los ecologistas gracias a la unión de sus listas con la izquierda alternativa. Otras como Burdeos donde la fuerza verde es tal que el partido Presidencial La República en Marcha se alió con los centristas y la derecha de Los Republicanos. En París, la Intendenta saliente, la socialista Anne Hidalgo, tiene, en las previsiones, la victoria garantizada con más de 45% de los votos. Su pacto con los ecologistas afianzó su posición de líder en representación de un Partido Socialista del que sólo quedan retazos.

El partido de Jean-Luc Mélenchon (LFI), Francia Insumisa, ha mantenido un perfil más bien bajo y se proyecta hacia otras consultas futuras de carácter nacional. La extrema derecha de Marine Le Pen (RN), Reagrupamiento Nacional, cuenta con sacarle de las manos a los socialistas un par de ciudades, ganarle a la derecha en una, Perpiñán, y expandir su escasa implantación local en las 120 comunas donde presenta candidatos. La extrema derecha rehúsa “nacionalizar” esta elección y también opta por concentrarse en las grandes consultas. El partido presidencial se prepara a resultados adversos porque esa es un poco la lógica de las elecciones municipales, bastante negativas para quienes están en el poder.

Dividida y sin estrategia convincente, la amplitud o la estrechez de los resultados de La República en Marcha dirá también algo sobre la consecuencia política de la pandemia y cómo Francia ha juzgado la gestión gubernamental. Para Los Republicanos del ex presidente Nicolas Sarkozy la elección de este domingo tiene poco aliento: el partido está en ruinas y apenas le quedan algunas joyas municipales que se empeña en conservar. El mayor atractivo será ver hasta donde llega la dinámica que se puso en marcha en el curso de la pandemia en el seno de las corrientes progresistas y ecologistas. Ambas activaron muchos puentes, pactaron listas comunes con los y empezaron a edificar bases comunes que antes no existían.

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