noviembre 28, 2020

El desvarío de Murillo


Por Carlos Echazú Cortéz -.


¿Será que Murillo se da cuenta de lo que hace y dice? El asunto de los respiradores comprados a sobreprecio escandaloso le ha provocado un desvarío de tales proporciones que no solo lo hunde a él personalmente en el ridículo, sino que delata su desesperación por encubrir el acto de corrupción del gobierno más grosero que se tenga memoria. El perjuicio ocasionado al país no solo se mide por el daño económico provocado a las arcas fiscales. Toda la pretendida «lucha» contra el coronavirus por parte de los golpistas ha sido develada como una farsa, que el Gobierno pretendió utilizar para prorrogarse indefinidamente en el poder.

Ya fue demasiada grosería el secuestro al juez que estaba por instalar la audiencia de medidas cautelares al exministro Navajas. Allí se develó muy notoriamente que la intensión era amenazar a todos los involucrados para que evitaran descubrir lo que realmente había pasado en el caso. Se amenazaba a Navajas para que no declarara más de lo que «debía». Se amenazaba a los jueces, tanto al juez cautelar como a los que luego trataran el tema de fondo, para que no emitieran fallos comprometedores contra el Gobierno; se amenazaba a fiscales para que se «midieran» en sus acciones. En fin, fue un acto abusivo al más puro estilo mafioso típico de las dictaduras.

El caso, sin embargo, fue prácticamente ignorado por los medios de comunicación, que apenas si hicieron referencia al tema, en una clara complicidad con el Gobierno, para no hacer el escándalo que correspondía hacer.

Ahora ha inventado una nueva historia para poner una cortina de humo sobre los respiradores, como lo ha manifestado Luis Arce en sus declaraciones. Pretende que «no ha sido un acto de corrupción, más bien es una conspiración del Movimiento Al Socialismo (MAS)». ¿Será que se da cuenta de lo que eso significa?

Asumamos por un momento que eso fuera cierto. Eso implicaría que Evo Morales es un genio en organización, ya que toda conspiración requiere de esta. Mientras más sensacional es la conspiración, más organización requiere. Y vaya que fue sensacional el asunto, pues logró estropear la acción más importante que el Gobierno desplegaba para mostrarle a la población que efectivamente estaba luchando contra la pandemia, eso era evidentemente la compra de respiradores, que tanta falta le hacen a nuestro sistema de salud.

Para obtener eso, Morales, en su «acción conspirativa», habría logrado mantener en el cargo más importante de la asesoría jurídica del Ministerio de Salud a su presunto operador, Fernando Valenzuela, no por una, sino por dos gestiones, nada más y nada menos que en el gobierno que le tiene varias demandas penales en curso. Posteriormente, habría logrado hacer a un lado de los preparativos y negociaciones para la compra de los respiradores al «Embajador de Ciencia y Tecnología», que semanas antes se pavoneaba por los medios de comunicación indicando que él estaba coordinando la compra de respiradores por parte del Gobierno. Así también, Evo habría logrado que se nombrara Cónsul en Barcelona a su segundo operador, pese a ser hijo de una candidata a senadora del partido de gobierno.

Este cónsul, en la lógica conspirativa, debió necesariamente ser operador de la conspiración, puesto que fue a él a quien Valenzuela recurrió para que fuera a verificar los respiradores y coordinara con los intermediarios.

Seguramente hubo algún arrepentimiento de este segundo operador, que amenazó con frustrar la conspiración, porque alertó mediante carta a la Canciller que había otras opciones a menor precio. Pero eso no importó, porque el genio organizativo de Morales previó un plan b y, de este modo, se dio modos para evitar que la carta le llegara a Longaric. Esto implica que los viceministros de Exteriores, que desviaron hacia ellos la nota que iba a la Canciller, también serían parte de la conspiración.

Cómo haría Evo Morales en su plan conspirativo, pero logró que las autoridades del Ministerio de Salud firmarán el contrato sin darse cuenta que había un sobreprecio que obviamente iba a ser cuestionado por la población. Así también, debió ejercer alguna influencia muy fina para obtener que la autoproclamada y el propio Murillo fueran a entregar parte del lote de los 170 respiradores a Santa Cruz, sin que una comisión de aquel ministerio los revisara y emitiera su informe de conformidad.

Bueno, seguramente faltan muchos detalles en la atribuida acción conspirativa, pero los señalados son suficientes para demostrar que todo esto es absurdo.

La teoría de la conspiración formulada por Murillo no solo implica un genio organizador en Evo Morales, sino además determinadas «cualidades» en el Ministro de Gobierno. Su anterior jefe, Doria Medina, lo ha señalado con mucha precisión cuando le asignó el apodo de «el bolas». Que Murillo tenga esa cualidad, es otra de las implicaciones de su teoría de la conspiración.


* Militante de la izquierda boliviana

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