agosto 11, 2020

El desvarío de Murillo (segunda parte)


Por Carlos Echazú Cortéz-.


En un artículo publicado la semana pasada, bajo este mismo título, en esta misma columna, se sostuvo que el ministro golpista de Gobierno, Arturo Murillo, había llegado al extremo del desvarío al referirse al caso de los 170 respiradores comprados a sobreprecio escandaloso por parte del gobierno. Ciertamente, el pretender ser tomado en serio, cuando afirmaba que el caso se debía a una conspiración de Evo Morales, implica un desvarío muy agudo.

Nos preguntábamos si realmente se habría puesto a pensar que la teoría de la conspiración implicaba, dadas las circunstancias, una genialidad organizativa del presunto conspirador y, a la vez, una incapacidad extrema en el aparato de seguridad del Estado, que está a su cargo. Solo así se podría concebir que el dirigente de la oposición, desde su exilio, hubiera logrado organizar una conspiración para lograr que se compre con sobreprecio, con recursos públicos, con las firmas de autoridades del Ministerio de Salud en el contrato, un lote de 170 respiradores defectuosos e incompletos y achacárselo al Gobierno con el fin de desprestigiarlo.

Los acontecimientos en la semana han dado mayor fundamento a nuestra tesis del desvarío de Murillo. El titular de Gobierno, apoyado por el espurio coronel Iván Rojas, Director Nacional de la FELCC, en cuya cuenta y la de su esposa aparecieron más de seis millones de bolivianos sin justificación alguna, sustentó su tesis de la conspiración en un registro de llamadas telefónicas del «testigo clave», según las cuales, este personaje habría tenido comunicación con Evo Morales y varios dirigentes del Movimiento Al Socialismo (MAS). Esa era la prueba, según el desvariado Ministro, de que Evo habría realizado la mentada conspiración. Obviamente, este absurdo le ha valido la mofa de la población que se expresó en las redes sociales, señalando que «sueña con Evo, despierta con Evo, piensa solo en Evo, vive por Evo», en síntesis, está obsesionado con Evo.

Pero, más allá de la mofa, su ridículo argumento le salió como un boomerang cuando el propio «testigo clave», Fernando Humérez, comprendiendo que solamente había sido usado por Murillo, declaró que el reporte de llamadas extraído de su teléfono había omitido consignar una gran cantidad de llamadas que había tenido con varios funcionarios del Gobierno y, especialmente, con el mismo Murillo. Además adelantó que, en su siguiente declaración en el marco del proceso, revelaría las presiones que Murillo ha ejercido sobre él para que se presentara como «un testigo clave», que al final de cuentas terminó inculpándose a sí mismo. Esto demuestra que el único conspirador, en realidad, es el Ministro de Gobierno.

Por si esto fuera poco, la Fiscalía también hizo su parte para dejar al descubierto que el ministro Murillo está realmente desvariando. El caso no es que la Fiscalía pretenda ridiculizarlo, pero es que Murillo les había dejado una tarea imposible, es decir, demostrar la supuesta conspiración de Evo. Por eso decidieron pasarle la pelota y devolverle la denuncia pidiéndole que la complemente. Eso quiere decir, explicó el Fiscal ante los medios, que se señale cómo se hubiera realizado la conspiración: «no estamos rechazando la denuncia –dijo– solo pedimos que se señale el cómo, el cuándo, el dónde». Eso significa que Murillo tiene ante sí la tarea de explicar los pormenores de su imaginada conspiración. Ahora es de esperar –o de temer– que el ministro más trastornado del gabinete de la autoproclamada Áñez enloquezca aún más en esta labor.

Todo esto puede parecer incluso hasta cómico a quien haya querido acompañar estas reflexiones con su lectura. Sin embargo, el asunto no es gracioso. Estoy afirmando que el Ministro a cargo de la seguridad del Estado Plurinacional de Bolivia efectivamente está desvariando, pues un político en sus cabales lógicamente hubiera elegido una estrategia distinta para enfrentar todo el desprestigio que le ha acarreado el caso de corrupción en la compra de respiradores al gobierno golpista. Así también, una estrategia jurídica seria tenía que haber previsto que una denuncia ante la Fiscalía debería contener el cómo, el cuándo y el dónde de la conspiración denunciada. Sin embargo, ese es el lawfare que juega Murillo. Antes de razonar sobre la denuncia que va a interponer, prefiere amenazar a los jueces y fiscales, como lo ha denunciado el fiscal de materia de Cochabamba, Rodrigo Soria Medrano, en el caso que se lleva contra el anterior aliado de los golpistas, el alcalde José María Leyes. Lo denunciado en este otro caso es también otra muestra del desvarío de Murillo.


• Militante de la izquierda boliviana

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