septiembre 18, 2020

El conflicto de K’ara K’ara: la radiografía de una derecha sin luces


Por Carla Espósito Guevara-.


“Sr. Murillo haga procesos a toda esa gente delincuente de K’ara K’ara convierta una canchitas en cárcel para encerrarlo en ese lugar y se infecten con el coronavirus y se curen con sus famosos matecitos y coman mucho chuño”, dice el comentario de un ciudadano en una nota digital del periódico Págiana7 sobre el conflicto de K’ara K’ara, del 5 de julio de este año.

“MINISTRO MURILLO que aprendan a cumplir y obedecer normas nacionales. La gente de Karakara de Senkata, Río Seco y otras zonas de El Alto siempre han vivido en el campo, por lo tanto, no saben comportarse en la ciudad […]. Son los Masiburros del siglo XXI aplausos para Ud. Gracias por todo lo que hacen para protegernos de los vándalos y terroristas narcotraficantes”, dice el comentario de otra ciudadana en la versión digital de El Deber, del 4 de julio.

Estas son dos muestras de los comentaros expresados por dos ciudadanos comunes de a pie en dos notas publicadas en la versión digital de los periódicos Página 7 y El Deber, en relación al conflicto de K’ara K’ara. Más allá de lo mal escritas, expresan las ideas (si es que a esto puede llamarse ideas) de muchos ciudadanos cochabambinos respecto al conflicto y reflejan de forma descarnada el desprecio frente a los protestantes y así como serias limitaciones de comprensión de la realidad social que padece la derecha en Bolivia.

Los pobladores de esa zona pagan el agua más cara de Cochabamba: Bs 7 cada turril y el cubo a Bs 35, por tanto, demandan la promulgación de una ley que les permita recibir agua subvencionada ya que no cuentan con red pública. Esta necesidad se ha visto exacerbada debido emergencia causada por la pandemia de la Covid-19.

La respuesta del Gobierno frente al incumplimiento de los acuerdos a las demandas planteadas por los vecinos de K’ara K’ara, en vez del diálogo, ha sido la militarización de la zona y una brutal represión. Murillo llamó “delincuentes” a los manifestantes y convocó a grupos irregulares, como la Resistencia Cochala, a romper la cuarentena para tapiar la alcaldía y cortar el agua de la ciudad de Cochabamba, lo que lejos de apaciguar el conflicto, lo atizó aún más.

Ante la reacción gubernamental, la Misión en Bolivia de la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) expresaron su preocupación por la violencia registrada en la zona de K’ara K’ara y la presencia de grupos irregulares, al tiempo que pidieron a las autoridades respetar los Derechos Humanos y “no criminalizar” las protestas sociales. Por increíble que parezca, la respuesta de los sectores de derecha a las preocupaciones expresadas por estos organismos ha sido decir que son pagados por el Movimiento Al Socialismo (MAS) y que los Derechos Humanos son cosa de izquierdistas.

La forma en que el gobierno transitorio está enfrentando el conflicto señala que los ministros no tienen capacidad de diálogo, simplemente porque pertenecen a un gobierno sin legitimidad que desconoce y desprecia a las poblaciones con las cuales debería dialogar. El gobierno transitorio ha destruido completamente las mediaciones entre Estado y sociedad civil –pecado común a las oligarquías que manejaron este país–, entonces su única forma de tratar con la sociedad es el uso desmesurado de la fuerza, la criminalización de la protesta, el potenciamiento de racismo y la estigmatización del otro.

Murillo afirmó “que el 72% de los muertos por coronavirus en Cochabamba son de la zona sur de Cochabamba donde está K’ara K’ara”. Promover la idea de que los ciudadanos movilizados son agentes de infección para poner a unos grupos sociales contra otros y dar la imagen de caos social y evitar las elecciones, es algo muy peligroso. La derecha está haciendo gala de un liderazgo muy poco inteligente en este conflicto, pero aparentemente es hasta ahí donde sus luces les permiten llegar. Sus sofisticadas líneas discursivas, que no van un centímetro más allá de la repetición incansable de los mantras: “salvaje”, “vándalos, “narcoterroristas-delincuentes-masiburros”, están alentando además peligrosas facturas inter clase e inter étnicas que tardaremos años en cerrar.


* Socióloga

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