agosto 11, 2020

Volver a fojas cero


Por Óscar Silva Flores-.


Al gobierno transitorio se le están cerrando todos los caminos, es decir, todas las opciones a través de las cuales seguramente pensó prolongar “democráticamente” su permanencia en la administración del Estado y en su desesperación todo es posible esperar, nada debiera sorprendernos.

Veamos los factores que han llevado a los golpistas a esta situación. Desde adentro la incapacidad de gestión demostrada por los colaboradores de Áñez en todos los campos de la administración, la escandalosa corrupción en todos los sectores y, desde luego, la candidatura de su presidenta que ha dejado fuera de combate a quienes en noviembre la colocaron en la silla presidencial.

Desde fuera del Gobierno, el descontento ciudadano primero con el golpe, luego con la violencia ejercida en contra de ciudadanos indefensos, posteriormente contra la corrupción en la administración estatal, como también por el deplorable manejo sanitario de la pandemia y, finalmente, ante el empecinamiento de no querer llevar adelante las elecciones nacionales, han logrado poner contra las cuerdas a los operadores del régimen, con muy pocas posibilidades de movimiento.

Volviendo a noviembre, los golpistas no solo autonombraron una presidenta, también expresaron un supuesto objetivo de su presencia, al suponer que acabaron con la dictadura masista retornar al orden democrático, ¿cómo? a través de la realización de elecciones generales en un plazo de 90 días. En marzo de este año debieron realizarse estas elecciones, sin embargo, fueron convocadas en principio para mayo, diferidas luego para agosto y postergadas para septiembre, sin que exista ninguna seguridad de que se lleven a cabo.

¿Cómo podemos explicar este comportamiento por demás errático? Intentémoslo. Imaginamos que antes del golpe creyeron que con un acuerdo de toda la derecha se podía ganar sin mayor problema las elecciones nacionales ante el desbande (exilio, cárcel y persecución) de los cuadros dirigenciales del MAS. Sin embargo, las disputas internas por espacios de poder y el afán de figuración –ir primero en la lista– mandó por el tubo cualquier acuerdo de unidad entre quienes se adjudican la derrota de Evo. Una derecha fraccionada solo podría apostar a un eventual triunfo en segunda vuelta. Sus candidatos, con excepción de Mesa, no logran levantar ninguna expectativa en el electorado y a Mesa, con mucho esfuerzo, apenas le alcanza para un segundo lugar muy distante del primero, con muy pocas opciones de llegar a una segunda vuelta. Los golpistas igualmente creyeron (aunque no sea cuestión de fe) que la desconocida senadora, por su condición de mujer y sus raíces orientales (no nórdicas ni arias) podía convocar una buena parte del votante antimasista. No pudo ella, ni pudo su entorno, se aplazaron por incapacidad y rapacidad. A ocho meses del golpe, mantiene un tercer lugar en las encuestas cayendo cada día más y más.

Es obvio y es lógico que en estas condiciones no quieran ir a elecciones. A nadie le gusta ir a una contienda con la certeza de que va a perder. ¿Entonces qué hacer? Uno de los caminos, para ellos, el más añorado, es quitar del camino al Movimiento Al Socialismo (MAS). Ya que por la vía violenta no lo lograron, ahora buscan la senda judicial, por lo que aparecen de la noche a la mañana demandas sin mayor sustento en contra del candidato Luis Arce y de su partido, pero incluso para lograr ese propósito requieren de más tiempo, el que les llevaría los plazos procesales insalvables, en el entendido que estaría garantizada la actuación de jueces y fiscales de manera favorable a sus deseos. De ahí surge la necesidad de seguir postergando las elecciones, noviembre, diciembre, el próximo año, después de que pase la pandemia, después de que descubran la vacuna anticovid, después del juicio final o tras el fin del mundo, no les importa cuándo, pues para ellos lo menos importante son las elecciones mientras estén en el poder y manejen al país como les venga en gana.

Me queda la duda si toman en cuenta o no cómo que piensa la gente, no solo el votante “duro” del MAS, sino la mayoría de ciudadanos bolivianos, algunos que incluso apoyaron sus movilizaciones del pasado año y que, ante el desgobierno y el abuso de autoridad, ya no creen más en ellos, en sus oraciones ni en sus ayunos y quieren un gobierno serio, con respuestas serias pero además que exprese la voluntad del pueblo. La presión social no solo ha ido en aumento desde el mismo 12 de noviembre, sino que tiende a tornarse incontrolable, con una sola exigencia a esta altura de la situación: ¡elecciones ya!

En este escenario, el golpismo tiene casi todos sus caminos cerrados. Su incapacidad los llevó a derrochar el capital político reaccionario y racista que se unió contra Evo y cada vez están más solos, más lejos de la gente. Obviamente no cederán a esta presión, no les interesa el retorno de la democracia, no les preocupa la voluntad del pueblo. Por encima de todo están sus propios intereses. No debiera sorprender entonces, porque no les queda más, que decidan patear el tablero, apoyados en los fusiles y en las bayonetas y retornar a noviembre de 2019, pensando esta vez en que las cosas las hagan mejor. Parece que no tienen otra alternativa que volver a fojas cero.


* Periodista y abogado

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