agosto 11, 2020

La postergación de las elecciones es ilegal e ilegítima


Por Carlos Echazú Cortéz-.


La decisión del Tribunal Supremo Electoral (TSE) de postergar las elecciones para el 18 de octubre ha generado una andanada de protestas justificadas por parte de las organizaciones sociales, sean estas adeptas al Movimiento Al Socialismo (MAS) o no. Eso no es lo importante. Lo relevante es que legítimamente sienten que su derecho a elegir a sus gobernantes una vez más es postergado con argumentos falaces. El presidente de este ente, Salvador Romero, ha señalado que el órgano electoral no necesita de aprobación por parte de la Asamblea Legislativa porque estaría en sus competencias constitucionales el determinar asuntos electorales. Añadió que la anterior postergación, esa que difería la justa electoral del 2 de agosto al 6 de septiembre, se puso en consideración una propuesta de ley «en aras del consenso con las organizaciones políticas».

Bueno, siendo así, el hecho es que ahora existe una ley que fija las elecciones para el 6 de septiembre y no existe órgano que pueda dejar sin efecto una ley, a no ser que sea el mismo legislativo. Por esa razón, la decisión del TSE de postergar la fecha de elecciones, una vez más, es ilegal, pues va en contra de una ley.

Por otro lado, si en la anterior oportunidad en que se postergó la elección, se lo hizo buscando consenso de las organizaciones políticas, es porque se juzgó que esa determinación era tan trascendental que requería de un consenso. Se dice además que las decisiones en consenso «son robustas y legítimas». Con mayor razón, entonces, en esta oportunidad, una adicional postergación de las elecciones es un tema de mayor trascendencia, por lo que requería de mayor consenso aún. De este modo, el mismo argumento que Romero utilizó la anterior oportunidad para promover aquella postergación, hoy se vuelve contra él y permite que esta nueva prórroga sea caracterizada como «endeble e ilegítima».

La ilegalidad de la decisión del TSE se devela también en que el tema de su resolución no atañe exclusivamente asuntos electorales, por lo que no es correcto apelar a la independencia del poder electoral. La decisión tiene implicaciones que van más allá de asuntos meramente electorales, pues implican y conllevan la prorroga de un gobierno transitorio y fuertemente cuestionado en su legitimidad por amplios sectores de la población. Este es justamente uno de los asuntos de trascendencia, por los que en la anterior oportunidad se consideró conveniente buscar un consenso entre las fuerzas políticas. De este modo, se tiene entonces a un poder del Estado que, con sus determinaciones, influye en áreas que no son de su competencia. Y el caso es que no se trata de un asunto de menor importancia, puesto que se podría decir que, en rigor, todo está tan relacionado en la realidad, que cualquier decisión que tome un órgano del Estado afecta a las áreas de los otros poderes. Sin embargo, la incidencia que esta decisión tiene en todo el ámbito político es tan fundamental que distorsiona el sentido de las competencias constitucionales que se le ha atribuido a este poder del Estado.

Por último, la legitimidad que se ha buscado para sustentar la decisión del TSE es por demás mañosa, puesto que ha sido rebatida, e incluso ridiculizada, hasta el hartazgo, y, por contra argumentación no se tiene nada, absolutamente nada. El hecho es que el presunto pico más alto de la pandemia, cuya característica principal en Bolivia ha sido el perseguir a la fecha de elecciones, no tiene ningún sustento científico serio, pues todas las veces que lo han anunciado no han podido presentar un estudio concreto, a no ser referencias generales, no especificadas, de presuntos comités científicos fantasmas, a quienes nadie conoce, ni ha visto nunca. Por otro lado, en ningún momento han podido explicar porqué el acto de emitir un voto sería más riesgoso que, por ejemplo, el de ir de compras a un abarrotado mercado en el que se va de puesto en puesto intercambiando dinero con vendedores y recibiendo productos que a su vez han pasado por varias manos, hasta llegar al consumidor. Esta simple y básica constatación demuestra que el motivo que han argüido para postergar las elecciones no es más que un burdo pretexto que, en realidad, esconde motivaciones políticas, puesto que las diversas encuestas que circulan no favorecen a ninguno de los frentes golpistas y anuncian una cómoda victoria del MAS, revelando que ese es, en realidad, el verdadero motivo de las sucesivas postergaciones de las elecciones.


* Militante de la izquierda boliviana

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