agosto 11, 2020

Los guerreros y guerreras del Abya Yala

Somos guerreros y guerreras, raza de bronce que no nos doblegamos. A pesar del dolor inmenso de ver a hermanos y hermanas, víctimas de la s balas o victimas del coronavirus,  seguimos de pie.

Día que pasa, hay una nueva noticia que lacera el alma: lawfare, amenazas, cárcel, persecuciones, mentiras por doquier…

Fechas que se mueven al antojo de los golpistas, sin mayores razones que su capricho,  en el más absoluto irrespeto por la palabra empeñada,  porque la vida no les importa y la muerte es la salida que usan para prorrogarse en el poder.

Mientras tanto, son miles de familias que peregrinan por una tableta que alivie su dolor; por una cama en un hospital que les salve la vida, por un médico o médica que los guíe y los consuele en el pánico de la enfermedad desconocida, que se ensaña con los más pobres y que viene a aumentar las penurias de por si enormes de un golpe de estado.

Dos mil veinte será recordado como el año de la infamia en Bolivia. No sé de que pasta hay que estar hecho para traficar con el dolor y la muerte de gente inocente; no sé qué clase de alma pueden tener aquellos que desean el exterminio en lugar de la vida. Que a propósito siembran caminos de horror y miseria; que deliberadamente niegan salud a quienes deberían servir.

Bolivia es hoy un campo de batalla silenciosa; por un lado, está la implacable pandemia que avanza inexorablemente y por el otro, la desgracia lacerante de estar en manos de sociópatas que destilan veneno y odio por donde caminan. El odio que les corroe las entrañas, sin embargo, es un odio que se volverá contra ellos mismos, más temprano que tarde.

Nosotros, los de siempre, seguiremos y aunque, parafraseando a Neruda, ya no seremos los mismos, seremos igual. Somos y seremos, porque tenemos identidad, raíces, horizontes colectivos hacia donde caminamos, sin jamás darnos la vuelta. Somos un pueblo guerrero, pero tierno, como los ojos de las llamas y vicuñas que nos acompañan en el camino;  estamos en el sonido del pututu que llama a la guerra y en las dulces notas de nuestro charango fiestero.  Somos un pueblo que descubrió que es digno y que luchar por esa dignidad, es la lucha más hermosa y más importante.

Ellos….ellos solo tienen la muerte y la soledad de quien ha vendido su alma.

Es solo cuestión de tiempo. Hoy sufrimos, pero de estas cenizas renaceremos más fuertes e invencibles y volveremos a ser el corazón luminoso del Abya Yala, en un grito eterno de libertad.

Nosotros volveremos,  porque con nuestras manos construimos lo que ellos hoy están destruyendo,  pero olvidan nuestra enorme capacidad de rehacernos, una y mil veces.

Pronto, no falta mucho. Hasta entonces, resistencia. Resistir y resistir es la consigna. Levantar la cara, no aceptar la ofensa, no callar la ignominia y vencer al miedo.

Somos un pueblo digno y valiente, con la verdad de nuestro lado. Nosotros tenemos todas las certezas.

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