septiembre 18, 2020

De elecciones Ya! a renuncia YA!


Por Carla Espósito Guevara -.


El pasado 3 de agosto la Central Obrera Boliviana (COB) y el Pacto de Unidad anunciaron conjuntamente una movilización social por la recuperación de la democracia bajo la consiga de ¡Elecciones YA!, como respuesta a la cuarta postergación de la fecha que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) estableció.

En los seis días siguientes al inicio de las movilizaciones, estas no hicieron más que crecer. El miércoles por la noche la prensa registraba 75 puntos de bloqueo; asimismo, las redes de internet nos permitieron observar poderosas imágenes de las marchas desplegadas, entre pututos y monteras, por los Ayllus del Norte Potosí, al tiempo que otros sectores campesinos que no veíamos actuar desde las movilizaciones del 2003 se sumaban a ella, como los ponchos rojos de la provincia Omasuyos y los regantes de Cochabamba. Mientras esto ocurría la consiga del movimiento fue mutando desde el pedido de adelanto de la fecha de elecciones a la renuncia de Áñez.

¿Qué pasó en esos seis días? ¿Qué razones explican este cambio en las consigas de la movilización social? ¿Cómo podemos advertir este despliegue de fuerzas sociales en el territorio en una dimensión y actuación conjunta que no veíamos desde la década del 2000?

El primer factor que yo propondría para explicarla es que el Movimiento Al Socialismo (MAS) no estaba muerto, como muchos creyeron, y los innumerables errores de la gestión de Áñez (represión política, conculcación de libertades, violación de Derechos Humanos, masacres en Senkata y Huayllani, compra corrupta de respiradores inservibles, desviación de dinero para compras de botas militares en lugar de insumos de bioseguridad, cancelación del año escolar, cierre del Ministerio de Culturas y Deportes, paralización del aparato productivo de Estado y firma de contratos lesivos al Estado en YPFB) no hicieron más que fortalecer su base social. Los sectores subalternos volvieron a aglutinarse en  torno a la sigla del MAS y este se colocó como primera fuerza política nacional, pero también como fuerza social y de movilización.

Un segundo elemento, y que el Gobierno parece no comprender, es que paralelamente al fortalecimiento del MAS ocurre un cambio en la correlación de fuerzas sociales en relación a noviembre del 2019. El Gobierno se ha debilitado notablemente por los errores mencionados, ya no tiene masas movilizadas en las ciudades dispuestas a defenderlo; sus aliados coyunturales de octubre pasado (Camacho y Mesa) se han alejado,  ya no están dispuestos a acudir en su ayuda y más bien parecen jugar sus propias cartas.

El tercero, y quizás clave, es que la pésima gestión del gobierno de Áñez ha provocado una triple crisis: política, económica y sanitaria, que está lastimando fundamentalmente a los sectores más empobrecidos del país. Esto ha creado una acumulación de descontentos y broncas que tienen origen también en un sentimiento de maltrato presente en los sectores indígenas, pues a las crisis mencionadas se suman múltiples formas de violencia política ejercidas por el gobierno de turno, que van desde la eliminación física de sus adversarios, hasta la utilización la violencia simbólica racial.

Probablemente el mayor error del “movimiento pitita” haya sido enarbolar el retronó a la república como proyecto alternativo al del MAS, que se expresó en la quema de la wiphala, en su retiro de los símbolos patrios y en el retroceso de varias conquistas sociales indígenas. Esta arbitraria restauración del Estado republicano neocolonial y el desconocimiento del significado político del Estado Plurinacional que, más allá de sus problemas y debilidades, representa para los sectores indígenas y campesinos la posibilidad de ser reconocidos e integrados a un Estado que históricamente los ha excluido, actúa hoy como un poderoso catalizador de la movilización actual.

La restauración republicana, es cotidianamente acompañada por lacerantes formas de discriminación social protagonizadas por los sectores urbanos, quienes menosprecian a los campesinos e indígenas y utilizan el racismo como arma política. Las expresiones de racismo utilizadas encasillan a los indígenas en un estado de animalidad y salvajismo que les retira su condición ciudadana, excluyéndolos de participar en un pacto social, a no ser de forma subordinada.

El intento unilateral de disolver el pacto social que sostuvo los equilibrios políticos de la última década, ha sido capitalizado por el histórico dirigente campesino Felipe Quispe, quien reaparece en la escena política con un discurso que tiene la capacidad de interpelar y movilizar al sector campesino, logrando nuevamente su unificación. Quispe es quien proyecta la consigna democrática más allá del tema electoral propuesto por el MAS y pone nuevamente en el debate el racismo, el Estado colonial y  la lucha por la soberanía. Áñez  representa la regresión política en marcha, ahí radica el significado político del pedido de su renuncia propuesto por el Mallku, que tan fácilmente ha cundido entre los sectores movilizados.

Es difícil saber en ese momento cual será el desenlace del conflicto, lo que sí puedo decir es que está enviando un mensaje político fundamental. Es un llamado desesperado por la recuperación de la democracia, pero desde abajo, no en su sentido restringido como voto o como alternancia, sino en uno más amplio, como participación política, como igualdad, como derechos sociales adquiridos, como autodeterminación. Ojalá quienes hoy ocupan la silla presidencial puedan interpretar esto y no recurran más bien al extravío de una salida violenta y su sofocamiento en sangre. La historia los juzgar por las decisiones que tomen hoy.

Be the first to comment

Deja un comentario